Red Clamor, preocupada por estigmatización de migrantes venezolanos tras medidas del presidente de Colombia

Las organizaciones eclesiales piden a Abelardo de La Espriella “adecuar” sus políticas migratorias a los estándares internacionales de Derechos Humanos

Migrantes venezolanos
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Abelardo de la Espirella, nuevo presidente de Colombia, ha anunciado la expulsión masiva de migrantes en situación irregular en el país y con órdenes judiciales por delitos.



Aunque las organizaciones eclesiales que conforman la Red de migración, trata, refugio y desplazamiento “Clamor” respetan esta medida, han señalado que debe evitarse a toda costa la estigmatización de toda la población venezolana en este país.

Han rechazado categóricamente la forma “equívoca, despectiva, estigmatizante, deshumanizante y jurídicamente incorrecta el rótulo de ilegales”. Hay muchos lazos históricos que unen a Colombia y Venezuela

Además de generalizar “la estigmatización y las amenazas de expulsión reducen el drama humano de millones de personas” inocentes, que no pueden convertirse en simples estadísticas o chivos expiatorios políticos, olvidando que cada rostro migrante refleja el rostro de Cristo sufriente.

Migrantes venezolanos

Migrantes venezolanos. Foto: EFE

Plan de regularización

Los integrantes de Clamor han pedido al Presidente de Colombia “adecuar sus políticas migratorias a los estándares internacionales de Derechos Humanos, respetando los compromisos adquiridos en los que se garantiza el debido proceso”.

No pueden pagar justos por pecadores, el acceso a la justicia y la no devolución son derechos fundamentales de quienes han abandonado su tierra por no encontrar condiciones dignas.

Por ello, han propuesto impulsar un plan de regularización que “reconozca la realidad de millones de personas que aportan actualmente a la economía y cultura de nuestro país”.

Recordaron que el Papa León XIV ha señalado que la migración es un fenómeno complejo que “exige respuestas humanas y estructurales”.

La movilidad humana no puede gestionarse desde la indiferencia ni bajo lógicas de descarte, de hecho, “amenazar con expulsiones masivas no solo fractura el tejido social, sino que configura un acto de injusticia estructural que atenta contra la fraternidad universal”.

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