En 1982, Juan Pablo II fue el primer papa que vino a España y luego repitió visita en 1984, 1989, 1993 y 2003. Benedicto XVI estuvo en 2006, 2010 y 2011… Ahora, cuando llega León XIV, surge una gran pregunta: ¿qué queda del país que se encontraron Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger respecto al que ahora abrazará Robert Prevost?
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El sociólogo Sebastián Mora, secretario general de Cáritas Española entre 2009 y 2017 y profesor de la Universidad Pontificia Comillas, en Madrid, destaca a Vida Nueva que “la España que encontró Juan Pablo II en sus primeras visitas estaba inmersa en la consolidación democrática y afrontaba profundas transformaciones políticas, sociales y culturales”.
La Iglesia aún era una referencia relevante
Entonces, “la Iglesia aún era una referencia relevante para amplios sectores de la población, aunque ya comenzaba una secularización que marcaría las décadas siguientes”.
Benedicto XVI “visitó una nación más plural y próspera, pero también más tensionada en torno al papel público de la religión, la familia, la educación o la bioética. Era un momento de fuerte confrontación cultural entre sectores eclesiales y políticos”.
Hoy, “la secularización es mucho más profunda y la cuestión religiosa ocupa un lugar menos central. Pero han emergido otros desafíos: la desigualdad persistente, la pobreza infantil, la crisis de acceso a la vivienda, la soledad, la fragilidad democrática, la desconfianza hacia las instituciones y una creciente polarización que erosiona los vínculos sociales”.
Menos enfrentada en torno a la religión
Así que Prevost “encontrará una sociedad menos enfrentada en torno a la religión, pero más fragmentada en términos sociales y relacionales”.
Para el director de la Cátedra José María Martín Patino, “más que intervenir en debates identitarios, el Papa animará a reconstruir la confianza, fortalecer la cohesión social y promover una ciudadanía capaz de dialogar y cooperar. El reto ya no es solo qué pensamos, sino cómo seguimos viviendo juntos”.
El también sociólogo Fernando Vidal, compañero suyo en la Universidad Pontificia Comillas, donde dirige la Cátedra Amoris laetitia, aprecia que “la singularidad del hecho español continúa viva y define a la gente y a muchas instituciones”.
En ese sentido, nos marcan “la vitalidad relacional, la capacidad para la mezcla cultural y, fruto del Siglo de Oro, tras ser el mayor Imperio, la conciencia del valor del impoder [la renuncia voluntaria al dominio]; lo que solo se consigue con amor, paz, alegría o esperanza”.
Tres rasgos singulares
De hecho, León XIV apreciaría que “estos tres rasgos singulares” tienen “un gran valor para las circunstancias que atraviesa el mundo”, por lo que España “puede hacer una gran contribución al proyecto de la ‘Magnifica humanitas’”.
Para Vidal, el Papa “contempla nuestra coyuntura política desoladora, pero nos invita a ‘alzar la mirada’. Estamos en la España más segura, próspera, formada y desarrollada de toda su historia, gracias a la imprescindible pertenencia a la Unión Europea. Pero aún podríamos ser mucho mejores para nuestro desarrollo integral y para el mundo, y hay inquietud para ello”.
Así, “somos una España más verde que, pese a los incendios, ha extendido su vida natural y extraordinariamente las capacidades de energía renovables. El país se prepara para hacer frente al duro impacto del cambio climático”.
Una participación cualitativamente mayor de las mujeres
También es evidente “una participación cualitativamente mayor de las mujeres en todos los espacios de la vida pública, incluso en la Iglesia, y esto ha hecho redescubrir una relación equitativa y complementaria con lo masculino”.
En el debe, “destacan la crisis de vivienda y la precariedad, que retrasan cada vez más el ciclo familiar y la natalidad en las jóvenes parejas”. Ahí, el Papa “alentará a una mayor valoración del matrimonio, que recientemente ha comenzado a repuntar tras un largo desgaste institucional”.
Otro aspecto negativo es que, “como en otros países, emergen la soledad, el deterioro de la salud mental, la adicción a las pantallas y la pérdida de contemplación y atención. Son capacidades esenciales para sostener la vida espiritual y cultural de un país. Todo ello impacta en la educación, que sufre una gran tensión”.
Una polarización más emocional e identitaria
Sobre la crisis política, Mora considera “discutible que España esté hoy más polarizada que en otros momentos recientes. Eso sí, la polarización actual es más emocional e identitaria. No solo afecta a las ideas, sino también a cómo nos relacionamos con quienes piensan diferente”.
