África

Juan José Aguirre vuelve a Córdoba tras toda una vida en Bangassou: “Regalé el coche y mis ropas las repartirán entre los pobres”

| 29/06/2026 - 16:13

  • Después de pedirlo hace cinco años por salud, el Papa ha nombrado a Aurelio Gazzera como su sucesor
  • Reconoce a Vida Nueva que puede volver en septiembre a República Centroafricana para dirigir su OMP





El pasado 24 de junio, el Papa aceptó la renuncia de Juan José Aguirre como obispo de Bangassou, en República Centroafricana. Como ya se esperaba desde hacía dos años, cuando, por petición del comboniano cordobés, cuyo estado de salud es frágil, se nombró como prelado coadjutor al carmelita descalzo italiano Aurelio Gazzera, este es el nuevo pastor titular.



A sus 72 años, Aguirre dice adiós (físicamente, jamás espiritualmente) a la misión de su vida. Y es que se ha encarnado plenamente en un pueblo, el centroafricano, crucificado por la violencia y el desamparo, siempre desde intereses ajenos a la población local.

Nombrado por Juan Pablo II

La misma a la que le ha dado todo desde que llegara allí hace 47 años. Un reto que fue a más cuando, en 1997, Juan Pablo II le nombró obispo adjutor de Bangassou y, tres años después, en el 2000, ya se convirtió en su pastor titular.

El misionero español admite a Vida Nueva que “fue hace cinco años cuando ya le pedí el relevo a Francisco. Después de tres infartos y con nueve muelles en el corazón, sufrí una tromboflebitis en la pierna en un viaje a Roma. Estaba muy cansado, pues la exigencia es muy grande en una diócesis como la mía, con 135.000 kilómetros cuadrados”.

Tras ser León XIV quien le haya ofrecido al fin el merecido descanso, reconoce la paz que le embarga “al poderme decir, oficialmente, obispo emérito de Bangassou”. Y más cuando sabe que Gazzera es el candidato ideal para recoger su testigo: “En estos dos años hemos trabajado juntos y, aunque ahora estoy mucho mejor de salud, es el momento de que yo levante el vuelo y él vuele con sus propias alas”.

Meses de transición compartida

En estos meses de transición compartida, “le he traspasado la memoria histórica de la diócesis, pues hemos hecho cantidad de confirmaciones juntos y hemos visitado todos los lugares. Han sido muchas horas de conversaciones y de compartir las alegrías y las penas”.

En estas últimas semanas, ante la inminencia del anuncio, “he ido despidiéndome de mis curas y mis monjas, que me han dedicado mensajes preciosos. Hasta el punto de desear que ojalá que todos los obispos del mundo pudieran irse rodeados de palabras tan bonitas y tiernas como las que me han regalado”.

Llegada la hora del adiós, se van tan desnudo como llegó hace casi medio siglo: “He regalado el coche y mis ropas se las di a las hermanas para que las repartieran entre los pobres. También he pedido que hagan lo que quieran con los despachos diocesanos. Ya estoy en Córdoba y, como Antonio Machado, vengo ‘ligero de equipaje’… De hecho, solo he traído lo necesario: algunos libros y poco más”.

Como Pedro Casaldáliga

Citando a Pedro Casaldáliga, espera poder decir lo mismo que él: “Cuando yo muera, abriré mi corazón… Y este estará lleno de los nombres de tantas personas que he amado y que me han amado”. Y es que, después de casi medio siglo allí, tiene claro que “en Bangassou dejo a mi familia”.

Siendo un hecho que “tendré que irme poco a poco ‘desenganchando’ de mi gente, ahora habré de llenar la vida de algo que la ‘caliente’… Lo que no me preocupa, pues al Señor lo traje conmigo, no lo dejé en Bangassou. Él me llena el corazón cada día, con su presencia que habita mi piel”.

Eso sí, de cara al nuevo curso, no es nada descartable que esté de nuevo en la República Centroafricana: “La Conferencia Episcopal de allí y la nunciatura están preocupadas por la situación que se vive en las Obras Misionales Pontificias (OMP) locales y me han pedido que vuelva en septiembre para dirigirlas”.

Momentos de incertidumbre

Aunque aún no se sabe qué pasará finalmente, “Roma prefiere que sea un obispo el que busque que todo salga adelante en los momentos de incertidumbre… Así que ya veremos qué ocurre”.

En caso de concretarse este proyecto, “me han dicho que sería por cinco años. Como creo que se me puede hacer muy largo por mi salud, me proponen que esté dos o tres para clarificar la situación y luego designarán un ayudante”.

Ahora le tocará “discernirlo”, pero “en paz” y con la certeza de que, “si la Iglesia me necesita, allí estaré”. Además de que le sería algo más fácil, pues “viviría en la casa de mis hermanos combonianos en Bangui, la capital, formando parte de su comunidad”.

Jóvenes que ha salido adelante

Echando la vista atrás, celebra que el gran tesoro que se lleva son las personas que han acabado siendo dueñas de su destino: “Conocí a muchos niños, incluso a bebés, que llegaron a nuestros centros y orfanatos sin nada… Tras poderles ayudar a estudiar, han ido a la universidad y, con su diploma en la mano, hoy son profesionales en entidades como Médicos Sin Fronteras y otras muchas más”.

Así, se muestra feliz por el hecho de que “les hemos dado una oportunidad y no han tenido que coger una patera y jugarse la vida en el cementerio sin lápidas que, como nos ha dicho el Papa, es el Mediterráneo. Me quedo con eso. Y sé que, si estoy de vuelta en Bangui, me encontraré con muchos otros jóvenes a los que pode acompañar”.

A sus curas, como ellos le han repetido estos días, “les han quedado grabadas frases como esta que les repetía constantemente: ‘Prohibido desanimarse’. Eso tuvo su plena dimensión un día en que, en la guerra, un grupo de mercenarios entraron en la misión y nos robaron todo, todo. Ahí también les marcaron estas palabras que me salieron del corazón: ‘Nos lo han quitado todo, menos la fe’”.

Antes de despedirnos, Aguirre nos regala otra frase: “Tras 47 años, he gastado aquí mi vida… Y, si pudiera volver a nacer, le pediría a Dios gastarla exactamente del mismo modo”.

Noticias relacionadas