La Santa Sede inaugura el primer diálogo oficial con esta tradición filosófica y religiosa para buscar respuestas comunes a la polarización, la crisis ecológica y los desafíos éticos de nuestro tiempo
El Vaticano ha abierto un nuevo capítulo en su diálogo interreligioso. Por primera vez, la Santa Sede ha inaugurado un coloquio oficial con representantes del confucianismo, una de las grandes tradiciones filosóficas y culturales de Asia, con el objetivo de explorar cómo ambas pueden contribuir juntas a la construcción de sociedades más justas, pacíficas y solidarias.
El encuentro, que se celebra los días 4 y 5 de agosto en la Universidad Católica de Sogang, en Seúl, ha sido promovido por el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso junto con la Academia Confuciana Sungkyunkwan, la Conferencia Episcopal de Corea y la propia universidad. Un paso que los organizadores consideran un “auténtico hito” al tratarse del primer diálogo institucional entre ambas tradiciones.
En el discurso inaugural, el prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, el cardenal George Jacob Koovakad, reconoció que la visión cristiana del “Cielo nuevo y la Tierra nueva” y el ideal confuciano del Datong —la “Gran Unidad” o “Gran Armonía”— nacen en contextos culturales y religiosos muy diferentes. Sin embargo, ambas expresan “una de las aspiraciones más profundas” de la humanidad: construir sociedades “pacíficas, inclusivas y solidarias”, capaces de ofrecer “un mundo más justo, más armonioso y más rico en compasión”.
Precisamente bajo ese hilo conductor —“Diálogo sobre la contribución del cristianismo y del confucianismo a una sociedad ideal”—, estudiosos, responsables religiosos y expertos procedentes de distintos países han comenzado a trabajar en unas futuras Directrices para el diálogo cristiano-confuciano, cuyo texto definitivo verá la luz al término del encuentro.
Koovakad explicó que tanto el cristianismo como el confucianismo surgieron en momentos de profundas crisis sociales y políticas. En ambos casos, sus fundadores reinterpretaron la tradición para ofrecer un horizonte de esperanza a sociedades marcadas por la incertidumbre.
Mientras el ideal confuciano del Datong propone una sociedad basada en la responsabilidad mutua, la justicia y el bien común, la visión cristiana del Apocalipsis anuncia “un cielo nuevo y una tierra nueva”, donde Dios renueva definitivamente la creación y hace posible una convivencia fundada en la paz y la comunión.
El prefecto subrayó, no obstante, que las diferencias entre ambas tradiciones no deben ocultarse. Para el cristianismo, la transformación del mundo nace de la acción redentora de Dios en Cristo; para el confucianismo, en cambio, la armonía social brota de la formación moral de la persona, del buen gobierno y del cultivo de las relaciones humanas. Precisamente por ello, defendió, el diálogo resulta fecundo: no para diluir las identidades, sino para que cada tradición pueda “interrogar, enriquecer y ampliar el horizonte de la otra”.
El secretario del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, monseñor Indunil Janakaratne Kodithuwakku Kankanamalage, definió el encuentro como “un nuevo capítulo en las relaciones entre cristianos y confucianos” y un hito para todo el diálogo interreligioso. También anunció que las futuras Directrices estarán dirigidas no solo a los católicos, sino a cualquier persona interesada en profundizar en esta relación.
Por su parte, el presidente de la Conferencia Episcopal de Corea, Matthias Iong Hoon Ri, destacó que, en un mundo atravesado por los conflictos, la crisis ecológica y la incertidumbre ética, los valores compartidos por ambas tradiciones —como la fraternidad, el respeto y el bien común— pueden ofrecer respuestas concretas a los desafíos actuales.
El padre Luke Jong Hyeok Sim recordó además que este acercamiento tiene profundas raíces históricas. Los primeros católicos coreanos fueron, en buena medida, intelectuales formados en la tradición confuciana, por lo que este diálogo no supone un punto de partida, sino la continuación de una historia compartida. “No necesitamos un acuerdo apresurado, sino un encuentro sincero y paciente”, concluyó.