Entrevistas

Clara Rodríguez González: “No necesitamos jóvenes que vivan una fe cómoda”

| 05/09/2026 - 17:41

‘Vida Nueva’ conversa con la nueva presidenta de la Juventud Estudiante Católica (JEC)





Clara Rodríguez González, de 24 años y graduada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, es la nueva presidenta de la Juventud Estudiante Católica (JEC). El movimiento de la acción católica especializada renovó a final de julio, por unanimidad, su equipo permanente al concluir su 40ª Asamblea General, celebrada en San pedro del Pinatar (Murcia), centrada en los desafíos que afrontan hoy los jóvenes, desde la salud mental hasta el impacto de las redes sociales y la desinformación, pasando por el consumo responsable, el sentido del estudio, la vocación o la espiritualidad que sostiene el compromiso cristiano.



Cerca de setenta jóvenes procedentes de ocho diócesis participaron en el encuentro, celebrado bajo el lema ‘Luces, juicios y acción: levántate y cambia’. La joven de Plasencia, que milita en la JEC desde los 14, estará acompañada los próximos tres años por Paula Gázquez Díez, que asumirá la Secretaría y la Economía, y Diego Antonio Pí Arteaga, que será el responsable de Comunicación. Cogen así el testigo de Rubén Serrano, Julia Monrobel y Raquel Mena.

“Mi camino de fe comenzó en mi parroquia y fue allí donde conocí la JEC. Llegué buscando un lugar donde compartir lo que vivía, hacerme preguntas y crecer junto a otros jóvenes. Lo que encontré fue mucho más que un movimiento: encontré una comunidad donde me sentía escuchada, acogida y donde descubrí que la fe podía vivirse desde la realidad”, afirma en esta entrevista con ‘Vida Nueva’.

Asimismo, insiste en que “la JEC no me enseñó qué pensar; me enseñó a mirar la realidad con los ojos de Jesús, a leer los signos de los tiempos y a preguntarme qué podía hacer para transformarla. Ahí comprendí que seguir a Jesús no consiste en vivir de espaldas al mundo, sino en implicarse en él. Esa experiencia marcó mi forma de entender la fe y también mi manera de estar en la sociedad”.

PREGUNTA.- ¿Cómo acoge este encargo que le hacen sus compañeros?

RESPUESTA.- Lo vivo con mucha ilusión, pero sobre todo con mucha responsabilidad. No lo entiendo como un reconocimiento personal, sino como la confianza que el movimiento ha depositado en un equipo para asumir un servicio. Tengo la suerte de compartir este camino con Paula y Diego. Los tres hemos recorrido caminos distintos dentro de la JEC, pero compartimos una misma manera de entender el movimiento.

Esa forma de mirar nace de la experiencia de la militancia, del trabajo en comunidad y del convencimiento de que el Evangelio solo cobra sentido cuando nos impulsa a comprometernos con la realidad. Pero el Equipo Permanente no es el centro de la JEC. La JEC la hacen las militantes, los grupos, los equipos diocesanos, las personas acompañantes, los consiliarios y tantas personas que, desde hace décadas, sostienen este proyecto.

Nosotros simplemente asumimos el servicio de cuidar, animar y coordinar ese camino común. Creemos en un liderazgo que escucha antes de hablar, que acompaña antes que dirigir y que entiende la autoridad como servicio. Nuestro papel no es ser protagonistas, sino ayudar a que otras personas descubran que ellas también pueden serlo.

P.- ¿Por qué es importante que la JEC exista en la Iglesia?

R.- La JEC tiene hoy mucho que aportar porque vivimos un tiempo en el que muchas personas jóvenes buscan sentido, comunidad y espacios donde sentirse escuchadas de verdad. Nuestra forma de vivir la fe parte siempre de la realidad. Escuchamos lo que viven los jóvenes, leemos esa realidad a la luz del Evangelio y nos preguntamos qué nos está pidiendo Dios hoy.

Esa manera de vivir la fe sigue siendo profundamente actual. Hay muchos caminos para vivir el Evangelio y todos enriquecen a la Iglesia. El nuestro nace en las aulas, en las universidades y en la vida cotidiana de las personas jóvenes. Porque creemos que también ahí está Dios, llamándonos a construir un mundo más justo, más humano y más fraterno.

Clara Rodríguez González, presidenta de la Juventud Estudiante Católica. Foto: Archivo Vida Nueva

La JEC no existe para que los jóvenes encuentren simplemente un sitio dentro de la Iglesia. Existe para que descubran que, desde el Evangelio, pueden transformar la realidad. Porque la fe no es un refugio para alejarnos del mundo; es una llamada a comprometernos con él.

Si nuestra fe no nos lleva a preguntarnos qué pasa con la salud mental de los jóvenes, con las desigualdades educativas, con la violencia, con quienes viven la soledad o con las personas que la sociedad deja al margen, entonces nos estamos perdiendo una parte esencial del mensaje de Jesús.

P.- Hay movimientos, como Hakuna, Emaús, etc., que parece que están floreciendo. ¿Qué jóvenes cree que necesita la Iglesia y el mundo hoy?

