Vaticano

León XIV sentencia: Aplicar la sinodalidad es “una nueva recepción del Vaticano II”

| 27/06/2026 - 18:31

En la recta final del consistorio y en nombre del Papa, el cardenal Mario Grech insta a “alentar la recepción y superar malentendidos”





“El camino sinodal requiere nuestro apoyo, nuestro discernimiento y nuestra cercanía a las Iglesias”. En palabras del cardenal Mario Grech, estas son las coordenadas que León XIV ha establecido para los cardenales con la vista puesta en aterrizar la hoja de ruta establecida por el papa Francisco con relación a la sinodalidad que el Pontífice agustino ha asumido como propias.



El secretario general del Sínodo de los Obispos ha sido el encargado de tomar la palabra en la sesión de tarde de esta segunda jornada del consistorio extraordinario convocado por Robert Prevost. Al término de su exposición intervinieron varios cardenales que, lejos de cuestionar las propuestas que lanzó, respaldaron la sinodalidad frente al clericalismo. Únicamente advirtieron el riesgo de que los procesos de consulta que se abren en este tiempo a escala global puedan sobrecargar a las comunidades católicas.

Renovación misionera

Más allá de estos detalles, el respaldo a lo expuesto por el cardenal Grech fue unánime. En su discurso, el purpurado explicó que “la  fase  de  implementación  se  convierte  en  una  nueva  etapa  en  la  recepción  del  Concilio Vaticano II y en la renovación misionera de la Iglesia dentro de las realidades concretas de la vida eclesial”.

“Esta es la responsabilidad que el Santo Padre, el Papa León XIV, nos anima a asumir juntos: no solo conservar  una  herencia  recibida,  sino  hacerla  fructificar  en  la  vida  de  las  Iglesias  y  en  la  misión confiada a la Iglesia en nuestro tiempo”, comentó, sabedor de que sus palabras estaban supervisadas por su ‘jefe’ inmediato.

“Todos compartimos la responsabilidad de custodiar la comunión eclesial y de hacer avanzar la misión de la Iglesia”, aseveró. Y añadió: “Por esta razón, la contribución del Colegio Cardenalicio será especialmente importante en los próximos años”.

En este sentido, advirtió a sus interlocutores de su misión de “alentar procesos de recepción,  ayudar a superar malentendidos y temores, y  favorecer  un  clima  de  confianza  y  comunión”.

Más participación

Además, describió cómo ha de desarrollarse la actual fase  de implementación del Sínodo. “Esta no es una intervención destinada a persuadir a nadie de la necesidad o fecundidad del Sínodo”, alertó desde un primer momento, sabedor de que la acogida a este modelo de ser Iglesia más participativo y corresponsable no ha sido “uniforme”. “En algunos lugares, el camino fue acogido con entusiasmo; en otros, encontró resistencias, dificultades y preguntas”, admitió el purpurado en su alocución.

En cualquier caso, puso en valor cómo se ha reforzado el “deseo extendido de participación, escucha mutua y discernimiento comunitario”. La conversación en el Espíritu promovida como metodología ha permitido, según Grech, enfatizar que “el discernimiento  eclesial  no  consiste  principalmente  en  el  intercambio  de  opiniones,  sino  en  una búsqueda compartida de lo que el Espíritu dice a las iglesias actualmente”.

No más consultas mundiales

El cardenal maltés aclaró que la nueva etapa que se abre no incluye otra “consulta mundial”: “No se nos pide repetir el trabajo ya realizado”. Para el purpurado, el término “implementación” no supone una “simple aplicación de decisiones ya tomadas” o “un conjunto de tareas por realizar”.

 

León XIV, durante el consistorio de junio de 2026. Foto: Vatican Media

“No es este el sentido que queremos darle. Más bien, se nos invita a recoger los frutos de la experiencia vivida”, comentó. Justo después, apuntó que se trata de analizar lo que las Iglesias locales “han  experimentado,  reconocer  los frutos  que  han  madurado,  identificar  las  conversiones  que  todavía  son  necesarias  y  a  traducir gradualmente en la vida ordinaria de las comunidades las intuiciones surgidas a lo largo del camino”.

Así pues, Grech adelantó que se llevarán a cabo asambleas nacionales,  regionales  y  continentales  que buscarán ser “lugares de encuentro” para “favorecer el diálogo”, y no tanto entendidas como auditorías o espacios de “ mera  transmisión  de  información”.

El papel de los báculos

En su intervención, el secretario general del Sínodo de los Obispos subrayó que el obispo “desempeña un papel insustituible”. “El obispo es el primer  responsable  del  camino  sinodal  en  la  Iglesia  confiada  a  su  cuidado”, sentenció, en tanto que “es  responsable  de favorecer  el  discernimiento,  custodiar  la  comunión,  alentar  la  participación  y  guiar  el  proceso  de recepción”.  “Junto  a  él  trabajan  muchos  otros  y  numerosas  realidades  eclesiales:  equipos  sinodales, organismos  de  participación,  ministros  ordenados,  hombres  y  mujeres  consagrados,  asociaciones, movimientos, instituciones de formación, familias, jóvenes y comunidades locales”, añadió justo después.

Con estas premisas las etapas de la implementación sinodal estarían identificadas por cuatro verbos: recordar, interpretar, orientar, celebrar. Este proceso, según el purpurado, busca abrir  “procesos más prometedores, afrontar las cuestiones que permanecen abiertas y ofrecer orientaciones capaces de dirigir el itinerario futuro”.

La futura asamblea eclesial

Todo este itinerario desembocará en la asamblea eclesial prevista para el año 2028 y que presidirá el Papa. “Deberá ser precisada ulteriormente a la luz del camino que las Iglesias emprenderán en los próximos años”, comentó. Eso sí, aclaró que “no está concebida como una nueva Asamblea sinodal”.

Sobre la implicación de los cardenales en esta agenda sinodal, Grech apuntó que el Consistorio está llamado a “ejercer  un  ministerio  de  discernimiento  y testimonio”. “De este modo, todos somos herederos e intérpretes fieles de la eclesiología del Concilio Vaticano II: esa eclesiología del Pueblo de Dios y de la comunión”, desarrolló el cardenal.

Es más, defendió que su labor resulta fundamental: “La sinodalidad sin el ministerio de los Pastores correría el riesgo de perder su fundamento eclesial. La Colegialidad sin la escucha del Pueblo de Dios correría el riesgo de no beneficiarse plenamente de la riqueza de los dones que el Espíritu distribuye en toda la Iglesia”.

Con todos estos ingredientes, Grech insistió en que la sinodalidad no es un modelo de gestión, sino que está orientado a que la Iglesia pueda resituarse para ser fiel a su misión evangelizadora en medio de “un mundo marcado por profundas transformaciones”, con guerras, desigualdades, pobreza… “Ante estos desafíos, la sinodalidad aparece cada vez con mayor claridad como un recurso misionero”, argumentó.

Noticias relacionadas