El Papa ha interpelado a mandatarios, familias y jóvenes para que actúen ante la pobreza
León XIV durante la misa en Camerún. Foto: Vatican Media
“¿Qué hacen por toda esta gente?”. Esta ha sido la pregunta que ha repetido el papa León XIV durante su homilía de hoy en el estadio Japoma de Duala (Camerún), tras ser recibido por autoridades locales y recorrer en papamóvil el recinto entre miles de fieles.
El Pontífice ha centrado su homilía en el desafío del hambre, la desigualdad y la responsabilidad compartida, proponiendo el “milagro” del compartir como camino concreto de paz y justicia en Camerún. A partir del relato de la multiplicación de los panes, León XIV ha planteado a los presentes “¿cómo resuelven ustedes este problema? Vean cuánta gente hambrienta, oprimida por el cansancio: ¿qué hacen?”.
Una interpelación que, subrayó, no es abstracta, sino dirigida a todos: “se dirige a los padres y a las madres que cuidan a sus familias; se dirige a los pastores de la Iglesia, se dirige a quienes tienen la responsabilidad social y política”.
De esta manera, el Papa ha señalado que en el significado de esa hambre, que va más allá de lo material: “todos tenemos hambre por igual. Esta indigencia nos recuerda que somos criaturas”. Y, en cuanto a la pregunta de “¿dónde está Dios ante el hambre de la gente?”, el Papa ha señalado que Jesús “tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron”. “La multiplicación de los panes y los peces ocurre en el compartir; ¡he aquí el milagro!”, señaló el Papa. “Hay pan para todos si se da a todos”, subrayó.
Asimismo, ha apuntado que “cuando el Hijo de Dios toma el pan y los peces, ante todo da gracias”, haciendo, así, un gesto que rompe dinámicas de acumulación y exclusión: “Al hacerlo así, la comida abunda; no se raciona por emergencia, no se roba por disputa ni se desperdicia”.
“El milagro que realizó es signo de este amor; no nos hace ver solamente cómo Dios alimenta a la humanidad con el pan de vida”, ha continuado el Papa. Y añadió: “cada gesto de solidaridad y perdón, cada iniciativa de bien es un bocado de pan para la humanidad necesitada de cuidados”.
“El Señor abraza el cielo y la tierra, conoce nuestro corazón y todas las situaciones”, ha continuado León XIV, volviendo a interpelar a los fieles: “¿qué hacen por toda esta gente?”, recordando que la fe exige una respuesta activa incluso en medio de dificultades.
En cuanto a los jóvenes, León XIV les ha lanzado el reto de multiplicar “sus talentos con la fe, la tenacidad y la amistad que los animan. Vayan entre los primeros a ser rostros y manos que llevan al prójimo el pan de la vida”.
“No cedan a la desconfianza y al desánimo; rechacen toda forma de abuso y violencia”, continuó, recordándoles la riqueza profunda de su país: “su pueblo es aún más rico que esta tierra, pues su tesoro son sus valores: la fe, la familia, la hospitalidad, el trabajo”.
Así, el Pontífice ha concluido su homilía recordando que “anunciar a Jesús Resucitado significa trazar signos de justicia en una tierra que sufre y está oprimida”.