Primer gol del Mundial de Fútbol 2026. Foto: EFE
Lo que a nivel de clubes es el Real Madrid, el equipo más laureado del planeta, en el de selecciones lo es Brasil, con cinco Mundiales. Sin embargo, el hecho de que lleven desde 2002 sin ganar uno y que en el presente hayan sido eliminados en octavos por Noruega, ha generado todo un debate nacional.
Así, al emerger la gran pregunta, “¿qué nos pasa?”, es significativo que, en las redes sociales, sean muchos los que apuntan a un factor que puede parecer sorprendente: la religión.
Como se hace eco el medio ‘Perfil’, el investigador Ricardo Lobato lo ha analizado en un estudio titulado ‘El ocaso de la inventiva: cómo el discurso explica la (nueva) matriz brasileña’.
Básicamente, su teoría es que, a nivel sociológico, en las últimas décadas, el histórico sincretismo brasileño, “que combinaba devoción católica” con los “ritmos populares” propios de la ‘malandragem’ (astucia y vivacidad para hacer frente a las situaciones de la vida), “fue suplantada por la Teología de la Prosperidad”.
Esta corriente teológica pentescostal es la misma de la que beben los pastores evangélicos que sostienen en Estados Unidos a Donald Trump y que tienen fuertes conexiones con el sionismo y los intereses políticos del estado de Israel.
Así, su principal mantra es que todo beneficio que un individuo recibe en su vida obedece a una especie de ‘contrato’ con Dios, que otorga según le es ofrecido. Así, por ejemplo, si alguien es rico o triunfa laboralmente es porque el Creador así lo ha querido para ese individuo que, previamente, se lo ha implorado en oración.
Para Lobato, la transformación en el país es obvia: si, en 1970, los evangélicos eran el 5,2% de la población y no había ninguno presente en la ‘canarinha’, en 2026, esta corriente cristiana aglutina al 26,9% de los brasileños, con 14 jugadores de 23 en el combinado nacional dirigido por Carlo Ancelotti.
¿En qué se traduce esto sobre el césped? En que, si antes, el típico jugador brasileño se había forjado jugando en las favelas y había fomentado allí un estilo alegre, rebelde y basado en la improvisación, ahora, la nueva corriente religiosa prescinde de la ‘malandragem’, que se considera irreverente, e impone un estilo atlético y mecánico, más propio, por ejemplo, de Alemania.
Así, al apostarse por ahogar los impulsos más genuinos, íntimos, alegres y originales, y al imperar ante todo el orden y la disciplina, es como Brasil habría dejado de ser una selección ‘única’ y habría pasado a ser ‘una más’…
Más allá de que, en general, el fútbol mundial ha cambiado mucho y el rigor táctica, así como el juego colectivo, están desplazando ‘el arte’ y ‘la diversión’ que todo jugador habilidoso antepuso cuando era niño, es significativa esta interpretación.
A ella se suma, por ejemplo, el politólogo Elvin Calcaño, que, en su cuenta de X, aprecia que “el fútbol brasileño tenía una identidad enraizada en la exuberancia, fiesta y colorido propios de una cultura hija del sincretismo entre lo católico y los imaginarios religiosos de origen africano”.
En Brasil están atribuyendo el declive de su selección de fútbol al avance del evangelismo. Y no me parece descabellado pensarlo. Por lo siguiente:
1. El fútbol brasileño tenía una identidad enraizada en la exuberancia, fiesta y colorido propios de una cultura hija del…
— Elvin Calcaño (@elvin_calcano24) July 9, 2026
Hasta el extremos de que, “cuando Brasil arrasaba en los Mundiales, sus jugadores llegaban a los estadios cantando samba y tocando tambores afrobrasileños. El juego en la cancha no era más que la extensión del festejo”.
Así sucedía “cuando los jugadores eran católicos y practicantes del sincretismo afrobrasileño”. Sin embargo, “hoy, los jugadores de Brasil son mayormente evangélicos. Y el evangelismo, dada su matriz dispensacionalista y su escatología cerrada, expulsa toda forma de sincretismo: de diversidad”.
Algo que también tiene su eco más allá del juego, cuando llegan las derrotas. De hecho, mientras, “en el catolicismo, cuando uno se equivoca o le va mal, debe reflexionar y buscar causas para mejorar, en la escatología evangélica ya todo está escrito. Si ganan el Mundial es porque Dios así lo quiso. Y, si pierden estrepitosamente, como ahora, es porque los tiempos de Dios son perfectos…”.
La consecuencia para un jugador es que, desde esta perspectiva metafísica, “ya nunca es responsable”, pues, al fin y al cabo, “todo está en manos de Dios, quien de antemano determina lo que va a pasar”.
En conclusión: el ‘jogo bonito’ de los Pelé y Garrincha ha sido sustituido por una Brasil mecanizada, atlética y mucho menos alegre. ¿La ‘culpa’ es de Dios? El debate, para muchos, está abierto.