El Papa denuncia en su visita a la castigada región del sur de Italia el “principio de desertificación de las conciencia” y llama a todos a la responsabilidad
Visita pastoral de León XIV a Acerra. Foto: Vatican Media
Tras el emotivo encuentro en la catedral de Acerra, cerca de Nápoles, al sur de Italia, con las víctimas de los vertidos por las mafias, el papa León XIV ha dejado su muceta roja y dejado solo la sotana blanca papal y se ha trasladado a la Piazza Calipari de la ciudad para un nuevo encuentro dentro de una visita apostólica que no pudo ser realizada por el papa Francisco.
Ante los alcaldes y cientos de fieles de los municipios que conforman la conocida como “Tierra de los Fuegos”, el pontífice ha pronunciado un contundente discurso centrado en la responsabilidad ciudadana, la educación y el rechazo a la resignación.
El acto comenzó con las palabras de bienvenida del alcalde de Acerra, Tito d’Errico, quien reivindicó a san Francisco de Asís y al papa Francisco y explicó al pontífice: “Hemos vivido y seguimos sufriendo las consecuencias de la contaminación, la tragedia de los incendios y el dolor de nuestras familias, de los que aún no nos hemos liberado del todo”.
En su intervención, León XIV reconoció el altísimo precio que ha pagado esta tierra, que “ha enterrado a muchos de sus hijos” y ha presenciado el sufrimiento de inocentes por las actuaciones de las ecomafias. Sin embargo, el Papa quiso dejar claro que el apelativo de “Tierra de los Fuegos” no hace justicia al bien y a la resistencia que existen en la comunidad.
Con un tono firme, el Pontífice advirtió sobre los peligros de la inacción y la queja constante, instando a los presentes a tomar las riendas de su futuro: “El fatalismo, la queja, el echar la culpa a los demás son el caldo de cultivo de la ilegalidad y un principio de desertificación de las conciencias. Por eso quisiera deciros a todos: ¡asumamos cada uno nuestras propias responsabilidades, elijamos la justicia, sirvamos a la vida!”.
Haciendo eco de la encíclica ‘Laudato si’’, el Papa subrayó que la crisis ecológica no se resuelve con respuestas parciales, sino combatiendo el “paradigma tecnocrático” que prioriza los beneficios vertiginosos de unos pocos sobre las personas y el medio ambiente. León XIV agradeció el valor de los pioneros ecologistas que fueron los primeros en denunciar el envenenamiento del territorio e hizo un llamado a construir una economía menos consumista.
En uno de los momentos más reflexivos de su discurso, el Papa vinculó directamente el futuro del planeta con el deber educativo de la sociedad: “Según algunos, dejar un mundo mejor a nuestros hijos se ha convertido en una ambición muy grande. No debe serlo, sin embargo, la misión de dejar al mundo hijos e hijas mejores. El compromiso educativo está a nuestro alcance y es prioritario”.
El pontífice también abordó la complejidad social detrás de los problemas medioambientales, recordando que muchas veces los incendios en las periferias son provocados por minorías rechazadas. En este sentido, pidió no criminalizar la pobreza, sino atacar sus raíces estructurales: “La marginación produce siempre inseguridad: el camino cuesta arriba es contrarrestar la marginación, no a los marginados, es romper toda la cadena, no golpear solo el último eslabón. ¡Vosotros lo sabéis bien!”.
Tras concluir su discurso, el acto finalizó con las palabras de agradecimiento del obispo de Acerra, Antonio Di Donna, quien reafirmó el compromiso de la Iglesia local de educar en el cuidado de la creación y denunciar el mal cuando sea necesario. El prelado clamó ante el Papa: “Que nunca más se la conozca como la ‘Tierra de los fuegos’, sino como el ‘Jardín de Campania y de Europa’. Que nunca más se hable de esta tierra solo por sus heridas, sino también por la fuerza de su gente, su laboriosidad, su historia y su cultura, por su capacidad para acoger a los migrantes y, sobre todo, por la obstinada decisión de quedarse a pesar de todo”. A su intervención siguió el canto de un sacerdote sobre lo que vive la región.
Tras saludar a algunos representantes institucionales, está previsto que el papa León XIV se desplazó en coche al campo deportivo “Arcoleo”. Allí se despedirá de las autoridades que lo habían recibido a primera hora de la mañana. En torno a mediodía, el pontífice partirá en helicóptero, con aterrizaje previsto en el helipuerto del Vaticano 45 minutos después, poniendo fin a una visita histórica que deja un profundo mensaje de resistencia moral y esperanza para el sur de Italia.