R.- La diversidad de carismas es una riqueza para la Iglesia. Cada movimiento responde a sensibilidades distintas y todos podemos aportar algo valioso. Desde la JEC sentimos una llamada muy concreta: formar jóvenes que sean protagonistas de la transformación de la realidad. Jóvenes con pensamiento crítico, capaces de hacerse preguntas, de dialogar con quien piensa diferente, de construir comunidad y de comprometerse con el bien común. Vivimos en una sociedad que muchas veces nos invita al individualismo y a mirar solo por nosotros mismos.

El Evangelio nos propone justamente lo contrario: salir al encuentro del otro, especialmente de quien más nos necesita. No necesitamos jóvenes que vivan una fe cómoda o encerrada en sí misma. Necesitamos jóvenes que hagan del Evangelio una forma de vivir, de servir y de transformar el mundo.

Corresponsabilidad

P.- Joven y mujer. ¿Se considera hoy escuchada y protagonista eclesialmente hablando?

R.- Me siento afortunada porque en la JEC siempre he encontrado una Iglesia donde mi voz ha contado. He podido crecer como militante, asumir responsabilidades y descubrir que las personas jóvenes podemos ser protagonistas de la misión de la Iglesia. Pero también creo que todavía tenemos un reto importante.

Las mujeres y las personas jóvenes no queremos estar presentes solo para ocupar un lugar; queremos que nuestra experiencia sea escuchada y que podamos participar corresponsablemente en la vida, el discernimiento y la misión de la Iglesia. Estoy convencida de que el Espíritu sigue hablando también a través de las mujeres y de las personas jóvenes.

Por eso, una Iglesia que escucha todas las voces no pierde identidad; al contrario, se parece más al Evangelio. A veces seguimos hablando de los jóvenes como si fueran el futuro de la Iglesia. Los jóvenes ya somos Iglesia. Y las mujeres también somos Iglesia. No necesitamos que se nos ceda un espacio; necesitamos que se confíe en nosotras para construir la Iglesia entre todos.

La corresponsabilidad no es una concesión, es una forma profundamente evangélica de entender la comunidad. Sueño con una Iglesia donde nadie tenga que demostrar dos veces que su voz merece ser escuchada. Una Iglesia donde mujeres, jóvenes y generaciones distintas caminemos juntas, porque solo así podremos responder con fidelidad a los desafíos de nuestro tiempo.

P.- Precisamente en la Asamblea habéis reflexionado sobre la ‘machosfera’. ¿Cómo le explicamos a mi madre qué es ese palabro?

R.- La machosfera es un conjunto de discursos que circulan principalmente por internet y las redes sociales y que presentan la igualdad como una amenaza. Son mensajes que alimentan estereotipos, fomentan el enfrentamiento y, en muchos casos, terminan justificando formas de violencia o discriminación. Nos preocupa porque muchos jóvenes están creciendo rodeados de esos mensajes.

Como movimiento educativo creemos que nuestra tarea no es decirle a la gente qué tiene que pensar, sino ofrecer herramientas para pensar críticamente, dialogar y construir relaciones basadas en el respeto, la igualdad y el cuidado. Educar también es enseñar a mirar al otro con dignidad. Y eso, para nosotros, también forma parte del Evangelio.

Fiel a su misión

P.- Hace ya casi dos meses que el Papa estuvo en España. ¿Qué tal le va sabiendo el pontificado de León XIV?

R.- Lo vivo con esperanza. Cada pontificado tiene su propio estilo, pero el reto sigue siendo el mismo: construir una Iglesia que escuche, que acompañe y que salga al encuentro de las personas. A veces parece que, cuando algo no nos convence de la Iglesia, la única opción es marcharse.

Nosotros creemos otra cosa: creemos que hay que quedarse para seguir construyéndola desde dentro. No desde el enfrentamiento, sino desde el diálogo, la corresponsabilidad y el servicio. Porque transformar la Iglesia no significa romper con ella, sino quererla lo suficiente como para seguir caminando juntos. Eso hizo Jesús.

No se quedó al margen de la realidad; caminó con las personas, denunció las injusticias y puso siempre en el centro a quienes habían sido olvidados. Ese también es el sueño que compartimos Paula, Diego y yo junto a toda la JEC. No queremos ser protagonistas de la Iglesia; queremos que cada joven descubra que puede ser protagonista de la transformación del mundo desde el Evangelio.

La JEC me ha enseñado que la fe nunca nos separa de la realidad; al contrario, nos envía a ella. Soñamos con una Iglesia que no tenga miedo de escuchar, de aprender y de caminar con las personas jóvenes. Una Iglesia donde las mujeres y los jóvenes no tengan que pedir permiso para aportar su voz, porque sabe que el Espíritu también habla a través de ellas y de ellos.

No aspiramos a que la JEC sea más grande. Aspiramos a que siga siendo fiel a su misión: formar personas que hagan del Evangelio una forma de vivir, de construir comunidad y de transformar el mundo. Porque creemos que el Reino de Dios empieza también en un aula, en una universidad, en una conversación, en una comunidad y en cada joven que decide que otro mundo es posible.

Etiquetas: JEC
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