Vaticano

León XIV eleva a los altares a 80 mártires de la Guerra Civil a las puertas de su viaje a España

| 22/05/2026 - 18:38

El Papa reconoce el martirio de sacerdotes, religiosos, seminaristas y laicos asesinados “por odio a la fe” entre 1936 y 1937, entre ellos el párroco de Santoña que pidió morir el último para absolver a sus compañeros





A las puertas de su viaje a España, previsto para el próximo 6 de junio, León XIV ha autorizado la promulgación del decreto que reconoce el martirio de Francisco González de Córdova y 79 compañeros asesinados “por odio a la fe” durante la persecución religiosa de la Guerra Civil española entre 1936 y 1937.



El grupo de nuevos beatos de la diócesis de Santander está formado por 67 sacerdotes, tres religiosos carmelitas, tres seminaristas y siete laicos. El Dicasterio para las Causas de los Santos recoge algunas de las circunstancias extremas de su muerte: varios fueron arrojados al mar atados de pies y manos con piedras, otros murieron en campos de concentración o fueron quemados, mientras que muchos pasaron por el buque prisión ‘Alfonso Pérez’.

La causa está encabezada por Francisco González de Córdova, párroco de Santa María del Puerto, en Santoña. Tenía 48 años cuando estalló la guerra y, pese a las amenazas y prohibiciones para ejercer el ministerio, decidió permanecer junto a sus feligreses. Detenido y encerrado en la bodega del ‘Alfonso Pérez’, continuó confesando a los presos y rezando el rosario con ellos cada día.

Según recoge la documentación vaticana, en el momento de la ejecución pidió ser el último en morir para poder absolver y bendecir antes al resto de sus compañeros.

La nueva venerable, María Ana Alberdi. Foto: Vida Nueva

Una abadesa marcada por la Guerra Civil

Junto al reconocimiento de estos mártires, León XIV también ha aprobado otros decretos relacionados con causas de canonización. Entre ellos, la declaración como venerable de la española María Ana Alberdi Echezarreta (1912-1998), religiosa concepcionista franciscana nacida en el País Vasco.

La futura venerable vivió de cerca la dispersión y el impacto de la Guerra Civil en la vida religiosa española y posteriormente fue abadesa del monasterio de las Concepcionistas Franciscanas de Madrid, donde destacó por impulsar la adaptación de la comunidad tras el Concilio Vaticano II y por su labor de acompañamiento y caridad.

Noticias relacionadas