Las partes visitables del histórico palacio no serán accesibles a partir de julio
El palacio papal de Castel Gandolfo, situado en la zona de los Casteli Romani a orillas del lago Albano, cerrará sus puertas al público a partir de julio. Aunque todavía es posible visitarla (las entradas están disponibles en su sitio web hasta el 30 de junio), ya no hay disponibilidad para los meses de julio y agosto —en plena temporada alta turística— ni para los meses posteriores. Todo parece implicar que el papa León XIV habitará los aposentos palaciegos.
Con este cierre se facilita el traslado del Papa a la que será, de nuevo, la residencia oficial de verano de los pontífices en esa época del año. Según fuentes de Castel Gandolfo, citadas por la agencia Rome Reports, está previsto que los trabajos de adecuación comiencen este mismo mes de mayo.
Volverá de esta manera al estado anterior, hasta que el papa Francisco convirtió la residencia en un museo en 2016. Desde aquel momento, se abrieron al público estancias nunca antes vistas, como la habitación del pontífice, su capilla personal y su estudio privado –y no solo los jardines–.
Hasta ahora, el lugar donde el Papa se ha estado alojando durante sus breves visitas semanales es Villa Barberini. Sin embargo, este emplazamiento presenta problemas de seguridad ya que se encuentra en medio de una calle, tiene una entrada estrecha y está abierto al paso de vehículos y peatones, según recoge dicha agencia.
Por eso cada martes al final de la tarde, cada vez que el Papa sale, multitudes de personas lo esperan aglomeradas en la puerta y, más allá de la escolta personal que lo acompaña, no existen otras medidas de seguridad para prevenir posibles incidentes. ¿Supondrá un nuevo parón en las declaraciones espontáneas a los periodistas por parte del Pontífice?
El Papa ya habría aprobado las reformas necesarias para desmantelar el museo en la planta noble. Ahora bien, la conservación, en general es buena. Así lo han podido comprobar quienes han visitado la habitación papal, las dependencias de los secretarios, la capilla en la que encontraron por primera vez Francisco con el papa emérito Benedicto XVI, la biblioteca en la que se ha recibido a tantos mandatarios y personalidades, el estudio privado de los papas, la sala del consistorio o la del trono…
Desde 2021 los jardines han estado abiertos al público y se podían recorrer en un tren ecológico, pudiendo contemplarse los vestigios romanos, las viñas papales, los invernaderos, la granja, el helipuerto…
Las crónicas más antiguas vinculan al emperador romano Diocleciano, del siglo I, con el terreno que hoy ocupan las villas pontificias. En una colina desde la que se divisa el lago Albano y el mar Tirreno, a 18 km de Roma, el lugar parecía el adecuado tanto para huir de los calores húmedos del calor romano como para pasar la estación invernal. Muchos emperadores después de Diocleciano siguieron acudiendo a la colina.
Durante la Edad Media, como tantos lugares de Roma, la villa fue expoliada hasta que a partir del siglo XIII, papas y nobles volvieron a recuperar poco a poco la antigua villa imperial. Urbano VIII y Alejandro II en el siglo XVII o Clemente XIV en el XVIII contribuyeron al desarrollo de lo que hoy son el palacio y los jardines pontificios. Es tal la vinculación con los papas de Castel Gandolfo que con la toma de Roma y la pérdida de los Estados Pontificios, en 1870, la propiedad volvió pronto al Vaticano.
Los Pactos de Letrán, en 1929, ratificaron la propiedad papal del Jardín del Moro, la Villa Cybo y la Villa Barberini. En 1934 se situó en la villa el Observatorio Astronómico vaticano.
Dice la tradición que el primer papa en pasar sus vacaciones en Castel Gandolfo fue Urbano VIII, siguiendo la costumbre iniciada en su época de cardenal. Aunque los sucesores inmediatos no eligieron la villa para el veraneo, pronto otros papas visitarían y pasarían temporadas en la colina. Pío XI comenzó a acondicionar y modernizar las instalaciones para pasar una temporada.
Algunos de los llamamientos de Pío XII en la II Guerra Mundial se hicieron desde la villa papal. Es más, el palacio y los jardines se convirtieron en hospital para los refugiados y heridos de la guerra. La habitación del papa se reservó para ser el paritorio, unos 40 niños nacieron en ese tiempo. En Castel Gandolfo se les llama aún hoy los “niños del papa”.
En esa misma cama murió Pío XII el 22 de agosto de 1946. Juan XXIII comenzó la tradición del rezo del Ángelus y la misa del 15 de agosto en la parroquia, algo que continuó Pablo VI –que también murió en la villa–, Juan Pablo II –quien además de su estancia veraniega, reposaba tras algunos de sus viajes– y Benedicto XVI, que se trasladó a Castel Gandolfo la tarde del 28 de febrero de 2013, al hacerse efectiva su renuncia. Aquella tarde el portón del palacio parece que se cerró para siempre para los papas; ahora parece que se vuelve a abrir (solo para ellos).