El auxiliar de Sevilla y administrador apostólico de la diócesis de Cádiz y Ceuta comparte con Vida Nueva sus reflexiones sobre la tragedia
La Iglesia ha estado en primera línea ante la tragedia que ha causado, al menos, 150 muertes, tras la entrada en Ceuta de más de 75.000 personas migrantes el pasado jueves 30 de julio. Y no es una forma de hablar, porque, de inmediato, el obispo auxiliar de Sevilla y administrador apostólico de Cádiz y Ceuta, Ramón Valdivia, se desplazó hasta la Ciudad Autónoma para coordinar el dispositivo eclesial.
Cinco días después de lo ocurrido y en medio de las fiestas patronales en honor a Santa María de África, el prelado comparte con Vida Nueva sus reflexiones en medio de una crisis sin precedentes.
PREGUNTA.- ¿Cómo ha sido la respuesta de la Iglesia a la crisis migratoria?
RESPUESTA.- Más que una crisis migratoria, lo de Ceuta sigue siendo una crisis política internacional y un drama humano inmenso, del que aún no se han evaluado todas las consecuencias.
Cuando el 30 de julio por la mañana percibíamos algunas entradas notoriamente ilegales, los párrocos, en comunión conmigo, con la Cáritas local y la Delegación de Migraciones percibimos el riesgo y la necesidad de que, antes o después, tendríamos que ofrecer una respuesta.
Por eso, resolvimos ofrecer un comunicado solicitando a los fieles que las colectas del pasado fin de semana, que normalmente se dedican a Cáritas, pudieran servir para recaudar fondos para la atención de los que llegaran. Nunca pudimos calcular que, pocas horas después, la llegada sería una población que se asemejaba a la población natural de Ceuta.
La noche y la mañana de ese día fueron verdaderas multitudes de jóvenes, pero también de niños y mujeres, todos desorientados, circulando pacíficamente por las calles, mientras que las personas de Ceuta se veían impotentes para responder a esta impresionante masa de personas.
Desde el Centro de Migración San Antonio, desde las distintas parroquias y, sobre todo, desde la disponibilidad inmediata con el Gobierno de la Ciudad Autónoma, nos pusimos a disposición de las autoridades, en la pequeña medida de nuestras posibilidades, y me gustaría subrayar el adjetivo pequeña.
Durante este tiempo, además se están celebrando las fiestas patronales en honor a Santa María de África, verdadero corazón de la ciudad. Por eso, en los cultos internos poco a poco se ha incrementado la afluencia y participación de fieles, así como en la tradicional ofrenda de flores, y en la función solemne y posterior procesión.
La presencia de la Virgen María ofrece consuelo, paz, seguridad en Dios, y alienta la compasión, al mismo tiempo que se expresa la fe en el Dios que, hecho hombre, ha vencido a la muerte. Ofrecer esta respuesta supone la respuesta del amor de Dios.
Alrededor de santa María de África se comprende la fe de un pueblo que ha vivido siglos de dificultades. Ella sostiene en sus brazos a Jesús, el Cordero traspasado por nuestro amor, por tanto, todos los fieles que nos congregamos en torno a Ella sabemos que no nos abandonará, como no se despegó de su Cuerpo extendido en la cruz.
Dos mujeres llegan a nado a Ceuta el 30 de julio. Foto: EFE
P.- Ha podido estar con la comunidad eclesial ceutí. ¿Cómo están viviendo esta situación?
R.- Es cierto que hay rabia, miedo y, a veces, incluso deseo de abandonar, pero no queremos. También somos conscientes de la misión histórica que supone Ceuta para toda nuestra patria: somos un baluarte de fe, que reclama a viva voz lo que supone el valor de la fe en la construcción de un país.
Por eso queremos alzar la mirada y ver en nuestro horizonte al Señor, que, andando sobre las aguas del Estrecho, se acerca andando a nuestra barca y nos dice: “No temáis, soy yo”.
P.- La realidad es que la Iglesia ha estado a la altura…
R.- La Iglesia ha expresado su madurez, en medio de una crisis sin precedentes. Como es normal, seguimos con preocupación estos acontecimientos que nos turban la paz. Es la segunda vez desde la entrada masiva de mayo de 2021. Nos sentimos vulnerables y, de alguna manera, necesitados de protección por parte de quienes tienen en su mano la seguridad pública.
Pero, como dice el Apóstol en la 2ª carta a los Corintios: “Estamos atribulados, pero no desesperados”. Confiamos en Dios por encima de todo. Ahora nos toca reconstruir la confianza, alentar a los que han sufrido miedo e intranquilidad, trabajar por una salida digna para las personas que entraron ilegalmente.
Hay que tener en cuenta que nacieron sentimientos muy difíciles de extirpar en el corazón, por la necesidad de atender a los demás y, al mismo tiempo, de proteger el espacio común. La Iglesia, con los responsables eclesiales, con los feligreses, e incluso con las personas de otras religiones, quiere dar una respuesta de paz y convivencia, en un respeto mutuo.
P.- Además, se saben con el respaldo de León XIV…
R.- En estos días, las palabras de León XIV en el ángelus han sido un bálsamo de consuelo por saber que estamos en el corazón del Papa y nos han servido para orientar nuestra misión pública en esta dificultad, fomentando la paz, la estabilidad y la justicia.