Roberto Octavio González Nieves, una de las voces más críticas con la política migratoria de Estados Unidos, deja el gobierno de la archidiócesis tras cumplir 76 años
Presidente de la Conferencia Episcopal de Puerto Rico, presidente de la Conferencia Episcopal de Puerto Rico
León XIV ha aceptado la renuncia del arzobispo metropolitano de San Juan de Puerto Rico, Roberto Octavio González Nieves, y ha nombrado como su sucesor al hasta ahora obispo de Caguas, Eusebio Ramos Morales, según ha comunicado este jueves la Santa Sede.
El relevo se produce después de que González Nieves cumpliera 76 años el pasado mes de junio. De acuerdo con el derecho canónico, los obispos deben presentar su renuncia al Papa al alcanzar los 75 años, aunque corresponde al Pontífice decidir el momento en que esta se hace efectiva. Ha sido ahora cuando León XIV ha aceptado su dimisión y ha designado al nuevo arzobispo de la capital puertorriqueña.
Nacido el 15 de diciembre de 1952 en Maunabo, Eusebio Ramos Morales cursó estudios de Biología en la Universidad de Puerto Rico antes de iniciar su formación filosófica y teológica en Bayamón, México, el seminario de Boynton Beach y la Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo la licenciatura en Teología.
Ordenado sacerdote en 1983, desarrolló buena parte de su ministerio en la diócesis de Caguas como formador de seminario, párroco y profesor de Teología Dogmática. En 2008 fue nombrado obispo de Fajardo-Humacao y, desde 2017, pastoreaba la diócesis de Caguas. En la actualidad también presidía la Conferencia Episcopal Puertorriqueña.
Durante los últimos años, Roberto Octavio González Nieves se ha convertido en una de las voces más visibles del episcopado latinoamericano en defensa de las personas migrantes y especialmente crítico con la política migratoria de Estados Unidos.
Uno de sus pronunciamientos más contundentes llegó a comienzos de 2025, tras una redada realizada por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en el Barrio Obrero de San Juan. Entonces calificó la actuación de las autoridades estadounidenses como “una crueldad fundamentada en el prejuicio de unas políticas migratorias insensibles, inhumanas e inmorales”.
En aquel comunicado lamentó que las intervenciones hubieran comenzado precisamente en uno de los barrios con mayor presencia de población migrante y defendió la dignidad de quienes buscan un futuro mejor, situándose en sintonía con las reiteradas llamadas de la Iglesia en favor de una acogida basada en el respeto a los derechos humanos.