El nuevo observador permanente de la Santa Sede advierte de que el odio “envenena el debate público, alimenta las divisiones y demasiado a menudo prepara el terreno para la violencia y la persecución”
Una imagen de la asamblea general de la ONU. Foto: Archivo
“Desarmando las palabras, se dan los primeros pasos para tejer el tejido de la paz social y promover una cultura del diálogo, de la tolerancia y del respeto de las diferencias”. Así se ha estrenado ante Naciones Unidas el nuevo observador permanente de la Santa Sede, Christophe-Zakhia El-Kassis.
El arzobispo de origen libanés ha intervenido este 17 de septiembre en Nueva York en la Conferencia Mundial sobre la Promoción del Diálogo Interreligioso e Intercultural y la Tolerancia en la Lucha contra la Incitación al Odio, apenas un día después de presentar su carta de nombramiento al secretario general de la ONU, António Guterres.
Durante su intervención, El-Kassis ha recuperado la advertencia de León XIV en ‘Magnifica humanitas’: “El primer aporte que podemos hacer a una civilización más humana es prestar atención a nuestras palabras”. “Las palabras tienen un poder enorme, algo que experimentamos en nuestras interacciones cotidianas”, ha recordado.
La conferencia, organizada por el Reino de Marruecos, la Oficina de las Naciones Unidas para la Prevención del Genocidio y la Responsabilidad de Proteger y la Alianza de Civilizaciones de Naciones Unidas, ha servido al representante vaticano para reclamar el rechazo de cualquier forma de intolerancia y discriminación.
“Toda persona humana ha sido creada a imagen y semejanza de Dios y posee una dignidad inviolable que ninguna ideología de odio o expresión de desprecio puede disminuir”, ha afirmado. De esta convicción, ha añadido, nace “el imperativo moral de rechazar toda forma de intolerancia, discriminación e incitación al odio que hiere a la familia humana y socava las condiciones para una convivencia pacífica”.
El-Kassis ha advertido especialmente de las consecuencias que puede tener el discurso de odio cuando entra en el debate público. “La incitación al odio —ya sea dirigida contra individuos o comunidades por razón de su religión, etnia, nacionalidad o cualquier otra característica— contradice el mandamiento de amar al prójimo, envenena el debate público, alimenta las divisiones y demasiado a menudo prepara el terreno para la violencia y la persecución”.
El representante de la Santa Sede ha defendido también que la tolerancia no puede entenderse simplemente como indiferencia ante las convicciones ajenas. “La verdadera tolerancia no es indiferencia ni relativismo. Es el reconocimiento activo de la igual dignidad de cada persona y de la libertad de conciencia que corresponde a cada uno”.
Para ello, ha señalado, son necesarios “el esfuerzo paciente del diálogo, la comprensión recíproca y el rechazo de los estereotipos”. En este sentido, ha recordado que la Santa Sede considera el diálogo interreligioso e intercultural “un camino esencial para superar los prejuicios” y favorecer la convivencia.
El-Kassis ha dedicado además parte de su discurso a la relación entre estos límites y la libertad de expresión. “La libertad de expresión es un derecho fundamental que debe ser protegido. Sin embargo, esta libertad comporta responsabilidades correspondientes”, ha explicado.
Por ello, ha concluido que “un discurso que incite deliberadamente al odio o a la violencia no puede reivindicar la protección de la libertad; al contrario, socava las propias condiciones en las que la verdadera libertad puede prosperar”.