La Santa Sede ha ido desmontando buena parte del protocolo previsto por el Elíseo para la visita del Papa, que quiere presentarse ante todo como un viaje pastoral a una Iglesia que sorprende a Roma por el auge de nuevos bautizados
León XIV posa en el vaticano con Emmanuel Macron. Foto: Vatican Media
Emmanuel Macron quería unos minutos a solas con León XIV en Notre-Dame. No para asistir a las Vísperas del próximo 25 de septiembre, sino para acompañar al Papa por el interior de una catedral cuya reconstrucción ha financiado el Estado francés. La petición llegó a Roma por los cauces diplomáticos, pero la respuesta de la Secretaría de Estado ha sido un no.
La negativa resume bastante bien una tensión que ha acompañado la preparación del viaje de León XIV a Francia. Mientras el Elíseo aspiraba a recibir a un jefe de Estado con todo el aparato propio de una visita oficial, el Vaticano ha ido retirando uno a uno algunos de esos elementos para insistir en que el Papa no viaja a Francia como jefe del Estado vaticano, sino como pastor de la Iglesia católica.
La visita, prevista entre el 25 y el 28 de septiembre, pasará por París, Lourdes y Metz y llega después de las multitudinarias celebraciones que acompañaron a León XIV en Madrid el pasado junio.
Tal como recoge La Croix en una investigación realizada ante la próxima visita del pontífice, uno de los desencuentros más significativos se ha producido precisamente alrededor de Notre-Dame. León XIV entrará en la catedral parisina la tarde del 25 de septiembre para presidir las Vísperas, pero no está previsto que Macron participe en la celebración.
El presidente francés había solicitado encontrarse discretamente con él antes o después de la liturgia para mostrarle personalmente el resultado de las obras de reconstrucción, pero Roma rechazó la propuesta. Desde la Secretaría de Estado se han alegado razones prácticas: una agenda especialmente ajustada y la voluntad de que Notre-Dame pueda volver a abrirse a los fieles inmediatamente después de las Vísperas.
Pero en ambientes vaticanos también han circulado otras explicaciones, desde las diferencias por la legislación francesa sobre el final de la vida hasta el deseo de evitar una imagen parecida a la reapertura de la catedral en diciembre de 2024, considerada en Roma excesivamente marcada por el protagonismo del Elíseo.
Para el Vaticano, las Vísperas no constituyen una visita institucional a un monumento propiedad del Estado. Son una celebración religiosa. “El presidente no pedía nada extravagante, sino algo propio de otro tipo de viaje”, ha explicado una fuente vaticana, que reconoce al mismo tiempo el “genuino compromiso” de Macron para que la visita salga adelante.
Notre-Dame no ha sido la única cuestión. La recepción militar prevista inicialmente para el 25 de septiembre también será más discreta de lo habitual. La Santa Sede ha indicado que León XIV no desea un despliegue excesivo de la Guardia Republicana y los tambores militares.
El Elíseo propuso además concederle la Gran Cruz de la Legión de Honor, la máxima distinción francesa. Roma declinó la condecoración. Tampoco habrá cena ni almuerzo de Estado. El Papa comerá y dormirá en la Nunciatura Apostólica de París.
Si Roma ha querido marcar distancias con el envoltorio político del viaje, León XIV parece especialmente interesado en lo que está sucediendo dentro de la Iglesia francesa. Y es que, durante décadas, Francia ha sido observada desde el Vaticano como una especie de advertencia de lo que podía suceder con la secularización: caída de la práctica religiosa, envejecimiento de las comunidades y pérdida de presencia social.
El mismo proceso alcanzó a España, Irlanda, Polonia o diferentes países de Latinoamérica. Y Francia dejó de parecer una excepción para convertirse, en cierta manera, en un laboratorio adelantado de lo que empezaba a suceder en otros lugares. Ahora, cuando los obispos franceses llegan a Roma, la pregunta ha cambiado, ya que cada vez más jóvenes solicitan el bautismo.
En 2026, más de 20.000 adultos y adolescentes fueron bautizados durante la Pascua en Francia. El anterior presidente del episcopado, Éric de Moulins-Beaufort, se lo resumió así al Papa: “La única certeza sobre los catecúmenos es que nosotros no tenemos nada que ver con ello”.
León XIV quiere entender precisamente qué está ocurriendo. Qué lleva a personas jóvenes a acercarse a la fe en uno de los países más secularizados de Europa y qué puede decir esa experiencia a otras Iglesias que atraviesan ahora dificultades parecidas.
Uno de los principales responsables de que el viaje se haya hecho realidad es el cardenal Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella y actual presidente de la Conferencia Episcopal Francesa.
La misma noche del 8 de mayo de 2025, después de la elección de Robert Francis Prevost, le hizo saber que esperaba verlo regresar a Francia, esta vez como Papa. Ambos se conocían ya: Prevost había participado junto a Francisco en los Encuentros Mediterráneos de Marsella y Aveline había formado parte del Dicasterio para los Obispos durante la etapa en la que el futuro León XIV lo dirigía. La invitación institucional llegó pocos días después de manos de Moulins-Beaufort, entonces todavía presidente de los obispos franceses.
Durante meses se barajaron diferentes destinos: Lourdes, Lisieux, Paray-le-Monial e incluso Saint-Étienne-du-Rouvray, donde el sacerdote Jacques Hamel fue asesinado en 2016. El viaje estuvo incluso cerca de desaparecer de la agenda. Pero volvió a tomar fuerza a finales de 2025 y terminó encontrando hueco después de que la Santa Sede descartara una visita a Estados Unidos en 2026.
León XIV permanecerá en Lourdes unas 36 horas, pasando dos noches en el santuario. Rezará en la gruta, presidirá la misa dominical y participará en la tradicional procesión de las antorchas. El Papa conoce ya Lourdes. La visitó por primera vez con 19 años y regresó una década después, cuando era un joven sacerdote. Ahora, como pontífice, recibirá allí de forma privada a siete víctimas de abusos sexuales en la Iglesia.
La visita se producirá en un santuario donde su obispo, Jean-Marc Micas, ha decidido mantener cubiertos para la ocasión los mosaicos realizados por Marko Rupnik, el exjesuita acusado de abusos sexuales, psicológicos y espirituales por numerosas mujeres y cuyo proceso continúa en Roma.
La etapa parisina tendrá, en cambio, algunas de las imágenes más multitudinarias del viaje. Después del éxito de la visita de León XIV a Madrid, la Iglesia francesa decidió elevar sus previsiones. La vigilia juvenil ha sido diseñada para reunir a 80.000 jóvenes en el Stade de France.
También habrá una gran misa en París cuya ubicación provocó largas conversaciones entre Iglesia, autoridades y servicios de seguridad. Entre las posibilidades estuvieron Longchamp y el Campo de Marte, pero finalmente se ha optado por un espacio especialmente simbólico: la plaza de la Concordia y los Campos Elíseos.