Francisco Javier Múnera, presidente del Episcopado, durante el acto protocolar pidió al nuevo presidente “no olvidarse de los pobres”
Francisco Javier Múnera, presidente del Episcpádo colombiano
En la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia, Abelardo de La Espriella, realizada este 7 de agosto en Cali, el presidente del episcopado, Francisco Javier Múnera, ha expresado al nuevo mandatario “tres anhelos que están en el alma del pueblo colombiano”.
Esto durante el acto protocolar, frente a las autoridades y delegaciones diplomáticas, entre estos el Rey de España, Felipe VI, y los presidentes Javier Milei de Argentina, Daniel Noboa de Ecuador, José Antonio Kast de Chile, entre otros.
El prelado, en primer lugar, apeló a la unidad de la nación, que “no significa uniformidad, sino armonía, el resultado paciente de crear una sinfonía de relaciones, de reconocimiento del valor de quien piensa distinto y de comprensión de que el futuro se construye integrando”.
Indicó que para lograr este cometido, el país “necesita la inteligencia, la sensibilidad, la fortaleza y la capacidad de cuidado” para que cada persona aporte desde su propia vocación y responsabilidad.
“Solo una sociedad que valora plenamente la contribución de todos podrá avanzar hacia un desarrollo verdaderamente humano e integral para que nadie se sienta excluido ni discriminado”, dijo.
Un segundo anhelo es avanzar en el camino hacia “la reconciliación y la paz, que sigue siendo uno de los mayores anhelos de Colombia”, indicó el arzobispo de Cartagena.
Recalcó que ambas florecen cuando “se cultivan la verdad, la justicia, el perdón y la solidaridad, cuando disminuyen las desigualdades, cuando la corrupción cede su lugar a la transparencia, cuando la violencia deja de ser un lenguaje”.
“La reconciliación y la paz necesitan ciudadanos responsables, instituciones sólidas y gobernantes capaces de escuchar, dialogar y decidir pensando en las generaciones presentes y futuras”, añadió.
El tercer anhelo consiste en sostener la esperanza y la alegría, porque como creyentes, “sabemos que la esperanza no es ingenuidad, sino la fuerza que nos impulsa a perseverar. Colombia ha demostrado una y otra vez que posee una inmensa capacidad de levantarse y continuar”.
Por ello pidió al nuevo Presidente traducir esta esperanza en “decisiones valientes, en gestos de perdón y reconciliación y en un compromiso renovado por el bien común que nos permita conservar y fortalecer la reserva moral, cultural y espiritual que tenemos como país pluriétnico, multicultural y biodiverso”.
En medio del discurso de Múnera, hubo una petición especial a de La Espriella: no olvidarse de los pobres, quienes “carecen con frecuencia de lo necesario para vivir y que están necesitados de vías concretas para su desarrollo humano integral”.
Sostuvo, citando al papa Francisco “de feliz memoria”, que “los pobres casi siempre son víctimas, no culpables”, por lo que promoviendo a los débiles, los vulnerables y los abandonados de la sociedad “es como un gobernante adquiere grandeza”.
Por supuesto, esta es una tarea compartida – aclaró – no sólo del Estado, sino de todos: gobernantes del orden nacional y local, familias, comunidades educativas, empresarios, trabajadores, campesinos, indígenas, afrodescendientes, jóvenes, adultos mayores, comunidades y diversas confesiones de fe.
Echando mano de Magnifica Humanitas de León XIV, reiteró que para leer en profundidad la realidad, es importante promover la dignidad de cada persona, la cohesión de las comunidades, el cuidado de la casa común y el bien de todos.