El Papa ha presidido la eucaristía en la plaza de Cibeles, que concluye con la procesión por la calle Alcalá ante la mirada de más de un 1,2 millones de fieles
León XIV en la misa de Cibeles. Foto: EFE
“Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”. Así lo ha afirmado el papa León XIV durante su homilía en la misa en la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Chisti) desde el altar de la plaza de Cibeles. Una cita diferente para el Pontífice, pues no procesionará hoy por las calles de su diócesis: Roma. Pero también lo ha sido para los fieles, que pueden comulgar gracias a los 2.300 ministros extraordinarios.
Un total de 1,2 millones de católicos han colapsado las calles de Madrid para la eucaristía presidida por el Papa, que concluirá con la procesión por la calle Alcalá y la bendición eucarística impartida por el Pontífice segundos antes de marcharse a la Nunciatura Apostólica, donde tendrá hoy un encuentro privado con la Orden de San Agustín previo al encuentro con el mundo de la cultura en el Movistar Arena.
Con la custodia del Ayuntamiento procesionará León XIV y, como es habitual en las diócesis, lo hará acompañado por miembros de hermandades y asociaciones, niños de Primera Comunión, seminaristas, religiosos, sacerdotes, cardenales, arzobispos y obispos.
León XIV en la misa de Cibeles. Foto: EFE
Robert Francis Prevost ha abandonado esta mañana la Nunciatura en coche, pero al llegar al centro de la capital se ha cambiado al papamóvil para poder estar más cerca de los fieles llegados desde todas las diócesis españoles. Especialmente, jóvenes, que han hecho doblete después de la vigilia de ayer y han continuado gritándole al Pontífice, bajo un sol de justicia, que ellos son “la juventud del Papa”.
Pocos minutos antes de las 10:00 entró a la sede del Ayuntamiento de Madrid, donde José Luis Martínez-Almeida le entregó la llave dorada de la ciudad con la presencia de los Reyes de España y sus hijas.
León XIV pudo firmar en el libro de honor antes de entrar a la sacristía para dar comienzo a una celebración que ha contado con un gran coro y orquesta sinfónica formados por cerca de 400 componentes procedentes de músicos de la JMJ, el Coro de San Juan de Ávila y las escolanías de los agustinos del Monasterio del Escorial y de los benedictinos del Valle de los Caídos.
León XIV en el Ayuntamiento de Madrid. Foto: EFE
Antes de las lecturas y peticiones -en español-, el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, le ha dado la bienvenida al Papa. “Santidad, hoy Madrid se convierte en casa abierta. Ciudad acostumbrada al ruido y al paso apresurado, se transforma en asamblea convocada por Dios. Bajo este cielo de Cibeles, Cristo mismo vuelve a reunir a su pueblo para alimentarlo con el Pan de la Vida en la solemnidad del Corpus Christi, una celebración profundamente arraigada en la historia y en la fe de nuestro pueblo”, ha comenzado diciendo.
Y ha proseguido Cobo: “Antes de comenzar esta Eucaristía queremos, sobre todo, disponernos a la acogida: acoger al sucesor de Pedro, que viene a confirmarnos en la fe, a sostener nuestra esperanza y a recordarnos que la Iglesia solo es verdaderamente ella misma cuando vive para anunciar el Evangelio y servir a los más pequeños”.
Cobo le ha expresad al Papa que, gracias a la Virgen de la Almudena -patrona de la capital-,”esta Iglesia ha aprendido que no está llamada a levantar muros que separen, sino a abrir puertas y a avivar las llamas de la presencia diversa, amable y creativa del Espíritu Santo en medio de nuestra ciudad”.
Por eso, “hoy salimos de la comodidad de nuestros templos y salimos al corazón de la ciudad para proclamar que Dios sigue habitando en medio de su pueblo y nos envía a construir un mundo más fraterno, donde nadie quede invisible y donde el pan llegue a todos”, ha remarcado Cobo.
“Santidad, en las manos del sucesor de Pedro, el Cuerpo de Cristo recorrerá hoy las calles de Madrid. Y esa imagen nos recordará lo que la Iglesia está llamada a ser: un pueblo que lleva a Cristo junto a la vida de nuestros conciudadanos, compañero de camino para los cansados y esperanza para todos”, ha concluido Cobo.
