León XIV venera las reliquias de San Marino en su basílica. Foto: EFE
Tras concluir su encuentro con las autoridades civiles, el papa León XIV continuó su visita pastoral en la República de San Marino dirigiéndose a pie hacia la cercana basílica del santo patrón. Allí mantuvo un encuentro con la comunidad eclesial de la Diócesis de San Marino-Montefeltro, un acto concebido por el propio pontífice como una “parada en nuestro camino común tras las huellas de Cristo”.
A su llegada al templo, el Papa fue recibido por el obispo diocesano, Domenico Beneventi, y por el rector de la Basílica, Marco Mazzanti. Tras un momento de adoración al Santísimo Sacramento, la veneración de las reliquias de San Marino y las palabras de bienvenida del obispo, León XIV compartió con los diocesanos sus pensamientos sobre en el legado histórico, los jóvenes, la familia y el valor profético de las zonas rurales.
El Papa comenzó recordando a los fundadores, san Marino y san León, definiéndolos como “laicos y canteros” que, hace dieciocho siglos, supieron traducir el mensaje del evangelio en un “modelo comunitario y político nuevo”. Este modelo, destacó el obispo de Roma, estuvo y sigue estando “fuertemente caracterizado por los principios cristianos de libertad, de respeto recíproco y de comunión”.
Dirigiéndose de manera muy directa a los jóvenes, el Papa retomó la advertencia que Benedicto XVI pronunció en ese mismo lugar quince años antes sobre no conformarse con alegrías efímeras, pidiéndoles que mantengan “abierta esta ventana” hacia el infinito y sigan los senderos trazados por los grandes deseos de “belleza, de bondad y de vida” que llevan en el corazón. En este sentido, les instó a que abracen “con entusiasmo” su misión en el mundo y no tengan miedo de tomar “decisiones exigentes”, ya sea optando por el matrimonio, la consagración, el ministerio ordenado, o mediante un firme compromiso social y político.
En su mensaje, el Papa también quiso aplaudir el “trabajo oculto pero muy importante” y el “servicio humilde y precioso” que realizan sacerdotes, catequistas y educadores en favor del crecimiento humano y cristiano. Subrayó que la familia sigue siendo “el primer lugar de formación en la fe”, describiéndola como “el seno natural en el que el Evangelio se aprende y se respira cotidianamente desde la infancia”. Por este motivo, hizo un llamamiento para fomentar una “fuerte sinergia formativa” entre los padres y las comunidades eclesiales.
Frente a un panorama internacional “herido por muchos conflictos” en el que se observa con preocupación el aumento de la violencia y el “miedo al otro”, León XIV reivindicó con fuerza el valor de las pequeñas poblaciones de las zonas interiores que luchan contra la despoblación y la falta de servicios. El Pontífice definió a estas valientes comunidades como “pequeñas llamas de las que sacar provecho para reavivar y reanimar en todos el fuego de valores sólidos, antiguos y siempre actuales”. Su heroico testimonio, aseguró, irradia el calor de una “magnífica humanitas” que resulta vital para “vencer el individualismo de una cierta cultura metropolitana y consumista” y devolver el oxígeno a las esperanzas de paz.
El Pontífice concluyó su alocución pidiendo a los presentes dar “testimonio de unidad” y de “comunión” en sus respectivas realidades parroquiales, antes de salir a saludar a los fieles congregados en la plaza.
Inmediatamente después, el Papa se trasladó a pie a la Piazza Garibaldi y viajó en coche hasta la Aviosuperficie de Torraccia. Tras despedirse de los Capitanes Regentes y demás autoridades, está previsto que despegue en helicóptero rumbo a la vecina provincia italiana de Rímini.
Antes del próximo encuentro masivo, el programa contempla su aterrizaje en el campo deportivo de Pennabilli, donde será recibido por el alcalde, Mauro Giannini, y el párroco local, Mirco Cesarini, para posteriormente trasladarse en coche al Monasterio de San Antonio de Padua y disfrutar de un almuerzo privado con las monjas agustinas en la localidad de Pennabilli.