El arzobispo de Chicago defiende una Iglesia en la que todos los bautizados compartan la responsabilidad de anunciar el Evangelio y alerta contra quienes convierten el cristianismo en un “club exclusivo”
Blase J. Cupich, cardenal arzobispo de Chicago
La sinodalidad no consiste solo en escuchar más, sino en asumir que todos los bautizados son responsables del futuro de la Iglesia. Esa es la convicción que ha defendido el cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago y una de las voces más cercanas al proyecto eclesial impulsado por Francisco, durante los Encuentros Teológicos Mediterráneos celebrados en Lovran, en la costa croata.
En una entrevista concedida a Katholisch.de, el purpurado estadounidense ha asegurado que uno de los grandes desafíos del catolicismo actual pasa por despertar entre los fieles un auténtico sentido de corresponsabilidad. “En mi país tenemos católicos muy devotos. Van a misa, hacen donaciones y apoyan muchas iniciativas. Pero con frecuencia falta un verdadero sentido de responsabilidad compartida por el futuro de la Iglesia”, afirma.
Para Cupich, el cambio más importante que puede aportar el camino sinodal es precisamente ese: que los fieles dejen de considerar que la vida de la Iglesia depende exclusivamente de sacerdotes y obispos. “Cuando ayudamos a las personas a comprender que deben participar activamente en la planificación del futuro, que deben formar parte del camino para llevar el Evangelio a la próxima generación, entonces despierta en ellas un verdadero sentido de urgencia. Van más allá de simplemente hacer donaciones o asistir a misa”, sostiene.
Preguntado por las resistencias que siguen existiendo frente a las reformas iniciadas durante el pontificado de Francisco, Cupich reconoce que muchos temen que abrir espacios de diálogo sobre los desafíos actuales suponga alejarse de la tradición. “Debemos confiar en que el Espíritu de Cristo sigue actuando en la vida de la Iglesia y en el sensus fidelium, en la capacidad del pueblo de Dios para permanecer fiel al Evangelio”, afirma.
El cardenal también se muestra partidario de ampliar la participación de los laicos en la vida eclesial, incluido el proceso de elección de nuevos obispos. No obstante, advierte de que cualquier avance en esa dirección debe entenderse como un auténtico discernimiento espiritual y no como una dinámica política.
“Tenemos que ser muy cuidadosos para no reducir estos procesos a una lógica política”, subraya, recordando que los fieles ya son consultados durante el procedimiento de selección y que actualmente también hay laicos y religiosas que forman parte del Dicasterio para los Obispos.