Echando la vista atrás, observa que “los años de la Transición estuvieron marcados por profundas divisiones políticas e ideológicas; y las visitas de Benedicto XVI coincidieron con fuertes controversias sobre el papel público de la religión, la familia o la educación, con un papel muy activo de la Iglesia. Sin embargo, con la polarización actual, no se trata solo de discrepar, sino de la dificultad creciente para construir espacios compartidos”.
En este contexto, “cuando León XIV habla de una ‘paz desarmada y desarmante’, no solo se refiere a los conflictos internacionales, sino también a una actitud personal y colectiva. En ‘Magnifica humanitas’ llama a ‘desarmar las palabras’ para construir la civilización de amor. Una paz ‘desarmada’ renuncia a convertir toda diferencia en un combate; una paz ‘desarmante’ rompe las lógicas de sospecha, hostilidad o exclusión”.
Pedagogía del encuentro
Una “pedagogía del encuentro” necesaria “en una sociedad plural, donde la fraternidad no elimina las diferencias, pero permite habitarlas de otra manera. Prevost nos animará a recuperar la escucha, el diálogo y la búsqueda del bien común como condiciones indispensables para una democracia sana, sin romper los vínculos”.
Ante esta compleja realidad, Vidal entiende que “el mundo (y España en menor medida, pero también afectada) sufre una cuádruple polarización: la económica, con la extrema desigualdad; la de la gran desvinculación social, que nos segmenta; la cultural, que cae en guerra de identidades; y la política, con los populismos”.
Sobre la económica, “León XIV nos repetirá que una economía de crecientes desigualdades es insostenible e indigna, y llamará a la justicia social, los bienes comunes y el trabajo decente”.
Para superar la gran desvinculación
Para superar la gran desvinculación, “nos convocará a una comunión social más profunda, a la unión alrededor del bien común, a recrear los lazos y la confianza social, y a la sinodalidad eclesial”.
En cuanto a la tercera, el Papa “huye de cualquier guerra cultural o espiritual, por lo que llamará a cuidar la salud mental de nuestros jóvenes, a mejorar el discernimiento público, a que la sociedad ahonde en su interioridad y a que haya un fecundo diálogo cultural alrededor del sentido de la vida”.
En cuanto a la dimensión política, tendrá una palabra clara, pues “ya ha denunciado el destructivo mal de los populismos y él mismo es víctima de la revolución ultraderechista global que quiere dominar la Iglesia”.
Una sociedad más secularizada
Mora cree que el Pontífice “se encontrará con una Iglesia distinta de la que conocieron Juan Pablo II o Benedicto XVI. Vivimos en una sociedad más secularizada, donde la transmisión de la fe ya no puede darse por supuesta y las referencias religiosas han perdido centralidad en la configuración de la identidad colectiva”.
Es más, “aunque algunos perciben signos de un cierto despertar religioso, especialmente entre algunos jóvenes, parece prematuro hablar de un verdadero ‘revival religioso’”.
Por otro lado, la de hoy es “una Iglesia institucional menos inclinada a la confrontación cultural que en etapas anteriores”. Aunque entre los fieles “persisten dinámicas de polarización”, como se aprecia “con la inmigración: mientras el magisterio mantiene una defensa consistente de la acogida y la hospitalidad, no pocos creyentes reaccionan contra el fenómeno migratorio”.
Hacia una renovación espiritual y misionera
Ante ello, el Papa “pondrá el acento no tanto en la recuperación de influencia social como en una renovación espiritual y misionera. Insistirá en una fe centrada en el encuentro con Jesucristo y en la necesidad de fortalecer la comunión eclesial. En una Iglesia y una sociedad atravesadas por la fragmentación, la revitalización de la fe también pasa por aprender a reconocerse hermanos más allá de diferencias ideológicas, culturales o políticas”.
Por su parte, Vidal apunta que “León XIV recoge en España los abundantes frutos de la apertura y reforma sinodal de Francisco: en 2023, 2,4 millones de jóvenes (el 28,8% del total) declaraban que se habían acercado más a la Iglesia gracias a los gestos y palabras de Bergoglio. En 2025, las encuestas mostraban que ese deseo había traído a 1,4 millones más de jóvenes católicos (31,6% en 2020 frente al 40,4% de 2025), y 900.000 más que son practicantes (13,8% en 2025 por el 5,9% de 2020)”.
La consecuencia es que “su sucesor se encuentra una Iglesia española de menor tamaño estadístico, pero mayor densidad evangélica y una genuina experiencia de Dios. Hay mayor corresponsabilidad laical, solidaridad con los pobres y una relación más evangélica con los no creyentes”.
Una reapertura al misterio de Dios
A la vez, “la cultura experimenta una reapertura al misterio de Dios, y eso es una prometedora semilla para una mayor profundidad y creatividad espiritual en la sociedad”.
