La periodista de la agencia Servimedia ha elaborado un delicado perfil sobre el actual Pontífice y su carisma
Almudena Hernández, periodista
Es una periodista asfáltica, de las pegadas a la realidad. De las que conoce el hecho religioso desde dentro porque lo trabaja cada día para la agencia Servimedia. El olfato adquirido desde la experiencia de lo cotidiano le ha permitido elaborar un perfil afinado del primer Papa agustino de la historia en ‘León XIV, el León de la paz’ (Sekotia).
PREGUNTA.- Su libro se publicó antes de que el Papa aterrizara en Madrid. Amén de añadir un capítulo más sobre la visita, ¿cambiaría algo o lo que hemos visto en España es lo que usted relataba en su exhaustivo perfil?
RESPUESTA.- El Papa ha corroborado en su visita a España que una no andaba muy desencaminada. ¡Y con creces! Como escribió el presidente de la Conferencia Episcopal, don Luis Argüello, en el prólogo, “no es una biografía al uso”, y en efecto, no lo es. ‘El León de la Paz’ es mi debut literario y con él buscaba compartir las preguntas que me surgieron al ver en Roma a este hombre vestido de blanco.
Simplemente he tratado de responderlas como sé, desde el periodismo, con documentación, una docena de entrevistas a personas de su círculo más cercano y un poquito de fe. Creo que esa búsqueda le puede servir a alguien, por eso la he compartido.
Nunca había escrito un libro y lo considero un gran reportaje (con algún capítulo a modo de crónica, la del 8 de mayo de 2026) y una entrevista final, en la que lanzo preguntas al Papa. Algunas están contestadas en las páginas de este libro. Otras quizás no tengan respuesta. Y el resto, Dios sabe si las atenderá algún día…
Ahora, a toro pasado, no creo que cambiaría mucho, pero quizás sería mucho más valiente. Hablar del Papa produce mucho vértigo, pero escribiéndolo he crecido mucho en lo personal y en lo profesional. Mientras tanto, León XIV –que lo tiene todo para ser un gran papa y apuntaba maneras– se ha convertido en un gigante. El mundo tenía en Robert Prevost un líder moral y no lo sabía. Avisé: nos iba a sorprender… ¡Y lo que le queda!
P.- Aun así, ¿podría decirse que este viaje ha sido un ‘destape’ de Robert Prevost que era una incógnita?
R.- Este viaje ha sido muchas cosas. En el libro hablo de numerosas ‘casualidades’ que me han ocurrido escribiéndolo y que he encontrado en la biografía de León XIV. Y la única explicación que he hallado es que tanta casualidad es imposible sin la mano de Dios en la historia.
La visita a España no ha sido casualidad. Ha sido una declaración de intenciones de un papa que no da por perdida a la Humanidad y que considera que España –con sus raíces cristianas– puede jugar un papel crucial como puente entre Europa, África y América.
León XIV es un papa ‘made in Spain’, a ello dediqué un capítulo, y lo ha demostrado. No sólo porque tiene buenos amigos en España y porque ha recorrido cientos de kilómetros por nuestras carreteras. Se ha visto que el Papa nos quiere, nos conoce y habla nuestro idioma, en sentido literal y figurado.
P.- Evalúe el viaje de León XIV a España del 1 al 10…
R.- Supongo que para él fue tan agotador como para quienes lo seguimos tras él en Madrid, Cataluña y Canarias, y que también creerá que habrá muchas cosas que mejorar para próximas ocasiones… Pero él lo convirtió en un 10. Haciendo un guiño al lema ‘Alzad la mirada’, el Santo Padre no apartó la vista de lo verdaderamente importante: la custodia consagrada y la centralidad de Cristo.
P.- ¿Cómo se explican esos siete minutos de aplauso en Las Cortes tras un discurso que podría resultar incómodo para todos los partidos políticos?
R.- Mi optimismo me lleva a pensar en que hay esperanza para política en España. El mensaje de ‘El León de la paz’ radica en que la paz de Cristo resucitado que compartió Robert Prevost desde el 8 de mayo de 2025 es para todos, no sólo para los mandatarios, también para los líderes sociales y para cada uno de nosotros, en nuestros ámbitos de acción, en casa, en el trabajo, en la escuela, en el barrio, con los amigos…
Como la verdad no se puede tapar con un dedo, también quiero creer que lo que ocurrió en el Congreso fue que sus señorías se quedaron sin palabras por escuchar tantas verdades juntas y sin anestesia. Ojalá haya removido sus conciencias.
‘El reto de un papa que ruge contra la polarización’ es el subtítulo del libro: en Las Cortes vimos la fuerza que tiene León XIV cuando ‘ruge’ con mansedumbre, con esa “paz desarmada y desarmante”, en defensa de la dignidad humana, por el bien común y la justicia.
