El Vaticano ha advertido en un comunicado de que las consagraciones episcopales anunciadas por la Fraternidad San Pío X serían “un acto cismático”, mientras el Papa pide que reconsideren “la gravísima decisión” tomada
En el centro, Davide Pagliarani, superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío
El pulso entre Roma y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X entra en su momento más delicado. Después de semanas de tensión y de intentos discretos de diálogo, el Vaticano ha endurecido el tono frente a las consagraciones episcopales anunciadas por los lefebvrianos para el próximo 1 de julio, dejando claro que se trataría de “un acto cismático” al realizarse sin mandato pontificio.
“Las ordenaciones episcopales anunciadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X no cuentan con el correspondiente mandato pontificio”, señala el comunicado difundido este martes por la Santa Sede, en el que se reafirma “lo ya comunicado” en las últimas semanas tras el fracaso de las conversaciones entre ambas partes.
El texto recuerda expresamente la advertencia formulada por Juan Pablo II tras las históricas consagraciones ilegítimas de Écône en 1988: “Este gesto constituirá ‘un acto cismático’”, cita el Vaticano a partir del motu proprio Ecclesia Dei. Además, insiste en que “la adhesión formal al cisma constituye una grave ofensa a Dios y comporta la excomunión establecida por el derecho de la Iglesia”.
Pese a la dureza del mensaje, León XIV ha querido mantener abierta hasta el último momento la puerta de la reconciliación. “El Santo Padre continúa rezando para pedir al Espíritu Santo que ilumine a los responsables de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, a fin de que reconsideren la gravísima decisión que han tomado”, concluye el comunicado.
El cardenal prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Victor Manuel ‘Tucho’ Fernández, con el superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), Davide Pagliarani. Foto: Vatican Media
La advertencia llega después de que la Fraternidad fundada por Marcel Lefebvre rechazara la propuesta de diálogo ofrecida por Roma y confirmara su intención de seguir adelante con las consagraciones episcopales sin autorización papal. Una decisión que amenaza con reabrir formalmente el cisma iniciado hace casi cuatro décadas.
En las últimas semanas, León XIV había intentado evitar una ruptura definitiva retomando la vía dialogante impulsada por Benedicto XVI y Francisco. El Papa incluso autorizó contactos directos entre el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y los responsables lefebvrianos para explorar posibles soluciones canónicas. Sin embargo, la condición planteada por Roma era clara: suspender las consagraciones.
La respuesta de la Fraternidad fue negativa. Su superior general, Davide Pagliarani, defendió que el desacuerdo doctrinal con el Vaticano sigue siendo “insalvable” y acusó a Roma de utilizar la amenaza de sanciones mientras hablaba de diálogo.
El conflicto no gira únicamente en torno a la liturgia tradicional o a cuestiones disciplinares. Detrás permanece el rechazo lefebvriano a aspectos centrales del Concilio Vaticano II, especialmente en materia de libertad religiosa, ecumenismo y relación entre Iglesia y actualidad.