A pesar de la situación tan crítica, apelan a la esperanza, porque “Bolivia ha sabido superar momentos complejos”
Disturbios en Bolivia
Van más de 51 días de protestas en Bolivia y a pesar de un intento de diálogo con los sectores campesinos, indígenas y sindicales, el presidente Rodrigo Paz ha decretado un Estado de excepción por 90 días.
Paz informó que esta medida extrema se toma en respuesta a la severa escasez de combustibles, medicinas y alimentos con pérdidas económicas que ascienden a los 3.000 millones de dólares.
Así pues, el Ejército y la Policía trabajarán en coordinación para custodiar plantas de energía, aeropuertos e infraestructura clave, además de usar maquinaria pesada para remover escombros de las vías bloqueadas.
Queda prohibido obstruir el libre tránsito, por lo que todo bloqueo quedará tipificado como un delito habilitando la actuación de las fuerzas militares. El objetivo es devolver la libertad de circulación, justificó el presidente.
Los obispos bolivianos han expresado su preocupación ante esta medida, por lo que pide a las autoridades, instituciones y toda la ciudadanía “actuar con serenidad, responsabilidad y un profundo respeto por la dignidad de cada persona”.
Señalan que estos 51 días de dificultades ha traído “incertidumbre y angustia” a muchas personas que ven afectada su vida cotidiana y medios de sustento.
Comprenden que esta medida busca garantizar la libre circulación, pero aconsejan al Gobierno aplicarla en el marco de la Constitución, respetando el Estado de derecho y los derechos humanos, que “son un bien irrenunciable para todos”.
“Exhortamos a las fuerzas encargadas de preservar el orden público a actuar con prudencia, proporcionalidad y respeto por la vida y la integridad de las personas”, sostuvieron.
Los prelados pidieron a los sectores movilizados “evitar toda forma de violencia, enfrentamiento o provocación que pueda aumentar el sufrimiento de nuestro pueblo y dificultar aún más la búsqueda de soluciones”.
Abogaron por las familias que esperan alimentos, enfermos que requieren atención médica y con quienes requieren combustible para trabajar.
A pesar de la situación tan crítica, apelan a la esperanza, porque “Bolivia ha sabido superar momentos complejos cuando sus hijos e hijas han sido capaces de reencontrarse, escucharse y poner el bien común por encima de los intereses particulares”.
“Hoy más que nunca necesitamos tender puentes, sanar heridas y recuperar la confianza mutua. El camino de la reconciliación no es signo de debilidad, sino de grandeza; es la fuerza de quienes creen que un futuro mejor es posible”, finalizaron.