Vaticano

León XIV ‘consagra’ la ecología como cuestión teológica

| 02/09/2026 - 16:55

Un nuevo documento de la Comisión Teológica Internacional, publicado con la autorización del Papa, sostiene que la relación con la creación forma parte de la relación con Dios y plantea hablar de “pecado contra la creación y contra el Creador”





Cuidar el planeta no es, para un cristiano, una cuestión accesoria, una sensibilidad política determinada ni únicamente una obligación moral. Es, a partir de ahora, también teología. Y es que el Vaticano ha dado un paso más en la doctrina de la ecología integral impulsada por Francisco con la publicación de ‘Cuidar nuestra Casa común. Respuesta responsable y fraterna al Dios trinitario’.



El texto de la Comisión Teológica Internacional es fruto de un trabajo desarrollado entre 2022 y 2025 y, por tanto, iniciado durante el pontificado de Francisco. Sin embargo, ha sido León XIV quien ha dado luz verde a su publicación después de que el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal Víctor Manuel Fernández, se lo presentara el pasado 28 de julio.

No se trata, por tanto, de un documento firmado personalmente por el Papa ni tiene el rango magisterial de una encíclica, pero su publicación bajo el nuevo pontificado confirma hasta qué punto León XIV ha asumido y profundizado uno de los grandes ejes de su predecesor.

No solo reciclar

Para la Comisión Teológica Internacional, la ecología entra de lleno en la teología porque el mundo no es simplemente “naturaleza”: para la fe cristiana es creación, es decir, una realidad que tiene su origen en Dios y que continúa remitiendo a Él.

De ahí una de las afirmaciones fundamentales del documento: “la cuestión ecológica se traduce, en último término, en una cuestión teológica”. Es decir, el creyente no se relaciona con Dios únicamente cuando reza, celebra la Eucaristía o atiende al prójimo, sino que también lo hace en su manera de habitar el mundo.

La huella de la Trinidad

El documento da incluso un paso más y encuentra en la propia Trinidad una clave para comprender la ecología cristiana. La creación, sostiene, lleva una huella de ese Dios trinitario que es relación. Por eso rechaza una comprensión del mundo basada en elementos aislados y recuerda que “nada ni nadie es una mónada”.

Dios, las personas y el resto de la creación no se confunden entre sí, pero tampoco pueden entenderse como realidades completamente desconectadas. De esa concepción nace el famoso “todo está conectado” que atravesaba Laudato si’, pero ahora la Comisión busca explicar su raíz específicamente teológica: la interdependencia no sería simplemente una evidencia ecológica, sino una característica que remite, para el cristiano, al propio Dios.

¿Puede existir un pecado contra la creación?

Probablemente una de las aportaciones más llamativas del documento llegue cuando aborda directamente el concepto de pecado ecológico.

La Comisión considera que esa expresión, empleada durante los últimos años, puede resultar insuficiente porque corre el riesgo de hacer pensar únicamente en el daño medioambiental. Propone, en cambio, hablar de “pecado contra la creación y contra el Creador”.

Y es que, si Dios ha confiado al ser humano la responsabilidad de custodiar la creación, destruirla deliberadamente o desentenderse de su deterioro no supone únicamente administrar mal unos recursos.

Desde esta perspectiva, implica también incumplir una responsabilidad recibida de Dios. Así, la crisis ecológica termina afectando a las tres grandes relaciones que, según el documento, constituyen al ser humano: con Dios, con los demás y con la propia creación.

Y ahí entra inevitablemente la cuestión social, ya que los efectos de la degradación ambiental no se distribuyen de manera equitativa: quienes menos recursos tienen son también, con frecuencia, quienes sufren con mayor intensidad la contaminación, la pérdida de ecosistemas, las dificultades para acceder al agua o las migraciones provocadas por el deterioro de sus territorios.

Ni dueño absoluto ni una criatura más

El documento intenta también responder a una de las críticas que tradicionalmente se han dirigido al cristianismo: que el mandato bíblico de “dominar” la tierra habría legitimado una posición de superioridad absoluta del ser humano sobre la naturaleza.

La Comisión rechaza expresamente lo que denomina un “antropocentrismo depredador”, que convierte al planeta en un conjunto de recursos disponibles para ser utilizados sin límites. Pero tampoco asume posiciones biocéntricas o ecocéntricas que eliminen cualquier singularidad de la persona humana.

La fórmula que propone —retomando a Francisco y ya utilizada también por León XIV— es la de un “antropocentrismo situado”. Es decir: el ser humano posee, desde la perspectiva cristiana, una dignidad singular y una responsabilidad específica sobre la creación. Pero precisamente esa responsabilidad le impide comportarse como su propietario absoluto.

Misa por la Custodia de la Creación celebrada por León XIV en Castel Gandolfo. Foto: Vatican Media

De la ecología al modelo económico

Y de la teología, inevitablemente, el documento termina descendiendo a la vida cotidiana. Sin entrar a ofrecer soluciones técnicas —algo que la propia Comisión reconoce que corresponde a científicos, economistas, juristas y responsables políticos—, sí establece algunos criterios.

Habla de reverencia ante la creación, cuidado responsable, escucha simultánea del “grito de la Tierra” y de los pobres, respeto a la vida, austeridad y una responsabilidad diferenciada entre países.

La Comisión considera injusto exigir los mismos sacrificios a quienes apenas han contribuido a la crisis ambiental que a las sociedades que han construido su bienestar sobre modelos de producción y consumo mucho más contaminantes.

También cuestiona que los países ricos puedan reclamar a los más pobres que preserven bosques y ecosistemas esenciales para todo el planeta mientras ellos mismos se niegan a reducir unos niveles de consumo que contribuyen a su deterioro.

De Francisco a León XIV

En los últimos meses, el Papa ha insistido en que la justicia ambiental es para los creyentes una “necesidad teológica”, ha celebrado la Misa por el Cuidado de la Creación, ha abierto el Tiempo de la Creación desde el Borgo Laudato si’ y ha pedido una conversión capaz de transformar la relación del ser humano con el planeta.

Ahora, la Comisión Teológica Internacional pone el armazón doctrinal detrás de esas llamadas.

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