Vaticano

Trump ya no se conforma con atacar a León XIV y revestirse él mismo como papa… ¡Ahora se presenta como Jesús!

| 13/04/2026 - 12:49

Todo ello tras cargar contra Prevost, al que acusa de “hacer daño a la Iglesia” por tratar de “complacer a la izquierda radical”





Donald J. Trump parece haber entrado en guerra directa contra el catolicismo. Y es que, si hace unas horas dirigía en sus redes sociales un aldabonazo contra León XIV (al que acusa de “hacer daño a la Iglesia” por tratar de “complacer a la izquierda radical”), ahora ha compartido en ellas una imagen deplorable en la que se presenta él mismo como si fuera Jesús de Nazaret. En una supuesta imagen ‘devota’, propia de una estampita, el líder republicano aparece con ropajes antiguos y con la fuerza del Espíritu Santo emanando de sus manos para sanar a un enfermo (cuyo parecido físico con Jeffrey Epstein, por cierto, es llamativa).



Con esta provocación no hace sino ahondar en una herida abierta, pues muchos católicos estadounidenses no olvidan cuando, hace un año, antes del cónclave, divulgó otra imagen parecida en la que él mismo aparecía revestido como papa.

Trump posteó en su cuenta de Truth Social una foto vestido de papa antes del último cónclave

Entonces, como sabemos, el elegido fue Robert Francis Prevost, el primer pontífice de la historia. Algo que, según el mensaje de hace unas horas, León XIV tendría incluso que “agradecerle”, pues, “como todos saben, no estaba en ninguna lista para ser Papa, y la Iglesia lo puso allí solo porque era estadounidense y pensaron que esa sería la mejor manera de lidiar con el presidente Donald Trump”. “Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León XIV no estaría en el Vaticano”, ha remachado sin pudor.

“Le gusta el crimen”

Por si fuera poco, acaba de declarar lo siguiente a un periodista que le ha preguntado por su ataque furibunda al estadounidense más universal (y no, pese a su megalomanía, no es él): “No creo que esté haciendo un muy buen trabajo. Supongo que le gusta el crimen. No nos gusta un papa que diga que está bien tener un arma nuclear. No queremos un papa que diga que el crimen está bien. No soy fan del papa León”.

Esta puede ser la gota que derrame su relación con varios líderes católicos del movimiento MAGA que, en las últimas semanas, están cuestionando al presidente de Estados Unidos, al que hasta hace unas semanas apoyaban sin fisuras. El caso más sonado es el del obispo emérito de Tyler (Texas), Joseph Strickland, al que el papa Francisco cesó por llamarle “hereje” y por una dudosa administración económica de su diócesis. Hasta ahora entusiasta de Trump, ya señaló días atrás que, “como católicos, nuestra lealtad no es hacia ninguna figura política, partido o movimiento. Nuestra lealtad es hacia Jesucristo, quien es ‘el camino, la verdad y la vida’ (Juan 14.6)”.

Al poco, su ataque fue más allá por no hacer nada ante los brutales ataques de Israel, su socio, en Líbano. Algo que le horroriza, pues estamos ante un país cristiano que “sangra”. Así, “siguen surgiendo informes de bombardeos implacables en áreas civiles densamente pobladas; familias, niños, ancianos… Vidas destrozadas sin previo aviso. Lo que estamos presenciando no es simplemente una guerra, sino un grave asalto a la dignidad humana. El ataque deliberado o la exposición imprudente a la muerte de inocentes nunca está justificado. Nunca”.

Un mal moral

Ante esta realidad (“el daño intencionado a los civiles es un mal moral que clama al cielo”), Strickland ha llamado “a todos los líderes involucrados” a recordar que “el poder no otorga permiso moral. La fuerza militar no justifica la pérdida de vida inocente. No puede haber paz duradera construida sobre las tumbas de los indefensos”.

Trump como Cristo

Un llamamiento que hace extensible “a los fieles”, a los que “les digo esto: no permanezcan en silencio en sus corazones. Oren. Ayunen. Ofrezcan sacrificio. Oren por el pueblo de Líbano. Oren por la conversión de aquellos que ostentan el poder sin misericordia. Oren por una paz verdadera; no el frágil silencio de los ceses al fuego, sino la paz que viene de la justicia arraigada en la verdad”.

Lo que, entre otras cosas, pasa porque “Dios traiga sanación a los heridos, consuelo a los afligidos y arrepentimiento a aquellos que actúan sin consideración por la santidad de la vida. Y que nunca olvidemos: toda vida humana es sagrada, desde la concepción hasta la muerte natural. En toda nación, sin excepción”.

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