El Patriarca latino de Jerusalén y el Custodio de Tierra Santa quieres mirar hacia adelante tras el bloqueo del Domingo de Ramos
JERUSALEM (Israel), 29/03/2026.- Cardinal Pierbattista Pizzaballa (R), the Latin Patriarch of Jerusalem, holds a prayer service to mark Palm Sunday, in Jerusalem, 29 March 2026, following the cancellation of the traditional Palm Sunday procession from the Mount of Olives, amid restrictions on gathering in large groups and the US-Israeli conflict with Iran. (Cardenal, Jerusalén) EFE/EPA/Ammar Awad / POOL
Este Jueves Santo, los cristianos de Jerusalén –al menos algunos– podrán acudir al cenáculo o tener sus celebraciones en la basílica del Santo Sepulcro, unos ritos marcados por las restricciones de seguridad y el aforo reducido. Tras los acontecimientos del pasado domingo 29 de marzo, cuando la policía israelí impidió el acceso al templo al cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca latino de Jerusalén, y al franciscano Francesco Ielpo, Custodio de Tierra Santa, ambas autoridades religiosas han establecido las nuevas medidas para estos días santos, priorizando la seguridad sin renunciar a la liturgia.
A pesar de las reacciones generadas por la prohibición del Domingo de Ramos, que suscitó fuertes reacciones de la comunidad internacional y de la Casa Blanca, el cardenal Pizzaballa ha querido rebajar la tensión desde el primer momento: “No es nuestra intención volver de manera polémica sobre lo ocurrido el domingo pasado. Nuestro deseo es más bien mirar hacia adelante con espíritu constructivo, para que la libertad de culto de todas las religiones sea siempre respetada y el Status Quo –especialmente dentro de la Basílica del Santo Sepulcro– sea plenamente salvaguardado. Es sobre estos principios que deseamos seguir construyendo, en el diálogo y en la cooperación con las autoridades, convencidos de que el respeto mutuo es el fundamento de una auténtica convivencia y de la protección de los Lugares Santos, que pertenecen no solo a esta tierra, sino a toda la humanidad”, recogen los medios vaticanos tras una rueda de prensa conjunta de los dos líderes.
Tanto el patriarca como el custodio han expresado su firme deseo de que “hechos de este tipo no se repitan nunca más”. Aprovecharon la ocasión para dejar clara la postura de la Iglesia respecto a los derechos innegociables sobre los lugares de culto: “Lo ocurrido nos ofrece también la oportunidad de reafirmar con claridad algunos principios y derechos fundamentales que consideramos esenciales e innegociables. Desde hace más de siete siglos, la Custodia de Tierra Santa cuida de los principales Lugares Santos y, en particular, de la Basílica del Santo Sepulcro, junto con la Iglesia greco-ortodoxa y la Iglesia apostólica armenia”. Recordaron, además, que la presencia de los frailes franciscanos ha sido ininterrumpida a lo largo de los siglos, incluso en los tiempos de guerra más oscuros, y que desde el inicio del actual conflicto armado, la liturgia en el interior de la Basílica no se ha detenido en ningún momento.
En este sentido, el patriarca subrayó “que el Custodio de Tierra Santa es el superior del Santo Sepulcro y, como tal, no necesita permiso de la policía para acceder a la basílica”. Aclaró de forma contundente que esta potestad no es un privilegio, “sino el reconocimiento de un derecho consolidado desde hace tiempo”, protegido por el Status Quo que los sucesivos gobiernos han respetado históricamente. Pizzaballa hizo un llamado directo al gobierno israelí: “Es importante recordar que miles de millones de creyentes en todo el mundo miran hacia Jerusalén y hacia las oraciones que se recitan en los lugares santos. El gobierno de Israel debe tener presente este aspecto, así como la responsabilidad que le incumbe frente al mundo cristiano, para seguir garantizando en todo momento —y a pesar de las dificultades— el desarrollo de las oraciones y para encontrar soluciones adecuadas en coordinación con nosotros. Esto es lo que se hizo ayer, y se encontraron soluciones. Se trata de un diálogo que debe mantenerse de manera continua y constante”.
Respecto al desarrollo práctico de la Semana Santa que hoy entra en sus días culminantes, el cardenal reconoció que el bloqueo dominical fue “un episodio doloroso, que ha afectado profundamente a la comunidad cristiana”. Explicó cómo se fraguaron las medidas actuales de cara a la Pascua: “Habíamos solicitado la posibilidad de unirnos a la liturgia dentro del Santo Sepulcro, para salvaguardar el derecho fundamental de que el obispo de Jerusalén pudiera celebrar la Misa de Ramos. Hubo algunos malentendidos. Tras contactar con las autoridades, llegamos a un acuerdo por el cual las celebraciones de la Semana Santa se llevarán a cabo a puertas cerradas, con un número reducido de personas”.
El contexto de la guerra en curso entre Israel, Estados Unidos e Irán, que sigue extendiéndose por Oriente Medio, ha obligado a tomar estas dolorosas precauciones por motivos puramente logísticos y de protección. La directriz general es que “las iglesias en Tierra Santa permanecerán abiertas, pero corresponde a cada párroco hacer todo lo posible en función de la zona y de las restricciones de seguridad en esa área determinada”. Sin embargo, la situación en la Basílica principal es distinta. El Santo Sepulcro permanecerá cerrado al público general debido a la inexistencia de refugios cercanos. Los ritos pascuales allí se limitarán a la comunidad de frailes local y “solo dos o tres personas como máximo, externas”, asegurando a los fieles la posibilidad de unirse espiritualmente a través de las transmisiones en vivo.
Finalmente, Pizzaballa quiso enmarcar la consternación local dentro de la inmensa tragedia que asola la región, recordando la situación de profundo miedo que atraviesan las poblaciones en países vecinos: “Hay muchas personas que están peor que nosotros; pienso en el Líbano, en Siria y en otros lugares de Oriente Medio. Por eso también debemos dar la justa proporción a lo que ha sucedido en Jerusalén; no queremos dar la impresión de tener el monopolio del dolor”.
Un dolor y una consternación que se ven tristemente incrementados por las recientes decisiones políticas, como la ley aprobada por la Knesset que prevé la pena de muerte para prisioneros palestinos juzgados por terrorismo. Ante esta medida, que excluye a los ciudadanos israelíes y ahonda en la división, el cardenal concluyó con una advertencia y un ruego urgente: “Hemos recibido con gran dolor la noticia de la votación del Parlamento israelí sobre la pena de muerte, que no hace más que aumentar la brecha de odio entre israelíes y palestinos. Debemos trabajar con todas las partes para evitar un mayor deterioro de la situación”.