América

Nuestros Pequeños Hermanos (NPH): niños con presente, futuro para todos

| 20/09/2026 - 00:49

  • La entidad, fundada en 1954 por el sacerdote estadounidense William Wasson, impulsa hogares infantiles en nueve países de América Latina
  • En Haití, un brutal ataque de una banda en la región de Kenscoff, donde llevan décadas instalados, dejó 47 asesinados y varios secuestrados
  • Reportaje completo solo para suscriptores





En 1953, el estadounidense William Wasson, que quiso forjar su vocación sacerdotal en México como misionero, recibió la ordenación presbiterial y se encarnó plenamente en una parroquia en Cuernavaca. Al año siguiente, un niño fue arrestado por robar limosna de su iglesia.



Impactado por la historia, fue a verle a la cárcel y ahí, al tener la oportunidad de hablar con él, supo que no le había movido ninguna mala fe, sino que la causa era más profunda: “Tenía hambre”.

Creó la ONG tras la petición de un juez

Conmovido, Wasson no solo no le denunció, sino que solicitó su custodia. El juez, agradecido por su gesto aceptó su petición y le propuso que acogiera a otros niños cuya situación de vulnerabilidad era grave. Fue entonces cuando el sacerdote quiso ofrecer una respuesta estructural y fundó una ONG a la que llamó Nuestros Pequeños Hermanos (NPH).

De esa semilla brotó una potente entidad internacional que hoy está presente en nueve países de toda América Latina: México, Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, República Dominicana, Perú, Bolivia y Haití. Hoy como ayer, sus principales destinatarios son los niños, a los que se busca ofrecer en sus hogares una educación, una salud y una alimentación de calidad.

En el caso de Haití, su presencia es más que significativa. Y es que hablamos del país más pobre de todo el continente americano. Y, además, desde hace años, está inmerso en la dolorosa noche oscura de una violencia desatada, con buena parte del territorio nacional en manos de las bandas criminales y con un Estado prácticamente inexistente.

Ellos mismos han visto el horror con sus propios ojos

Tristemente, como han experimentado la mayoría de entidades civiles y comunidades religiosas que están presentes en esa compleja realidad, ellos mismos han visto el horror con sus propios ojos. El último y doloroso episodio lo vivieron en la región de Kenscoff, en las montañas próximas a Puerto Príncipe, la capital, donde acompañan a muchos menores y a sus familias.

Fue durante la noche del 23 al 24 de agosto, cuando hombres armados atacaron varias localidades de la zona. El balance fue devastador, con 47 asesinados (incluidos cinco niños) y decenas de secuestrados. Algunas de las víctimas trataron de refugiarse en una iglesia, pero nada frenó a los asaltantes, que, antes de irse, incendiaron varios hogares.

Nuestros Pequeños Hermanos en Haití. Foto: NPH

El impacto fue tal que NPH, que lleva en Haití más de 35 años, se vio obligado a plantearse su histórica presencia en Kenscoff, donde su Hogar St. Hélène, ubicado en esta zona montañosa, ha sido la gran referencia para muchos. Y eso que ya llovía sobre mojado, pues ya el año pasado se vieron obligados a trasladar a 268 niños de la zona a otros hogares con los que cuentan en Puerto Príncipe.

Aquellos 268 chicos y chicas viven en espacios seguros

Como reconocen en la entidad, “fue una decisión difícil, pues Kenscoff había sido durante décadas el hogar de generaciones de niños y jóvenes vinculados a NPH”. Con todo, lo ocurrido en agosto les demostró que habían hecho lo correcto, pues, “hoy, aquellos 268 chicos y chicas viven en espacios seguros, con acceso a alojamiento, alimentación, educación y atención sanitaria”.

Dos de los referentes de NPH en Haití, y concretamente en Kenscoff, son el sacerdote Rick Frechette, pasionista de Estados Unidos que lleva varias décadas como misionero en el país caribeño, y la religiosa irlandesa Gena Heraty, que también lleva muchos años entre los haitianos y que, en la organización fundada por Wasson, dirige el programa de menores y jóvenes con discapacidad. Además, ella misma fue una de las secuestradas en agosto (junto a otros siete compañeros del grupo), siendo liberada días después.

En declaraciones a Vida Nueva a través de los compañeros de NPH, Heraty recuerda lo vivido ese día atroz: “Familias huyeron y familias sangraron. Los pies descalzos de los niños sangraron. Los padres agotados sangraron”.

Dejar atrás su hogar conlleva “perder todos sus medios de vida”

Lo peor es que, varias semanas después, la situación no ha mejorado… Al contario: “Los que han sido expulsados de su comunidad no tienen dónde ir”. Siendo en su mayoría agricultores, tener que dejar atrás su hogar también supone “perder todos sus medios de vida”.

Pero, pese a haber sufrido las consecuencias de los ataques, no se plantean reducir su presencia en la región. Al revés, solo piensan en “reforzarla, pues nuestro trabajo es aún más urgente”. “Estamos convencidos de que estamos donde tenemos que estar”, remacha.

Rick Frechette, misionero en Haití con NPH. Foto: NPH

Por su parte, Frechette, que además de sacerdote es médico, reclama a los medios que no se hable de Haití “como una nación que se está destruyendo a sí misma”. Al contrario, defiende que se tenga siempre en cuenta una realidad mucho más profunda: “El hecho es que 13 millones de personas sencillas y trabajadoras están siendo tomadas como rehenes por unas bandas armadas”.

“Necesitan la ayuda de la comunidad internacional”

Como enfatiza, “la gente de Haití no puede hacer frente sola a los grupos terroristas. Necesita la ayuda de la comunidad internacional”. Algo que pasa por no desviar la mirada cuando el país caribeño sufre un “tráfico de armas, drogas y personas” organizado en buena parte por “redes criminales” y que “trasciende las propias fronteras haitianas”.

Xavier Adsarà, director de la Fundación NPH España, es un conocedor directo de su acción en Haití, pues ha viajado en numerosas ocasiones al país. De ahí su insistencia en que, pese a todo, hay que mantenerse allí: “Cuando una crisis se prolonga durante años, existe el riesgo de pensar que apoyar a un país como este es invertir en un problema sin solución. Pero no podemos aceptar este planteamiento”.

Y es que “la cooperación también consiste en proteger derechos y mantener servicios esenciales mientras las condiciones para construir un futuro mejor no están garantizadas”.

Etiquetas: Iglesia en Haití
Noticias relacionadas