P.- A la luz de su libro, ¿qué puede y debe aportar un hombre con ADN agustino al pastoreo de la Iglesia universal?
R.- Conocer un poquito el espíritu agustiniano ha sido uno de los premios que me he llevado en todo este proceso de ‘parir’ un libro. León XIV es agustino por los cuatro costados, se nota, y se va a notar. Cuando entrevisté a varios miembros de la Orden de San Agustín para conocer mejor a Robert Prevost los pregunté ‘¿qué pueden aportar un santo del siglo V y una orden medieval al mundo actual?’
La unidad, la interioridad, la centralidad de Cristo, la caridad, la comunidad, el estudio son conceptos muy agustinianos y tan revolucionarios como antiguos. Pero no están caducados, van al pelo con las preguntas fundamentales del ser humano actual en este mundo crispado y perdido en el que vivimos, que anda sediento de esos conceptos.
San Agustín también es un autor muy repetido en el Concilio Vaticano II. León está explicando sus documentos en las catequesis de los miércoles. Y, no olvidemos, este papa también está capeado en el Sínodo de la sinodalidad, en el ‘caminar juntos’…
Ya hemos visto alguna pista de esos referentes en los nombramientos que ha hecho en los primeros compases de su pontificado, incluidos los de algunas mujeres, y en los consistorios de cardenales. Creo que está llamando a todos para ser uno en Cristo, como dice su lema pontificio, muy agustino también.
P.- León XIV y Francisco: ¿continuidad formal o de fondo?
R.- Son estilos diferentes, pero sin duda son dos hombres de Dios. Conociendo un poquito a León XIV, creo que tiene una personalidad única que aglutina muchas de las virtudes de varios de sus predecesores: el magnetismo y el carisma casi eléctrico de Juan Pablo II ante mandatarios y masas; la interioridad teológica –muy cercana a la mística– de Benedicto XIV; la ternura y la mirada a los últimos y las periferias existenciales de Francisco. León lo tiene todo para ser un gran papa.
Tendemos a pensar la vida de la Iglesia como si se tratara de una película de conspiraciones o de la presidencia del Gobierno, que cuando cambia de inquilino se derogan las principales normas que ha aprobado su predecesor. Esto no es una alternancia de poderes.
Si uno repasa los principales temas que salieron en las congregaciones generales, previas al cónclave y conoce un poco la biografía de Prevost había acertado las quinielas de aquellos días. Y Francisco tuvo mucho que ver en dejarlo bien colocado en las posiciones de salida.
León hará cambios –los está haciendo– pero es el mejor sucesor que podía tener Francisco, no sólo porque ha elegido llamarse como el fiel amigo del santo de Asís en el que se inspiró el argentino.
Me hubiera gustado ver por un agujerito las reuniones de los sábados que mantuvieron Francisco y el cardenal Prevost, para dirimir los nombramientos de los obispos. Competían a ver quién madrugaba más…
P.- La serenidad de León XIV que durante el primer año de pontificado parecía haberle sumido en el anonimato, parece haber sido clave para otorgarle autoridad, lo mismo frente a los ataques de Donald Trump que frente al cisma de los lefebvrianos. ¿De dónde viene ese estilo Prevost?
R.- Por lo que me han contado el estilo Prevost es muy rico. De entrada, parece tímido porque es tranquilo, prudente y observa mucho. Escucha. No se enfada. No se precipita en la toma de decisiones y busca personas que ayuden a destensar conflictos. Como dije antes, es agustino por los cuatro costados. Como matemático es ordenado y como norteamericano pragmático.
En las misiones en Perú aprendió a tocar las heridas de los más vulnerables y también a ser resolutivo y cercano para ayudar a curarlas. Conoce la curia y los modos italianos. Ha aprendido a ser latino de corazón. Tiene gran sentido del humor y ríe a carcajadas. Es ‘disfrutón’ con el deporte y la música y le encantan las tecnologías y los coches… Pero, sobre todo, duerme poco y reza mucho.
Varios de sus compañeros me han contado anécdotas de ‘fray Roberto’, que se quedaba después de cenar a trabajar unas horas más y luego era el primero en la capilla por la mañana. Creo que encuentra su combustible en la fe, sólo hay que ver cómo se le humedece la mirada en la consagración. Es conmovedora, creo que sigue siendo la de aquel niño de Chicago que jugaba a ser sacerdote con la tabla de planchar de su madre.
Nunca entendí, y lo escribo así en el libro, cómo la prensa retiró el foco a las pocas semanas de su elección. ¡León XIV es un filón informativo en tiempos de desinformación! No tiene la solución a todos los males ni va a arreglar los problemas de dentro y de fuera de la Iglesia, pero sí puede poner luz para que otros la encontremos. Y paz, mucha paz, es nuestro ‘León de la Paz’.