Todo ello lleva a Vidal a sostener que “la de 2026 es una Iglesia que ha iniciado el camino sinodal, lo cual supone un hondo cambio cultural en nuestras milenarias instituciones”.
Especialmente importante es “la gran dinamización de corresponsabilidad laical emprendida en 2020 y que se ha extendido con profundidad por casi todas las diócesis. Hay una mayor comunión eclesial, basada en una cultura cristiana más vocacional”.
Más sinodalidad y más diocesanización
Además, “la nueva generación episcopal abraza la sinodalidad y busca intensificar la diocesanización, ya que la gran desvinculación social que ha sufrido nuestro mundo ha desperdigado a movimientos y ha empobrecido gran parte de la red parroquial”.
Por ello, León XIV “impulsará la gran revinculación y que en cada barrio haya una parroquia acogedora para todos los vecinos”.
En definitiva, es “una Iglesia más comunicativa y menos impositiva, más dialogante y menos arrogante, más esperanzada y menos nostálgica, más plural y menos politizada. Se abandona la tentación de ser príncipes del poder y se une a la generación episcopal de la Transición para dejar definitivamente atrás el nacionalcatolicismo y profundizar la senda del Vaticano II, que tanto bien trajo a España”.
Deficiente formación del nuevo clero
Nada de eso le es ajeno a Prevost, ya que “él conoce bien algunos retos y riesgos de nuestro tiempo eclesial. Es consciente de la deficiente formación del nuevo clero y su excesiva ideologización tradicionalista. En sus propias carnes ha experimentado la agresividad y la pretensión manipuladora de la revolución ultraderechista”.
Frente a este fenómeno, “hay que prestar una especial atención al acompañamiento a aquellos jóvenes que se han acercado a la Iglesia motivados identitariamente por esa ola de supremacismo nacionalista cristiano. El integrismo es extraño al catolicismo, que se caracteriz por lo contrario”.
Para Vidal, otro fenómeno paralelo es “la expansión del neopentecostalismo”, con una “cultura religiosa” que se manifiesta “en la primacía del emocionalismo, nuevos modos de sumisión religiosa, conversiones instantáneas y continuos actos masivos que pretenden un impacto impositivo sobre los no creyentes”.
La frustrada visita de Francisco
Otro asunto que puede sobrevolar la mente de muchos fieles es relativo a Francisco, que optó por viajar a países donde los cristianos eran minoría o para mostrarles su aliento al sufrir grandes dificultades. Eso le llevó a renunciar a visitar de un modo institucional ‘potencias cristianas’ como Francia, Alemania o España…
¿Han entendido los católicos locales que esa no fue una ‘afrenta’ contra ellos que ahora ‘reparará’ León XIV? Y más cuando consta que Bergoglio murió antes de poder cumplir su sueño de pisar Canarias para visibilizar el drama migratorio…
Aquí, Mora no es temeroso: “La inmensa mayoría entendió que esta ausencia no respondía a ningún tipo de venganza hacia España. Formaba parte de su lógica pastoral de poner el foco en las periferias geográficas y existenciales, acompañar a comunidades pequeñas o perseguidas y visibilizar realidades que habitualmente quedan fuera de los grandes centros de atención internacional”.
Su criterio se basaba en apoyar a las periferias
En ese marco “deben interpretarse tanto sus viajes como su deseo de visitar Canarias para llamar la atención sobre el drama migratorio en la frontera sur de Europa. No es un secreto que Francisco no estuvo conforme con algunas tendencias de la Iglesia en España, pero su decisión en los viajes respondía a su criterio con las periferias”.
En todo caso, “el sesgo negativo hacia Francisco que hay en algunos ámbitos eclesiales, políticos y económicos tiene que ver con su forma de comprometerse evangélicamente con los descartados. Estos mismos sectores van a criticar a León XIV por su defensa de la hospitalidad hacia los migrantes, por su apoyo a las luchas por la dignidad de las personas excluidas y por su crítica de la desigualdad y la política de la guerra”.
Vidal también es claro al explicar que “el viaje de León XIV no enmienda a su antecesor, sino que cumple filialmente su último sueño. Bergoglio quería agradecer la acogida a quienes se juegan la vida en el mar, y es León XIV quien lo cumple”.
Francisco amó a España
Es más, “Francisco amó a España, como ponen de manifiesto la gran atención que prestaba a obras de escritores católicos actuales, los muchos españoles en los que íntimamente confió durante su pontificado o su interacción personal con centenares de iniciativas surgidas de la vida del país”.
