El presidente de Colombia, Gustavo Petro, en uno de sus Consejos de ministros, ha dedicado un apartado para regañar a un sacerdote de la parroquia La Sagrada Familia en Bogotá.
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Sin revelar su identidad, Petro comparó al cura con los franquistas del siglo XX que, según él, se disfrazaban de sacerdotes impeliendo a los liberales a matar conservadores por lo que “es una violencia de la cual no hemos salido”.
Recordó que el mensaje de Jesús es de paz, vida y verdad, inclusive comentó que su familia ha tenido que retirarse de “esa iglesia”, en referencia a la parroquia, porque “no aguantan el sermón”, un sermón que “es mentiroso”.
Además asomó que Cristo nunca estuvo del lado del poder, nunca ordenó matar a nadie “ni siquiera a los romanos que lo torturaron”, por lo que pidió no manipular el mensaje cristiano de amor.
Sin proselitismo
Petro, un poco más descompuesto, ordenó al general William Oswaldo Rincón, director de la Policía Nacional, investigar el caso. Lamentó que no puede haber exclusión en los lugares de culto en Colombia, porque “aquí hay libertad de creencias”.
Volviendo a la carga, señaló que “los franquistas disfrazados” no pueden imponer preferencias electorales desde el púlpito y “menos de manera tan fatídica como pedirle a la gente que no vote por tal o cual”.
“¿Cómo se le ocurre? Estamos en elecciones y aquí hay libertad de voto. Si no le gusta, cállese. Los feligreses tienen la libertad por el que le dé la gana”, dijo.
Petro acusó a algunos de sus funcionarios de Gobierno de hacer proselitismo electoral y los amenazó con expulsarlos. Denunció que hacer eso sería tomar los caminos de la violencia, nadie que esté en la fuerza pública debe hacerlo, “mucho menos un párroco”.
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