“Ante la noticia dolorosa con que nos despertamos en Argentina este 30 de marzo, donde un hecho atroz de violencia escolar nos ha sacudido, como Familia Salesiana nos sentimos interpelados y nos entristece constatar una vez más que la vida de nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes sigue viéndose atravesada por situaciones de violencia y muerte”.
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El lunes pasado, un menor ingresó al colegio con una escopeta y disparó matando a un alumno e hiriendo a otros. Por tal motivo, en un comunicado conjunto, las Hijas de María Auxiliadora y las Inspectorías Norte y Sur de la Congregación Salesiana expresaron su dolor ante la situación de violencia y muerte vivida en San Cristóbal, provincia de Santa Fe.
En el mensaje, titulado “Llamados a acompañar la vida de nuestros jóvenes”, los equipos de gestión consideraron que es fundamental recuperar el sentido más profundo de la escuela como espacio de cuidado, de prevención y de construcción de lazos. Más allá de la misión pedagógica, la escuela tiene que ser un lugar donde cada estudiante encuentre reconocimiento, sostén y posibilidad de “sentirse parte”.
Sostuvieron que, en estos tiempos de creciente vulnerabilidad social, donde muchas veces predominan la soledad, la incertidumbre y el desamparo, la experiencia ofrece una oportunidad con “vínculos que alojan, adultos disponibles, escucha, atención y una trama comunitaria que abriga”, condiciones necesarias para que haya encuentro, palabra, reconocimiento y pertenencia.
Dolor
Los animadores de las Casas reconocieron que los atraviesa el dolor porque la partida de un adolescente, junto a la de tantos otros, los deja en silencio respetuoso y sufrido, “como ante la cruz”. Creen que la lógica del ruido que sólo critica y divide los pone, por aproximaciones simplistas y alejadas del problema real, del lado de la confrontación vacía y estéril.
Aseguraron que “los pibes y las pibas nos necesitan”. Y especificaron que necesitan adultos presentes, capaces de escuchar, de mirar con amor, de acompañar, de saber interpretar, de ayudar profesionalmente ante los desafíos crecientes de la salud mental, de prevenir.
Seguidamente, renovaron su compromiso carismático por la vida que crece, para continuar habitando los patios a los que invitó Don Bosco, que también pueden ser espacios de soledad, de búsquedas y de dolor silencioso. “Queremos ser comunidad que acoge, que cuida, que previene y que genera oportunidades de crecimiento verdadero”, afirmaron.