Marimí, superiora de las HAM, durante una celebración del grupo
Una práctica que está creciendo en los templos españoles son las llamadas alabanzas, unas celebraciones importadas de la esfera evangélica, con tintes carismáticos, en las que se experimentaría incluso una presencia del Espíritu Santo con manifestaciones físicas como llanto, gemidos, temblor o desmayos, que poco o nada tienen que ver con la tradición orante y litúrgica católica.
Las Hijas del Amor Misericordioso (HAM) y los Hermanos del Amor Misericordioso habrían dado algo más que una vuelta de tuerca a estas iniciativas que las víctimas de estos grupos califican de “delirio”. Hasta tal punto que los participantes en estos actos en sus capillas, llega a sentirse ‘poseídos’ lo mismo por madre Teresa de Calcuta que por san José, por el padre Antonio Mansilla, fundador de las HAM, o por san Carlo Acutis, el adolescente italiano que se ha convertido en un referente de la juventud católica y considerado el patrón de internet, porque murió de leucemia en 2006 con solo 15 años y que fue canonizado por León XIV el pasado septiembre.
Este sería, entre otros muchos, uno de los motivos por el que esta asociación pública de fieles fue intervenida el pasado julio por el cardenal arzobispo de Madrid, con el aval de un informe del Tribunal de la Rota de la Nunciatura Apostólica en España. Los investigadores dieron verosimilitud a estos relatos y a las acusaciones de presuntos abusos de poder, conciencia y sexual en el seno de la institución. Desde el grupo guardan silencio más allá de un comunicado emitido el pasado verano en el que niegan la mayor. Las HAM cuentan con unas 120 consagradas, los HAM son una treintena y en su entorno cuentan con el apoyo de unos 300 laicos.
Pero, ¿cómo tiene lugar estas ‘posesiones’ santas? “En medio de la reunión, alguien solicita permiso para hablar. Entonces quien está al frente, por ejemplo, Marimí, pide a la asamblea que se calle, se para la alabanza y comienza a hablar el que se podría denominar como ‘profeta’”, expone un testigo de estas alabanzas en las suele estar presente la superiora general de la entidad, la sevillana María Milagrosa Pérez.
Es en ese momento ese ‘profeta’, que puede ser un consagrado o una consagrada, habla, no para compartir su meditación, para pedir o dar gracias a Dios: “Se expresa en primera persona, incluso impostando su voz como si fuera la Virgen María, un santo o el mismo Dios para comunicar un mensaje a los presentes”. En otras ocasiones, puede que el fallecido invocado no haya sido canonizado oficialmente por Roma: “Yo he llegado a escuchar a una de las jóvenes hablar en nombre de una mujer vinculada al grupo que falleció y que venía a decirnos que había pasado unos días en el purgatorio, pero que ya estaba contenta en el cielo”.
Los propios directores espirituales de los y las HAM animarían a los jóvenes y adultos a entrar en este trance. “Mi responsable me animaba a que hablara y participara si se me ocurría algo, porque habíamos sido elegidos y estábamos iluminados”, comparte una de estas víctimas a ‘Vida Nueva’. Hoy, ya fuera del grupo, reconoce que “entras en una disociación tal que no sabes cuáles son tus pensamientos, cuáles son de Dios y cuáles son del demonio”, reflexiona ahora que ha podido tomar distancia de lo padecido en el seno del grupo.
Esos poderes sobrenaturales que tendrían los miembros de este movimiento los llevaría también a contactar con las llamadas ‘almas errantes’. “Marimí cree que en nuestro entorno se mueven almas errantes, fallecidos que no han llegado a presentarse en el juicio, que no están ni el cielo ni en el infierno ni en el purgatorio, sino que se mueven todavía por las calles”, relata una de las víctimas. Su descripción encaja con el guion de la popular serie norteamericana, ‘Entre fantasmas’, en la que Jennifer Love Hewitt encarnaba a una joven con poderes para comunicarse con estas ánimas.
Según la víctima, las almas “acuden a ti porque tú puedes ser un canal para expresarse, por lo que tus sentimientos, tus reacciones y tus palabras pueden ser reflejo suyo”. El HAM o la HAM elegida tendría por tanto una “gracia” especial con una misión adosada: salvar a quienes están “vagando”: “Estos seres se sienten atraídos por tu luz para que les eches una mano por la situación de angustia que viven por miedo a la condenación eterna”. ¿Cuál sería el protocolo a seguir si un alma errante se une a ti? Rezar dos veces al día, echarte agua bendita y pasarte la cruz por el cuerpo para purificarte y ayudarles. A esto se sumaría el intento de establecer un diálogo personal con el alma errante para encaminarle hacia Dios.
Tal es la convicción de que esa ‘almas errantes’ se mueven por el mundo que los directores espirituales de los y las HAM prohibían a algunos de los miembros acercarse hospitales y cementerios porque “son espacios donde se mueven demasiadas almas errantes y podrían pegarse a ti, no solo ellas, sino también demonios”.
A las ‘posesiones’ de los santos y de las almas errantes, también hay que sumar el riesgo constante de las posesiones demoniacas. De hecho, los exorcismos son una práctica más que habitual en las comunidades que la familia HAM tiene en las diócesis de Madrid, Getafe, Toledo y Sevilla. Se trata de unos exorcismos ilegales, a la luz de la Iglesia, en tanto que no estarían practicados por sacerdotes autorizados por los obispos locales ni bajo el protocolo marcado por la Santa Sede. “El sacerdote que los practica en Madrid sigue al frente de su parroquia”, denuncia una víctima.
“Era todo una locura. De repente, en medio de una misa, podrías escuchar de fondo a hermanas que gritaban. Lo que te decían era que estaban en primera línea de batalla con el demonio, que estaban en medio de la lucha y que había que seguir rezando para que ganar”, añade otra participante.
Lo cierto es que estas prácticas, siempre según el relato de quienes han abandonado la entidad, no solo se realizarían con jóvenes y adultos, sino también con niños. ¿Dónde? En los campamentos de verano convocados desde las parroquias que los Hermanos del Amor Misericordioso regentan en las localidades de Fuenlabrada y Móstoles. Uno de los monitores presentes en estas colonias detalla lo que sucede en su interior: “Se hacían ese tipo de alabanzas y había niños que empezaban a llorar, que se tiraban al suelo emulando los descansos en el Espíritu… Imagínate el miedo que se generaba en muchos de ellos, estaban verdaderamente asustados”.
Su testimonio, incorporado como los anteriores en el exhaustivo informe del Tribunal de la Rota, aterriza todavía más: “Cuando los menores estaban tumbados en el suelo, llorando desconsoladamente, algún hermano o hermana iluminada le decía que el demonio le estaba afectando porque arrastraba un dolor de su primera infancia, le ponían una cruz encima y tiraban de ellos para levantarlos de forma repentina como si aquello fuera una liberación, una sanación con oraciones en distintas lenguas”.
El problema llegaba de vuelta a casa, al finalizar el campamento: “Algunos niños se lo decían a sus padres y las familias alucinaban, pero buscaban la manera de darle una vuelta para que todo sonara más a una dinámica o performance un campamento”.