Cono Sur

Obispos chilenos llaman a reconstruir la paz social y sanar las heridas

| 11/09/2026 - 18:29

En el 53° aniversario del golpe militar reiteran que la Iglesia no cesará en su compromiso de acompañamiento y búsqueda de verdad





“El 11 de septiembre es una fecha que suscita divisiones y opiniones encontradas. Sigue presente en nuestra historia y continúa siendo motivo de dolor. Los acontecimientos que lo precedieron y los que le siguieron, marcados por el sufrimiento, la violencia y la muerte, testimonian a lo que conducen las visiones extremas y la fractura de la convivencia nacional”, afirman los obispos del Comité Permanente del Episcopado chileno en su mensaje “Para construir paz y esperanza: verdad, justicia y reconciliación”, entregado hoy, en el 53° aniversario del golpe militar liderado por el general del ejército Augusto Pinochet.



Mirar el futuro desde el entendimiento

A continuación, levantan la mirada: “En Chile estamos llamados a mirar el futuro desde la capacidad de entendimiento, propia de una nación con mayores lazos de unidad que motivos de división. La legítima diversidad de miradas no impida reconocer nuestra común pertenencia a la Patria, ni debilitar la voluntad de trabajar juntos por el bien común”.

“Es necesario mantener cercanía sincera y misericordiosa con quienes fueron víctimas de gravísimas violaciones a los derechos humanos, quienes padecieron la muerte o desaparición forzada de seres queridos, y muy especialmente con las familias de los detenidos desaparecidos. La Iglesia no cesará en su compromiso de acompañamiento y la búsqueda de verdad”, expresan los prelados ante la abnegada persistencia de esas familias que continúan en su búsqueda.

El centro del mensaje es el llamado de los obispos. “Para reconstruir la paz social y sanar las heridas del alma nacional, estimamos necesario cultivar con decisión y perseverancia”:

  • Verdad sobre lo ocurrido: La sociedad necesita conocer los hechos con claridad, honrar la memoria de las víctimas y rechazar la manipulación del pasado. El conocimiento pleno de la verdad no busca alimentar revanchismos, sino erigirse en el fundamento ético indispensable para impedir la repetición de abusos y atropellos.
  • Justicia: No puede consolidarse reconciliación auténtica allí donde persista la sensación o la realidad de la impunidad. La justicia debe aplicarse con rigor e imparcialidad para restablecer el orden moral quebrantado, actuando con rectitud y sin dar cabida al odio ni a la venganza.

Los obispos chilenos emitieron un mensaje en el 53º aniversario de del golpe militar: “Para construir paz y esperanza: verdad, justicia y reconciliación”

Respeto y compasión

  • Reconocimiento del sufrimiento de todos: Sin equiparar responsabilidades éticas ni jurídicas, ni relativizar los hechos históricos, la sociedad en su conjunto debe acoger con respeto y compasión el dolor de quienes sufrieron violencia, persecución, prisión, exilio y la pérdida irreparable de familiares.
  • Perdón y arrepentimiento: El perdón es una de las mayores contribuciones cristianas a la convivencia humana. Perdonar no equivale a justificar el mal cometido ni a exigir el olvido. Significa negarse a convertir el pasado en una cadena perpetua de odio; lo que también requiere apertura al sincero arrepentimiento, reparar el mal y aportar a la verdad. Como insistía San Juan Pablo II: «No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón» (Mensaje para la XXXV Jornada Mundial de la Paz, 2002).
  • Renuncia a las visiones absolutas: Los más graves conflictos se desatan cuando los compatriotas dejan de respetarse y pasan a tratarse como enemigos. Ello no supone relativizar la dignidad de las personas, ni justificar los atropellos a los derechos humanos; sino favorecer una comprensión que permita aprender del pasado y evitar se produzcan divisiones que vuelvan al enfrentamiento entre hermanos.
  • Instituciones confiables y democráticas: La paz duradera necesita el fortalecimiento del Estado de derecho y sus instituciones: tribunales independientes e imparciales, leyes respetadas por todos, autoridades legitimadas, seguridad pública y procedimientos democráticos dotados de contrapesos para resolver los desacuerdos.
  • Una memoria que una: Llegar a una memoria compartida, debe ser un llamado ético a sanar, más que a prolongar los enfrentamientos de ayer y transmitirlos a las nuevas generaciones. Que el dolor nos enseñe a convivir en paz y a cuidar juntos la dignidad de todos.
  • Un proyecto común de futuro: Los pueblos se reconcilian verdaderamente cuando enfrentan juntos grandes desafíos del bien común: superar la pobreza y la marginación, proteger a los más vulnerables, educar a la juventud, recuperar la seguridad, generar trabajo digno y robustecer a las familias y comunidades”.

Cada persona tenga un lugar digno y respetado

Los obispos concluyen señalando que las discrepancias “se encaucen en una amistad cívica sólida: quien piensa distinto no deja por ello ser miembro de la comunidad”.

E insisten en que la paz “no consiste en olvidar el pasado, sino en asumirlo sin quedar prisioneros de él. Aplicado a una nación que ha vivido profundas divisiones significa: verdad sin odio, justicia sin venganza, memoria sin resentimiento, perdón sin olvido y futuro sin exclusiones”.

Concluye el mensaje del Comité Permanente pidiendo que “miremos con fundada esperanza aquello que nos une. Trabajemos juntos por nuestra nación, donde cada persona tenga un lugar digno y respetado. Que las legítimas diferencias no deriven en enemistad y que el amor a Chile nos impulse a construir una sociedad más justa, fraterna y reconciliada”.

Cierran pidiendo a la Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile, nos cubra con su manto maternal, consuele a quienes han sufrido y aún sufren, e inspire en todos nosotros la vocación de reconocernos y tratarnos siempre como hermanos”.

Firman el mensaje los cinco obispos del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile.

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