La Asamblea Nacional dio luz verde a la proposición de ley que legaliza el suicidio asistido con una diferencia de apenas 50 votos
Las pantallas muestran los resultados de la votación sobre un proyecto de ley del suicidio asistido en la Asamblea Nacional de París, el 15 de julio de 2026. Foto: EFE
Por una escasa diferencia de 50 votos, la Asamblea Nacional francesa aprobó de forma definitiva ayer, miércoles 15 de julio, a última hora de la noche, la proposición de ley que instaura un supuesto “derecho a la ayuda a morir”. Una votación que evidenció la profunda fractura que este texto ha suscitado entre los diputados franceses.
El resultado final reflejó una ajustada mayoría de 291 votos a favor frente a 241 en contra, con 29 abstenciones. Esta diferencia entre partidarios y detractores de la medida se ha ido reduciendo significativamente si se observan los escrutinios de las tres lecturas anteriores: el texto había superado el corte con 305 votos a favor y 199 en contra en mayo de 2025; 299 frente a 226 en febrero de 2026; y 295 contra 232 el pasado 30 de junio.
Sin embargo, este paulatino trasvase de los indecisos hacia el “no” al suicidio asistido resultó insuficiente para revertir la situación. En el debate, la oposición alertó sobre el peligro para los más vulnerables frente a una izquierda y un bloque oficialista que han impulsado la medida.
Para alcanzar esta mayoría, los promotores de la ley contaron con un bloque de izquierdas que votó masivamente a favor, sumado a una parte considerable de los diputados oficialistas. Por el contrario, la oposición se concentró fundamentalmente en las bancadas de la derecha y extrema derecha.
El desglose de los votos por bloques evidencia esta fuerte polarización:
Durante el debate general que precedió al escrutinio definitivo, los diputados contrarios al texto no escatimaron esfuerzos desde la tribuna para intentar convencer a los indecisos y apelar a la prudencia.
“Pueden estar a favor de la ayuda a morir, pero deben estar en contra de este texto porque no responde a los imperativos de seguridad para impedir las derivas. Por mi parte, me niego a irme a dormir con la duda de haber permitido la muerte de personas frágiles”, advirtió Olivier Fayssat (UDR).
En un tono igualmente grave, Christophe Bentz (Agrupación Nacional) tomó la palabra para apelar a la conciencia de la Cámara: “Es con el corazón en un puño que les invito a no votar este texto de muerte, porque Francia no puede renunciar a proteger a los más vulnerables”.
“Esta ley es la ley del más fuerte, la del poder del hombre sobre el hombre”, lanzó con evidente emoción Justine Gruet (Los Republicanos). “¿Será este 15 de julio el día en que el Parlamento ha decidido arrogarse el poder de poner fin a la vida humana?”.
Enfrente, los defensores de la ley se mantuvieron inflexibles, reiterando los postulados esgrimidos a lo largo de todo el recorrido parlamentario. Philippe Vigier (MoDem), relator general de la norma, insistió: “Este texto es equilibrado. Es un derecho adicional para los enfermos en situación de gran sufrimiento que no le quita ningún derecho a nadie”.
Por su parte, Agnès Firmin Le Bode (Horizontes), exministra delegada de Sanidad y arquitecta del primer proyecto de ley sobre el final de la vida, argumentó que “la República no decide sobre la muerte de nadie, pero escucha la voluntad de quienes, frente al sufrimiento supremo, reclaman la libertad suprema”.
Desde las filas ecologistas, Sandrine Rousseau concluyó con un llamamiento: “Que la República entre en este hemiciclo y acompañe con dignidad, hasta el último momento, a quien cree en el cielo y a quien no cree”, según recoge La Croix.
El debate finalizó a las 19:25 h., cuando la presidenta de la Asamblea Nacional, Yaël Braun-Pivet, decretó el fin de la sesión. Desde las tribunas de invitados observaba la escena, emocionado, el diputado Olivier Falorni, histórico promotor de esta causa.
Con esta votación, presentada como un avance por unos y considerada una ruptura antropológica peligrosísima por otros, Francia cruza un umbral sin retorno y se incorpora al pequeño grupo de países que han decidido legalizar y normalizar el suicidio asistido y la eutanasia.