“Con el corazón colmado de alegría, al inicio de este viaje a España, presido esta celebración en el día de la Solemnidad del Corpus Christi”, ha comenzado diciendo el Pontífice.
Y ha continuado Prevost: “Estamos reunidos en torno a la Eucaristía, el don de la presencia viva de Cristo en medio de nosotros. Él, que quiso ofrecernos su vida para hacernos entrar en la comunión del Padre y convertirnos en hijos suyos, está aquí, como Pan vivo bajado del cielo, que nos alimenta con la misma vida de Dios, con un amor más fuerte que la muerte”.
Como ha recalcado el Pontífice, “esta memoria del Señor presente en el Pan eucarístico está en el corazón de vuestra fe y de la historia de vuestro pueblo. Aquí en Madrid, pero también en tantos otros lugares de España, el Corpus Christi no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios”.
“Las solemnes procesiones de este día han plasmado durante siglos la piedad, el arte, la música, la arquitectura y la vida del pueblo español y, todavía hoy, expresan y manifiestan el sentimiento espiritual de este país también a través de la belleza y la elegancia de las alfombras florales, de los altares en las calles, del cuidado de las custodias y de los expositores, de los cantos y de los ornamentos”, ha valorado el Papa.
En el mismo sentido, ha insistido en que “no se trata de una manifestación exterior, de una supervivencia folclórica o de un simple adorno estético: aquí se trata de la fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros, que se hace pan para nuestra hambre de vida y visita los rincones de nuestro corazón y de nuestra historia, también los más oscuros”.
Misa de León XIV en Madrid en la Solemnidad del Corpus Christi. Foto: EFE
Según las palabras del Papa, “si en la celebración eucarística Cristo se entrega como alimento, la procesión dice que Él no permanece encerrado en el templo, sino que sale a nuestro encuentro. Jesús camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana”.
“Él es el Dios cercano que camina con su pueblo, el Señor de la historia, consuelo de los débiles, luz para las familias, esperanza para los enfermos, paz para quien sufre. El Cristo que pasa por las calles en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados. No es casual que aquí, en España, la Iglesia haya unido durante años la solemnidad del Corpus Christi con el Día de la Caridad”, ha agregado Prevost.
Tal y como ha insistido el Papa, “no se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión, a cambiar la mirada, a acoger su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo”.
Por eso, “la memoria histórica de las procesiones del Corpus Christi no se deja aprisionar por un recuerdo nostálgico; se convierte, en cambio, en una invitación para el hoy, para nuestra vida personal, para nuestras relaciones, para la sociedad, para la construcción del futuro”, ha afirmado el Papa.
En este punto, el Papa ha instado a los católicos españoles a “no olvidar quién es el Señor, para no caer en la tentación de confiar en otros ídolos y alimentarse de un pan que no sacia”.
Asimismo, se ha lanzado con una encomienda para nuestro país: “Que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy”.
“Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo; una escuela que nos enseña la gratuidad del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común”, ha aseverado el Pontífice.
Casi al término de su homilía, el Papa ha destacado la figura de dos santos españoles: san Manuel González, el obispo de los sagrarios abandonados, y san Juan de la Cruz, por su ‘Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe’).
León XIV ha pedido volver “a Él con amor sincero. Abrámonos al encuentro con Él, dejemos que hidrate las sequedades de nuestro corazón, para salir después a los caminos de la vida y de la historia y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca, corriente de amor, de paz, de justicia y de alegría”.
“Bebamos de nuevo de esta fuente eucarística, que no nos encierra en una devoción privada, sino que nos envía a regar a los hermanos, a las familias, a los pobres, a quienes sufren, a quienes han perdido la esperanza. La gracia eucarística nos transforma, pero también nos convierte en protagonistas de la transformación de la historia y en signo de esperanza para quienes encontramos”, ha subrayado el Papa.
Y, para despedirse, un deseo esperanzado: “Que el Señor Jesús presente en la Eucaristía os haga pan partido, entregado y ofrecido, para que una vida plena pueda brotar para vosotros, para vuestras familias y para vuestro país”.