El obispo Moisés Atisha valoró este encuentro por tratarse de un espacio de participación, discernimiento y comunión
Decenas de participantes llegaron al Colegio San Marcos, de Arica, a participar en la II Asamblea Diocesana. Agentes pastorales de parroquias, capillas y movimientos; también los sacerdotes, religiosas y diáconos permanentes.
El titular de Arica, Moisés Atisha, abrió la jornada destacando “la importancia de estas asambleas como un espacio para fortalecer la comunión, el discernimiento y la participación de todo el Pueblo de Dios en la vida de la Iglesia”.
El obispo presentó una cuenta pública del trabajo pastoral, social y administrativo durante el 2025. Este ejercicio de transparencia permitió valorar el camino recorrido y reafirmar el compromiso de seguir construyendo una Iglesia cercana, corresponsable y servidora.
Luego, la reflexión abordó los desafíos pastorales para los próximos meses, entre ellos la continuidad de las visitas pastorales al Decanato Sur y la implementación de las Orientaciones Pastorales Diocesanas.
El secretario pastoral, Ricardo Martínez, presentó el itinerario del proceso sinodal, recordando que la sinodalidad no es un acontecimiento puntual, sino un estilo de vida que invita a toda la Iglesia a escuchar, discernir y caminar unida. Explicó las cuatro etapas de este proceso: “Hacer memoria”, “Interpretar”, “Orientar” y “Celebrar”.
Los participantes reafirmaron su compromiso a seguir construyendo una Iglesia viva, sinodal y misionera, que camina unida al servicio del Evangelio.
El obispo Atisha participa de la II Asamblea Diocesana en Arica – Julio 2026. Foto: Diócesis de Arica
Consultado por Vida Nueva, el obispo Atisha señaló dos principales desafíos pastorales: “continuar el anuncio del Evangelio respondiendo a las claves culturales, sociales y ambientales que está viviendo hoy la sociedad. Hay nuevas facilidades a través de los medios y también otras dificultades. Estamos inmersos en una reflexión de cómo hoy hablar de Jesús y el Evangelio para que las personas lleguen a comprender cuánto Dios les ama y cómo les busca desde esta realidad”.
“El segundo desafío, continúa el obispo, es seguir construyéndonos como una iglesia que camina juntos en este espíritu sinodal donde es cada vez más clara la conciencia de tomar la responsabilidad que nos brota desde el bautismo y que no la podemos leer como algo que implique poder, sino que es un servicio”.
Preguntamos al obispo ¿cuál es el rasgo más positivo de la iglesia diocesana?
“Diría que es la capacidad de acoger, afirmó Atisha. Hemos experimentado la acogida, sobre todo al migrante y al adulto mayor. También experiencias religiosas y pastorales que abren espacio a una espiritualidad vivida en el día de hoy. Otro rasgo es nuestra capacidad de ser una iglesia diocesana solidaria. Es fundamental para nosotros saber que las cosas no terminan en uno mismo, sino que tenemos hermanos y hermanas a los que tenderles la mano. En esa dirección ha ido creciendo muy significativamente nuestra pastoral social”.
La diócesis de Arica está en el extremo norte del país, zona desértica, vecina a Perú y Bolivia. En enero de 1959 fue erigida en Prelatura Territorial. En agosto de 1986 el Papa san Juan Pablo II la elevó a diócesis. Tiene 229.689 habitantes, de los cuales un 67,6% se declara católico. Cuenta con 27 sacerdotes diocesanos y 5 religiosos que atienden las 24 parroquias.
El prelado destaca que la gente de su diócesis “tiene un sentido profundo de lo trascendente y de la religiosidad. Muy de la mano, por una parte, de la experiencia de los bailes religiosos, esa fuerte expresión de fe; y por otra, de un caminar largo que se ha hecho a través de comunidades de base y de la vivencia en las parroquias como lugar de encuentro para celebrar juntos la fe, para formarse”.
Agrega que “hay también un sentido muy profundo de la solidaridad y de la responsabilidad que significa no estar mirándose a sí mismo, sino tener conciencia del entorno. Tenemos muy presente el sentido de ser parte de un espacio que es más que Arica, que tiene mucho de cultura aymara, la que compartimos con Perú y Bolivia, y eso nos hacer tener conciencia que somos un lugar claramente multicultural y de una vida de fe compartida con otras personas y con otras claves religiosas”.
La diócesis de Arica está próxima a cumplir 40 años. Hacia el término de la Asamblea, el Obispo llamó a toda la diócesis a prepararse para esa fiesta.