“La verdadera belleza la llevas dentro de ti, cuando sabes mirar a los ojos a quien sufre o a quien se siente invisible entre las luces de la ciudad”, recordó León XIV a las nuevas generaciones
Dentro de su Viaje Apostólico al Principado de Mónaco, el papa León XIV ha protagonizado esta mañana un emotivo encuentro con los jóvenes y catecúmenos en la explanada de la emblemática iglesia de Santa Devota –la santa corsa que es la patrona de Mónaco–. Tras su visita a la catedral donde tuvo un momento de oración y el encuentro con la comunidad católica, el pontífice se trasladó a este popular templo situado en el valle de los Gaumates, en el distrito de La Condamine, donde fue recibido por el entusiasmo de las nuevas generaciones monegascas. León XIV rezó unos instantes en el interior del templo y veneró, acompañado por el párroco, las reliquias de la santa. Para este momento se puso una estola roja, que dejó para el encuentro con los jóvenes manteniendo solo la sotana blanca papal.
El acto comenzó con un canto sobre santa Devota interpretado por un coro plenamente femenino y las palabras de bienvenida del arzobispo de Mónaco, Dominique-Marie David, quien describió el entorno como “un lugar de memoria y de oración” dedicado a la joven mártir que dio su vida por Cristo en los albores del siglo IV. El prelado presentó a los jóvenes asegurando que, como en todo el mundo, “encarnan el dinamismo y la generosidad”, aunque reconoció que también están “llenos de interrogantes y a veces incluso de inquietudes sobre la situación del mundo y el futuro que les espera”.
Estos interrogantes se hicieron patentes en los testimonios que cuatro jóvenes compartieron con el Papa –alternados con dos bailes–. Benjamin, un estudiante de 22 años, preguntó cómo mantener la confianza y la esperanza cristiana en medio de un mundo lleno de distracciones que nos alejan de Dios. Por su parte, Andreia, de 24 años, habló en nombre de una generación inmersa en las redes sociales y el constante estímulo visual, planteando el desafío de evitar el vacío interior y lograr que la fe “siga siendo sólida y viva” para transformar la cotidianidad. También alzaron su voz dos catecúmenos que recibirán el bautismo próximamente: Ethan, un joven de 25 años que encontró en Cristo la luz tras una etapa de letargo y falta de sentido , y Sophie, una médica de 35 años que atiende a pacientes graves a domicilio y que compartió su dilema sobre cómo llevar consuelo a los enfermos que se sienten abandonados por Dios cuando no llega la curación física.
En su esperado discurso, León XIV articuló una profunda y consoladora respuesta a todas estas inquietudes, tomando como grandes referentes a santa Devota y al joven beato Carlo Acutis. Recordando la historia de la patrona de Mónaco, el Papa, a pesar del ruido ambiente que le hizo detener su discurso en varias ocasiones. señaló que sus perseguidores “querían aniquilarla, borrar todo recuerdo suyo y, en cambio, su sacrificio llevó aún más lejos el mensaje de paz y amor del Evangelio”.
Haciendo eco de las preocupaciones de Benjamin y Andreia sobre la superficialidad contemporánea, el pontífice advirtió que “vivimos en un mundo que parece ir siempre de prisa, ávido de novedades, amante de una fluidez sin vínculos, marcado por una necesidad casi compulsiva de cambios continuos”. Ante esta realidad, aseguró que lo único que da solidez a la vida es el amor, e invitó a los jóvenes a hacer espacio al Espíritu Santo: “Hay que despejar la puerta del corazón de estas cosas, para que el aire sano y oxigenante de la gracia pueda volver a refrescar y revitalizar sus habitaciones” más allá de los clicks y los reels. Para ello, recomendó el silencio y la adoración eucarística, citando a Carlo Acutis, quien definía la Eucaristía como la “autopista hacia el Cielo” y la adoración como un “baño de sol, capaz de broncear el alma”.
Respondiendo a la médica Sophie y al catecúmeno Ethan sobre cómo ser testigos del amor y dar consuelo en medio del dolor, el Papa recordó la promesa de Jesús de que el Espíritu Santo hablará por nosotros en los momentos de prueba. El pontífice profundizó en la célebre frase de San Agustín, «Ama y haz lo que quieras», explicándola de una manera sumamente práctica y compasiva: “Ama, es decir, sé un don gratuito para Dios y para los demás; sé cercano, no te alejes, incluso cuando no puedas resolver todos los problemas ni arreglar todas las dificultades. Permanece allí, con amor y con fe”. Añadió una reflexión adaptada al contexto local: “Mónaco es un país hermoso, pero la verdadera belleza la llevas dentro de ti, cuando sabes mirar a los ojos a quien sufre o a quien se siente invisible entre las luces de la ciudad”.
Hacia el final de su intervención, León XIV lanzó un llamamiento a la entrega total. “Queridos jóvenes, no tengáis miedo de entregarlo todo —vuestro tiempo, vuestras energías— a Dios y a los hermanos, de entregaros por completo al Señor y a los demás” , exclamó Papa, asegurando que solo así hallarán un gozo siempre nuevo. Despidiéndose con una bendición, el pontífice encomendó a la juventud la misión de transformar su entorno: “Mónaco es un país pequeño, pero puede ser un gran taller de solidaridad, una ventana a la esperanza”. Tras este encuentro, el Papa se trasladó en coche abierto al arzobispado, donde concluyó la intensa jornada matutina.