El arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, presidió la celebración del Jueves Santo en la parroquia Nuestra Señora del Carmen y Hogarcito Don Orione, donde centró su homilía en el profundo significado de la Pascua cristiana y su continuidad en la vida de la Iglesia, a través de la entrega y el compromiso hacia los hermanos.
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En su mensaje, recordó que la Pascua celebrada por el pueblo de Israel constituía una memoria viva de la acción liberadora de Dios, la cual alcanza su plenitud en Jesucristo, quien se entrega de una vez y para siempre como sacrificio definitivo.
Durante la reflexión, el prelado destacó la institución de la Eucaristía en la Última Cena, subrayando las palabras de Jesús sobre el pan y el vino que, desde entonces, se actualizan en cada celebración litúrgica. En este sentido, remarcó que la misa no solo conmemora un hecho histórico, sino que hace presente el misterio de la entrega de Cristo por la humanidad.
Manifestación de amor
Asimismo, el arzobispo puso especial énfasis en el gesto del lavatorio de los pies narrado en el Evangelio, interpretándolo como una manifestación concreta del amor humilde y servicial de Jesús. Señaló que este acto no solo simboliza purificación, sino también una invitación directa a los fieles a vivir el servicio mutuo como expresión auténtica del seguimiento cristiano.
Asimismo, en la homilía, se refirió al compromiso social de la Iglesia, destacando la importancia de acompañar a los sectores con más necesidades.
En este contexto, valoró la labor del Hogarcito Don Orione, que celebra su 60° aniversario, y llamó a la comunidad a no desentenderse de las necesidades y preocupaciones de quienes allí son asistidos, así como de sus familias: “queremos evocar a Jesús que llegó hasta el fondo de los límites humanos porque no se desentendió de nadie”. Y agregó: “No queremos desentendernos de los más vulnerables. Al hacerlo y poder dar este paso el jueves santo, sin ninguna pretensión de tipo político, sino de profunda evangelización”.
Finalmente, reafirmó que una sociedad verdaderamente justa y humana se construye desde la cercanía con los más necesitados, siguiendo el ejemplo de Cristo, quien nunca excluyó a nadie de su amor.
