El Papa recibe a los prelados nombrados en el último año en el marco del curso de formación inicial
León XIV, en el curso de formación para los nuevos obispos. Foto: Vatican Media
‘Obispos, servidores de la comunión en la Iglesia y en el mundo de hoy’. Bajo este título se reúnen en el Vaticano esta semana los 147 obispos novatos, aquellos nombrados en el último año, para el curso de formación inicial organizado por los dicasterios para los Obispos, para las Iglesias Orientales y para la Evangelización —Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares—. Esta mañana, en el Aula del Sínodo, el papa León XIV les ha dirigido unas palabras, ofreciéndoles 5 recetas para su ministerio.
Antes de comenzar su intervención, el Pontífice ha ofrecido una oración por el eterno descanso del padre del pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, el cardenal Luis Antonio Tagle, recientemente fallecido.
“Han vivido una experiencia única de fraternidad: juntos han escuchado, orado, celebrado la Eucaristía y compartido las esperanzas y los sueños que guardan en sus corazones para las Iglesias que el Señor les ha confiado como pastores. Todo esto les ayudará a recordar algo muy sencillo y valioso: ningún obispo camina solo“, ha indicado Robert Francis Prevost a los pastores que llevan la ‘L’ en la espalda, entre los que esta vez no hay ningún español.
Y el Papa agustino ha continuado: “Sepan que están en mis oraciones, y con ustedes sus Iglesias: sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas, seminaristas, familias, jóvenes, ancianos, pobres, quienes sufren y quienes aún esperan experimentar la alegría del Evangelio. Todos deben encontrar un lugar en el corazón del obispo, porque todos ya tienen un lugar en el corazón de Cristo”.
En su exposición, el primer Pontífice norteamericano de la historia les ha dado las 5 recomendaciones para su día a día en su nuevo servicio:
“Entre las muchas cosas a las que serán llamados como obispos, esta es la más importante. Somos obispos, pero ante todo somos discípulos. Para hablar de Él, necesitamos estar con Él; para guiar a su pueblo, debemos dejarnos guiar por Él cada día, todos los días. Por lo tanto, valoren siempre su tiempo con el Señor: la Eucaristía, la Palabra de Dios, la oración y esos momentos en los que pueden estar en su presencia con el corazón sencillo de un discípulo que se deja amar por su Señor. Nuestro ministerio nace de ahí. Y cuando nuestros corazones permanecen cerca de Él, nuestro servicio también se vuelve más sereno, más libre, más fructífero”, ha dicho Prevost.
“El obispo es un hombre que aprende cada día más a amar a su pueblo: a conocer sus alegrías y tristezas, a compartir sus sueños, a alegrarse al ver crecer sus comunidades. Ordenarás sacerdotes y diáconos, conocerás a jóvenes llenos de entusiasmo, verás la generosidad silenciosa de tantos religiosos y religiosas, misioneros, catequistas y familias, y descubrirás cada vez más la belleza del Pueblo de Dios. Ama al pueblo que el Señor te ha confiado. Aprende sus nombres, escucha sus historias, entra en sus hogares cuando puedas, ora con ellos. Especialmente en las Iglesias jóvenes, la presencia del obispo suele decir mucho, incluso antes que sus palabras. Una visita, una bendición, el tiempo dedicado a un sacerdote, escuchar a una familia, hablar con un joven: son pequeños gestos, pero pueden permanecer en el alma de una persona para siempre”, ha remarcado León XIV.
“No se trata simplemente de tener muchas responsabilidades, sino de algo más profundo: llevar a la propia gente en el corazón. Así, la Iglesia a la que has sido enviado se convierte cada vez más en parte de tu vida, casi en parte de ti mismo. Esto es precisamente lo que significa la paternidad episcopal: tener un alma grande, lo suficientemente grande como para acoger a todos, llevar a los hijos dentro de uno mismo y presentarlos cada día al Señor en oración”, ha señalado el Papa, para luego, parafraseando a Francisco, desear que, “a través de nuestra presencia, la gente sienta algo de la ternura y la paternidad de Dios”.
“Que encuentren en cada uno de ustedes un padre y un hermano. Escúchenlos, anímenlos, oren por ellos, alégrense por el bien que hacen y acompáñenlos con confianza en su ministerio. Presten especial atención a los ancianos y a los enfermos. Háganles saber que son valiosos, que la Iglesia les está agradecida y que el obispo no los olvida. A veces, una llamada, una visita, una palabra cariñosa de su parte es suficiente”, ha detallado León XIV.
“Nuestra predicación es un acto de amor, al igual que la escucha, la oración, el discernimiento, el tiempo dedicado a las personas y nuestra presencia. Es caridad pastoral, que permite a Cristo Pastor llegar a las personas que ama a través de nuestra persona humilde”, ha indicado el Pontífice.
León XIV, en el curso de formación para los nuevos obispos. Foto: Vatican Media
Más allá de estas recomendaciones, León XIV ha insistido también a los pastores más novatos de la Iglesia que ellos son los primeros enviados a proclamar el Evangelio de la salvación a todos. “Con la encíclica ‘Magnifica humanitas’, creo haber ofrecido, ante todo a los pastores, una visión y un método para afrontar el gran reto de proteger a la humanidad en la era de la inteligencia artificial. Los animo a promover caminos de reflexión y diálogo en sus diócesis, a formar y apoyar a quienes deseen comprometerse al servicio de la civilización del amor”, ha puntualizado.
También al término de su alocución les ha invitado a mantener un corazón misionero: “Es un don precioso que el Señor ha puesto en sus manos y que puede crecer aún más en su ministerio episcopal. El obispo misionero tiene un corazón abierto a todos: no solo a quienes asisten a nuestras parroquias, sino también a cristianos de otras denominaciones, a creyentes de otras religiones, a quienes no profesan ninguna fe, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Escucha y respeta a todos, se acerca a cada persona y sabe reconocer la bondad presente en su corazón”.
Y antes de despedirse, un encargo final: “Caminemos con nuestro pueblo: oremos con ellos, escuchemos la Palabra con ellos, celebremos la Eucaristía con ellos. Busquemos el rostro del Señor con ellos cada día”.