El Papa preside los oficios del día y el predicador de la casa pontificia reivindica que “Jesús transformó la crucifixión en salvación”
El Papa postrado en tierra al inicio de los oficial del Viernes Santo. Foto: Vatican Media
El papa León XIV presidió la celebración de la Pasión del Señor, que dio comienzo a las 17:00 horas de este Viernes Santo en la Basílica Vaticana. En este día, el único del año en el que no se oficia la Santa Misa, la liturgia se ha desarrollado siguiendo sus tres partes fundamentales: la Liturgia de la Palabra, que ha culminado con la proclamación del relato de la Pasión según San Juan; la Oración universal junto con la adoración de la Santa Cruz; y, para finalizar, el rito de la Sagrada Comunión.
El Papa comenzó en silencio postrándose sobre el suelo de la basílica. También siguió hasta el último detalle algunas de las rúbricas de la celebración que no son obligatorias. Así, para la adoración de la cruz, el pontífice además de dejar su casulla y celebrar sin el anillo papal se descalzó –algo previsto en el misal pero que no suele ser habitual–. Para ello se había colocado un recorrido desde la sede papal hasta el baldaquino con una inédita alfombra.
Tras la lectura de la Pasión, el predicador de la casa pontificia, el capuchino Roberto Pasolini hizo la homilía, centrada en cómo el Señor aprendió la obediencia más difícil al recorrer el Vía Crucis: la del amor al prójimo, incluso cuando este adquiere la forma de un enemigo. En su intervención, advirtió que la Cruz de Cristo corre el riesgo de resultar incomprensible si se percibe como un suceso aislado o repentino, subrayando que, por el contrario, es el punto culminante de un camino y el cumplimiento de una vida en la que Jesús se dejó guiar hacia el amor supremo.
Durante su reflexión, Roberto Pasolini siguiendo la lectura del profeta Isaías en la que se describe la figura de un misterioso siervo mediante el cual Dios lleva la salvación al mundo sin recurrir a la violencia y con gran mansedumbre; explicó que este siervo atraviesa la crisis y el sentimiento amargo de que todos sus esfuerzos por hacer el bien han sido en vano, enfrentándose a la hostilidad y la violencia extrema que llegan a desfigurar su rostro. Sin embargo, en ese proceso, aprende a no devolver el mal que recibe. Jesucristo, afirmó el fraile, no se limitó a escuchar estos cantos, sino que los interpretó y los vivió en su totalidad, transformando su crucifixión en un evento de salvación.
Al referirse a las heridas y divisiones del mundo actual, lamentó que la humanidad, ante el mal, suela limitarse a dos caminos: rendirse o devolver el golpe. “Jesús rompió esta cadena no imponiéndose con mayor fuerza”, señaló Roberto Pasolini, sino recibiendo los dramáticos acontecimientos de la Pasión. En un escenario mundial donde las guerras no cesan y las injusticias se multiplican a costa de los más vulnerables, destacó la existencia de una multitud silenciosa de personas que eligen escuchar una voz diferente, levantándose cada día para que sus vidas sirvan a los demás. Gracias a ellos, aseguró, la historia no termina en violencia.
“El mundo se salva continuamente por aquellos que están dispuestos a abrazar los cantos del Siervo del Señor como la forma en que viven sus vidas”, aseveró durante la homilía. Pasolini recordó que la responsabilidad de encarnar este mensaje recae ahora en los fieles frente a un entorno desgarrado por el odio, donde incluso se invoca a Dios para justificar decisiones de muerte. “Esta tarde la partitura de la Cruz se nos confía también a nosotros”, concluyó, animando a los cristianos a acercarse a la Cruz sin miedo, eligiendo no devolver el mal y manteniendo la paciencia en las pruebas para convertirse en los instrumentos de salvación que el mundo actual necesita.