Sobre la visita a Canarias, Mora apuntala que evidencia “la dimensión social del mensaje” que nos traerá León XIV: “Que comience su viaje en Madrid con la presencia en un centro de Cáritas para personas sin hogar y acabe en las islas, como símbolo de la hospitalidad con los migrantes, es un mensaje hondo, claro y explícito“.
En ese sentido, “el Papa asume, con personalidad y pensamiento propio, la centralidad del compromiso con los últimos”.
El pontificado que lo cambió todo
El último testimonio es el de Carlos García de Andoin, presidente de Iglesia Viva y quien fue el coordinador del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para la Jornada Mundial de la Juventud de 2011, como director adjunto de gabinete del Ministerio de la Presidencia. A su juicio, “entre la visita de Benedicto XVI y la de León XIV hay un cambio fundamental: el pontificado de Francisco”.
Aunque este no llegó a visitar España, “ha tenido una influencia enorme en la pacificación de las relaciones de un Gobierno de izquierda con la Iglesia”.
Así, “la prioridad de los pobres y la crítica a la economía neoliberal, la fuerte apuesta por la ecología integral y la denuncia del paradigma tecnocrático, la convocatoria a los movimientos populares en la reivindicación de tierra, techo y trabajo, y el decidido llamamiento a acoger, integrar y promover a las personas inmigrantes, colocaron la agenda evangelizadora de la Iglesia no solo en concordancia con la agenda política transformadora, sino como horizonte más exigente aún para el reformismo político”.
El cambio ha sido copernicano
Si a ello añadimos “la tolerancia cero con la pederastia clerical, el nombramiento de mujeres en altas responsabilidades ministeriales y la renuncia al dogmatismo condenatorio de las parejas del mismo sexo, el cambio fue copernicano”.
Y más con la perspectiva de que, antes, “la Iglesia española actuó como ariete político de la derecha. Si Benedicto XVI visitó España en tres ocasiones, uno de los objetivos fue, precisamente, frenar los llamados cambios antropológicos que el Gobierno socialista impulsaba en materia de familia, vida y educación”.
Entonces, “el Vaticano temía el efecto dominó que podrían tener sobre los países latinoamericanos. Así que, en buena parte, gracias a Francisco, León XIV podrá hablar desde la tribuna del Congreso de los Diputados. Será el hito que marque la diferencia con las visitas papales anteriores”.
Compromiso humanista con los migrantes
García de Andoin remarca que, “en la Iglesia española, lo más destacado del momento actual es la decantación por el compromiso humanista con los migrantes frente a la tentación etnonacionalista. Hemos de recordar que, en el siglo XIX, el catolicismo constituyó el principal factor de construcción ideológica de España como nación. Así lo expresó Menéndez Pelayo: ‘España, evangelizadora de la mitad del orbe, […] luz de Trento […], cuna de san Ignacio; esa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra’”.
Ahora, “esa arraigada tradición política es la que enarbola Vox, queriendo arrastrar el voto católico. Sin embargo, la Iglesia española, con Omella, Cobo o Argüello, así como con las congregaciones religiosas y con millones de laicos, está virando el rumbo del Titanic”.
En primer lugar, “desde el convencimiento sobre la común dignidad de los hijos de Dios, el destino universal de los bienes y la centralidad de la parábola del buen samaritano, pero, además, por ser conscientes del importante papel de los migrantes en el rejuvenecimiento de la Iglesia local, en términos de renovación vocacional, sacramental y litúrgica”.
Un poderoso factor de construcción democrática
Además, “la Iglesia española es un poderoso factor de construcción democrática que está ayudando, desde la inclusión de la diversidad en sí misma, a transitar de la homogeneidad a sociedades heterogéneas; un gran desafío al que nos llamó Francisco y que sellará León XIV”.
Como concluye el presidente de Iglesia Viva, “las visitas pontificias a España nunca han encontrado a la política en calma chicha. El conflicto es inherente a la libertad y, por tanto, forma parte de la democracia. Sin embargo, España lleva una década de polarización política agravada por la declaración unilateral de independencia catalana, por el surgimiento de una ultraderecha nostálgica del franquismo y por el empleo de técnicas de destrucción del adversario para conseguir el poder”.
En este contexto, “un Papa de convicciones firmes y formas moderadas puede hacer una gran aportación sanadora a la convivencia. Barcelona, Madrid y Canarias, más que lugares geográficos, son símbolos de una llamada a la convivencia frente a formas de nacionalismo exacerbado y excluyente”.
Y es que “la diversidad no nos tiene por qué abocar a la confrontación, a la exclusión o a la violencia. Sí, seguramente León XIV traerá a España las palabras que Francisco dijo a Pedro Sánchez en Roma en 2020: ‘La patria la tenemos que construir con todos… Transmítalo a los miembros de su Parlamento’”.
