“¿Puede la inteligencia artificial evangelizarnos?”. Con esa pregunta arrancaba la ponencia de Ignacio Fernández de Torres, profesor del Instituto Superior de Pastoral y con la que concluían las X Conversaciones PPC, dedicadas a reflexionar sobre el impacto cultural, humano y espiritual de la inteligencia artificial.
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Y, sí, para Fernández la IA puede evangelizarnos precisamente porque revela los déficits antropológicos y espirituales de nuestro tiempo. De hecho, lejos de plantear una condena simplista de la tecnología, Fernández de Torres defendió que la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta útil para la evangelización, pero alertó del peligro de absolutizarla hasta convertirla en una nueva forma de idolatría. “No podéis servir a Dios y al dinero”, ha recordado.
A lo largo de su intervención, Fernández de Torres ha insistido en que la IA puede procesar información, generar imágenes o sintetizar datos, pero carece de elementos esenciales de la experiencia humana y creyente: no tiene historia, ni conciencia, ni libertad, ni capacidad de arrepentimiento, ni experiencia espiritual. “La inteligencia artificial puede decirnos cosas sobre Dios, pero no sabe a Dios”, resumió.
“La IA no necesita ser salvada”
Esto fue algo que él mismo pudo constatar ya que, según ha relatado, preguntó directamente a varias inteligencias artificiales si “creían en Dios”. “No tengo creencias personales ni experiencia religiosa”, respondía una de ellas. Otra añadía que la búsqueda de Dios “ha tenido un impacto real, vivo y transformador en la historia”, respondió otra. Es decir: la IA puede analizar la religión, pero no participar de la experiencia religiosa.
“La inteligencia artificial no necesita ser salvada ni redimida. El ser humano sí”, afirmó. Por eso, defendió que evangelizar sigue siendo ayudar a las personas a descubrir “qué papel están llamadas a jugar en la historia de Dios”.
¿Tenemos lo que hay que tener para evangelizar?
El profesor aprovechó también para lanzar una autocrítica hacia determinadas dinámicas eclesiales actuales. Y es que, a su juicio, existe el riesgo de construir procesos evangelizadores “más moralizantes que liberadores”, demasiado centrados en la obediencia, el control o la emocionalidad y menos en el discernimiento personal, la libertad y la maduración espiritual.
En este contexto, advirtió del peligro de utilizar la IA como un “sucedáneo” de la conciencia o de la libertad humana. “Sería terrible que una persona discerniera si tiene que pedir perdón a alguien porque la inteligencia artificial le diga que debe hacerlo”, ironizó.
La conferencia concluyó con una llamada a construir una Iglesia “intelectualmente habitable”, capaz de dialogar con el mundo tecnológico sin perder su centro: la experiencia humana y espiritual del encuentro con Dios. “La inteligencia artificial nunca podrá evangelizar porque no puede dar lo que no tiene”, concluyó. “La pregunta es si nosotros tenemos lo que hay que tener para evangelizar”.
