“El sentido más profundo de la devoción mariana es conducirnos a Cristo. María no se detiene en sí misma, sino que orienta hacia su Hijo. Su palabra en Caná permanece como una invitación permanente: ‘Hagan lo que Él les diga’”, afirman los obispos chilenos en su carta “Bajo el manto de la Virgen del Carmen: Madre, Reina y Patrona de Chile”, firmada por el Comité Permanente del Episcopado.
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Inician su Carta explicando que “Al cumplirse cien años de la coronación de la Santísima Virgen del Carmen como Reina y Madre de Chile, nuestro corazón se eleva en acción de gracias a Dios. Este Centenario no es solamente memoria de un acontecimiento pasado, sino una invitación a reconocer una presencia viva que sigue acompañando a nuestra patria. La historia de Chile, en sus momentos de luz y de prueba, ha estado marcada por la cercanía maternal de María, signo de consuelo, unidad y esperanza para nuestro pueblo”.
Devoción con profundas raíces
Recuerdan que esta devoción llegó tempranamente a nuestra patria y echó raíces profundas en la vida del pueblo, acompañándolo durante toda su historia con hitos de reconocimiento muy marcados. Ya en 1660, la rama femenina carmelita fundó en Chile su primer monasterio. Con el tiempo y la abundancia de las vocaciones nacieron otros conventos, surgiendo desde el Monasterio de Los Andes, la primera santa chilena, Teresa de Jesús de Los Andes, canonizada el 21 de marzo de 1993 por el Papa san Juan Pablo II.
En su carta, los obispos vuelven la mirada al presente. “Nuestro país enfrenta desafíos profundos: la secularización, la pérdida del sentido de Dios y las divisiones que amenazan la unidad social y la convivencia cívica. En este contexto, invitamos a mirar e invocar a Ella, la Madre que convoca, guía y protege. Siguiendo el magisterio del papa Francisco, el actual pontífice León XIV recuerda: “La Madre de Jesús es la mujer con quien Dios, en la plenitud de los tiempos, escribió la Palabra que revela el misterio”.
El 19 de diciembre de 1926, el Delegado del Papa Pío XI, Arzobispo Aloisio Masella, Nuncio Apostólico en Chile, proclamó a la Virgen como Reina, Madre y Patrona, en su solemne coronación. “Fue la expresión de una fe profundamente arraigada en el alma del nuestro pueblo”, dice la Carta, agregando que la Virgen del Carmen ha acompañado a Chile desde sus orígenes, sellando el nacimiento de la patria con la promesa del Libertador Bernardo O’Higgins y la posterior construcción del Templo Votivo de Maipú.
La celebración de este Centenario se inició oficialmente el 19 de diciembre de 2025 con una solemne Eucaristía en la Catedral Metropolitana de Santiago, presidida por el cardenal Fernando Chomali.
Tiempo de gracia y renovación
Ahora, en su carta los obispos llaman a que “este Centenario debe ser para nosotros un tiempo de gracia y renovación. Estamos llamados a redescubrir la vida sacramental, a fortalecer la oración en familia, a reavivar las devociones marianas y a asumir con renovado ardor la misión evangelizadora. Es tiempo de volver a Cristo de la mano de María, para que nuestro país recupere la fuerza de su fe y la unidad de su espíritu. La historia de Chile no se comprende sin la Virgen del Carmen. Ella ha estado presente en los momentos fundacionales, en las pruebas y las esperanzas del pueblo. Hoy, como ayer, nos invita a confiar en Dios y a caminar unidos”.
Los obispos también anuncian el don de las indulgencias ofrecido por la Iglesia durante este año jubilar. Este beneficio espiritual, que sana las consecuencias del pecado, podrá ser obtenido en los templos designados por cada obispo diocesano.
Concluyen expresando su gratitud por esta devoción: “Al entregar esta Carta al Pueblo de Dios que peregrina en nuestro país, elevamos una profunda acción de gracias por el amor filial que los fieles profesan a nuestra Madre, Reina y Patrona de Chile. Expresamos de modo particular nuestro reconocimiento a las comunidades y grupos que, a lo largo de todo el país, cultivan con sincero fervor la devoción mariana y depositan en Ella confianza plena y perseverante. Los alentamos a continuar difundiendo y viviendo la espiritualidad que brota de la confianza de los hijos en la Madre, con la esperanza de que esta piedad mariana conduzca siempre a un amor más profundo a Cristo, su Hijo, hermano nuestro y Salvador”.
Los obispos del Comité Permanente cierran su carta invocando que “la Virgen santa nos conduzca a su Hijo Jesucristo y nos enseñe a vivir en la fe, la esperanza y la caridad; forjando con su intercesión un país que camine decididamente hacia la paz, la unidad y la justicia”.