El Papa confía en el presidente de los obispos italianos para estos viajes encargados por Francisco al purpurado de Bolonia
El cardenal Matteo Zuppi en su misión diplomática en Ucrania. Foto: Vatican Media
Un llavero, una estampa de la Virgen y una fotografía del Papa. Esos han sido los tres regalos con los que el cardenal Matteo Zuppi quiso encontrarse cara a cara con decenas de prisioneros de guerra retenidos en un centro de detención de la región ucraniana de Leópolis. “Espero que pronto pongas en él la llave de tu casa para abrirla y abrazar a tus seres queridos”, dijo a los reclusos mientras entregaba el llavero con el escudo pontificio.
Después les entregó una imagen de la Salus Populi Romani, explicando que “para los cristianos es la imagen de nuestra Madre, pero para todos es la imagen de la esperanza”. El tercer regalo era una fotografía de León XIV. “El Papa me envió aquí para decirles que reza por la paz y por el fin de la guerra”.
Muy vinculado desde hace décadas a la Comunidad de Sant’Egidio, Zuppi fue uno de los mediadores de los acuerdos de paz que pusieron fin a la guerra civil de Mozambique y ha participado también en procesos de diálogo en Burundi, Kosovo o Colombia. Precisamente por ese perfil, Francisco le confió en 2023 una delicada misión para intentar abrir vías de diálogo entre Kiev y Moscú, con viajes a Ucrania, Rusia, Estados Unidos y China.
Si aquella primera visita estuvo marcada por los encuentros institucionales con el presidente Volodímir Zelenski y otros responsables políticos y religiosos, esta vez el foco ha estado puesto en los prisioneros de guerra. Por este motivo Zuppi ha visitado el centro de detención de Zakhid-1, en la región de Leópolis, acompañado por el nuncio apostólico en Ucrania, Visvaldas Kulbokas, y por el embajador ucraniano ante la Santa Sede, Andrii Yurash. El complejo alberga combatientes capturados por el ejército ucraniano, no solo de nacionalidad rusa, sino también bielorrusos y ciudadanos de otros países que participaron en el conflicto.
Durante el recorrido pudo conocer las instalaciones —habitaciones, enfermería, capilla, zonas comunes y espacios para las visitas— y conversar personalmente con numerosos internos. Entre ellos, tal como recoge Vatican News, un joven de apenas 25 años que había perdido una pierna durante la guerra y caminaba con muletas le preguntó su edad antes de decirle: “Eres muy joven. Ojalá puedan ponerte pronto una prótesis”.
“El papa León me ha enviado aquí, junto al nuncio, para daros una gran esperanza para el futuro. Reza por vosotros para que la guerra termine y podáis volver a casa”, explicó. Después sacó de una bolsa las pequeñas cajas blancas con los regalos enviados por el Pontífice.
“Cuando estamos lejos de casa pensamos en quienes nos esperan”, les explicó mientras entregaba el llavero. “Lo que queremos deciros hoy es que miréis al futuro con esperanza, que podáis regresar a casa y que esta guerra termine. Nosotros rezamos mucho para que acabe cuanto antes”.
La última parada fue la pequeña iglesia del centro penitenciario, donde Zuppi quiso concluir la visita con una oración. “Oremos para que encontréis pronto el camino de vuelta a casa y podáis comenzar una nueva vida”, dijo el cardenal. “Incluso aquí dentro tiene que nacer algo nuevo”, dijo señalándose el pecho. “Habéis visto muchas cosas malas, cosas terribles que nunca deberían suceder. Pero Dios siempre nos da esperanza. No permitamos nunca que el mal crezca en nuestro corazón. Dios nos ayudará siempre a vencerlo”.
El presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) ha pasado este 15 de julio su tercer día de misión en Ucrania, concretamente en Kiev. En su misión, comenzada en 2023, busca facilitar el intercambio de prisioneros de guerra, el retorno de los niños que, según Ucrania, fueron llevados a Rusia por la fuerza, y la repatriación de restos mortales.
En su agenda, Zuppi tiene previsto reunirse hoy con las asociaciones y ONG locales que trabajan en estos ámbitos. Sin embargo, no se reunirá, al menos hoy, con el presidente Volodímir Zelenski, con quien se reunió hace tres años.