El sacerdote Jesús Francisco Molina argumentó sobre el reparto de la ayuda que están teniendo que “arrancar de nuestros propios pobres” los recursos asistenciales
Miles de jóvenes marroquíes tratan de cruzar la valla fronteriza con Ceuta (España). Foto: EFE
La llegada de miles de personas migrantes desde Marruecos a la ciudad autónoma de Ceuta ha puesto de relieve la apremiante necesidad de asistencia básica para este colectivo en situación de extrema vulnerabilidad. A pesar de los episodios de tensión social, como el bloqueo vecinal a un camión de Cruz Roja que trasladaba comida a los asentamientos de la playa del Trampolín, diversas entidades eclesiales como Cáritas y las parroquias locales mantienen su colaboración activa para intentar aliviar las carencias vitales surgidas tras las entradas del último mes.
Sin embargo, hay declaraciones que pueden presentar la realidad de otra manera. Ante la magnitud del desafío humanitario ha dejado al descubierto la falta de medios institucionales; el vicario parroquial del Santuario de Santa María de África, el joven sacerdote Jesús Francisco Molina, se ha referido a las limitaciones físicas y económicas que enfrenta la infraestructura asistencial.
El sacerdote recordó en el programa ‘Vamos a Ver’ de Telecinco que “la Iglesia no es una ONG”, como tantas veces reiteró el papa Francisco, aunque añadió que “la Iglesia no tiene oenegés”. El presbítero precisó que si “función principal no es la de atender al necesitado; es una de las principales, desde luego, pero la Iglesia está para atender a su pueblo en las necesidades sobrenaturales a las que tiene que administrar, los sacramentos, la predicación, la sustentación del pueblo de Dios”. No obstante, reafirmó la vocación de auxilio de la institución señalando que “desde luego que si está en nuestra mano ayudar al necesitado lo vamos a hacer”.
La sobrecarga de los servicios asistenciales en la frontera sur plantea severos problemas organizativos para garantizar el bienestar de la población. Molina enfatizó el déficit de cobertura expresando que «en la situación en la que estamos, naturalmente que no son suficientes los recursos que tenemos, no ya la Iglesia, sino Ceuta; y la Iglesia, como parte de Ceuta, no tiene recursos suficientes para ayudar a los que han entrado”. Asimismo, situó esta problemática en la vulnerabilidad social previa de la propia ciudad, indicando que ya había “pobres aquí antes a los que atender y ya nuestros recursos [eran] limitados para eso”.
El vicario argumentó sobre el reparto de la ayuda que “si además tenemos que arrancar de nuestros propios pobres, de nuestra propia gente necesitada, los recursos que ya poseemos, nos encontramos en una situación mucho más complicada”, afirmando finalmente que “es la caridad la que exige esa jerarquía. Uno atiende antes a su prójimo, que es el próximo, el que tiene al lado, el ceutí, antes que al que no lo es”.