El cardenal Semeraro recuerda que “la santidad no se agota en las canonizaciones” y defiende un catálogo que recoja a quienes han “derramado su sangre por confesar a Cristo y dar testimonio del Evangelio”
No todos los mártires acabarán en los altares. Consciente de ello, el Vaticano se ha propuesto recuperar y documentar la memoria de los cristianos que han muerto por su fe, aunque nunca lleguen a abrirse para ellos procesos de beatificación o canonización.
Así lo ha explicado este jueves el prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos, el cardenal Marcello Semeraro, durante la presentación del congreso ‘El siglo XXI: ¿un nuevo tiempo de mártires?’, que se celebrará el próximo 15 de septiembre en el Augustinianum de Roma.
El encuentro se enmarca en los trabajos de la Comisión Nuevos Mártires-Testigos de la Fe, creada por Francisco dentro del Dicasterio con el objetivo de elaborar un catálogo de “todos aquellos que han derramado su sangre por confesar a Cristo y dar testimonio del Evangelio”. Una misión que, según Semeraro, amplía de hecho el trabajo tradicional del organismo vaticano, habitualmente centrado en las causas de beatificación y canonización.
El cardenal ha señalado tres claves para entender el trabajo de la Comisión. La primera pasa precisamente por ampliar la mirada sobre la santidad. “La gracia de la santidad en la Iglesia está significada, pero no se agota en las canonizaciones”, ha afirmado.
Eso no impide que, si se cumplen las condiciones necesarias, alguno de los nombres incluidos en el catálogo pueda terminar siendo objeto de una causa formal. Pero ese no es el objetivo principal. Lo que se busca, explica Semeraro, es mostrar también esa “medida alta de la vida cristiana ordinaria” de la que hablaba Juan Pablo II y la “santidad de la puerta de al lado” reivindicada posteriormente por Francisco.
El segundo elemento que ha destacado el prefecto es el valor antropológico del martirio. Para explicarlo ha recurrido a Benedicto XVI y a Spe salvi, donde el Papa alemán vinculaba directamente la capacidad de sufrir por la verdad y la justicia con aquello que hace verdaderamente humano al ser humano.
“Sufrir con el otro, por los otros; sufrir por amor a la verdad y a la justicia; sufrir a causa del amor y para convertirse en una persona que ama verdaderamente” son, citó Semeraro, “elementos fundamentales de humanidad”. “Necesitamos testigos, mártires, que se han entregado totalmente”, recoge el texto citado por el cardenal, también para aprender a “preferir, incluso en las pequeñas alternativas de la vida cotidiana, el bien a la comodidad”.
La tercera clave es ecuménica. Y es que el Vaticano quiere que la memoria de los nuevos mártires no quede restringida únicamente a los católicos. La iniciativa recupera una intuición impulsada ya por Juan Pablo II: que la sangre derramada por Cristo constituye uno de los lugares donde la unidad entre los cristianos ya existe, incluso antes de alcanzar una plena comunión entre las Iglesias.
Semeraro ha recordado las palabras de Ut unum sint, en las que Juan Pablo II afirmaba que “nosotros, los cristianos, ya tenemos un martirologio común”. Ese martirologio, añadía, muestra cómo Dios mantiene entre los bautizados una comunión que llega hasta “la exigencia suprema de la fe, manifestada con el sacrificio de la vida”.
También Francisco quiso mantener expresamente esta dimensión cuando instituyó la Comisión de Nuevos Mártires dentro del Dicasterio de las Causas de los Santos. El objetivo es que, junto a los mártires oficialmente reconocidos por la Iglesia, puedan conservarse también testimonios documentados de otros cristianos que han pagado con su vida la fidelidad al Evangelio.