La Academia Pontificia para la Vida reconoce los avances de la xenotrasplantación y fija límites claros: salvar vidas sin perder la dignidad humana ni ignorar los riesgos
¿Luz verde del Vaticano al transplante de órganos de animales a humanos? Sí, pero con matices. Y es que la Academia Pontificia para la Vida acaba de publicar un documento que marca un antes y un después en el debate acerca de la xenotrasplantación.
Y es que, tal como señala el documento, faltan órganos que transplantar. Y esta escasez “significa la muerte de un alto porcentaje de enfermos en lista de espera” que podrían salvarse con un trasplante. En este sentido, el Vaticano reconoce que el progreso en cuanto a la xenotrasplantación —principalmente de órganos de cerdo— para salvar vidas humanas ha sido “notable” en los últimos años, abriéndose la puerta a aplicaciones concretas en pacientes.
“El objetivo es, ante todo, de interés humano, ya que está impulsado por la necesidad de resolver el grave problema de la insuficiencia de órganos humanos adecuados para los trasplantes”, subraya la Santa Sede, recordando que “esta insuficiencia implica la muerte de un alto porcentaje de enfermos en lista de espera, que podrían salvarse mediante el trasplante”.
El texto señala también los problemas que trae consigo: desde el rechazo inmunológico hasta el riesgo de transmisión de infecciones entre especies (xenozoonosis), pasando por la ncesidad de inmunosupresión agresiva y la incertidumbre de qué consecuencias puede traer esta práctica a medio y largo plazo.
Sin embargo, el documento avala la investigación y reconoce que la ciencia es “una guía necesaria y una luz valiosa”, aunque recuerda que todo debe estar orientado “al bien del hombre y a la salvaguarda de su salud”. Es decir: no basta con que esta técnica sea posible, sino que debe ser moralmente justificable y llevarse a cabo bajo códigos éticos.
En este sentido, para el Vaticano, hay tres límites que no se deben pasar. En primer lugar, la Santa Sede recuerda que la dignidad humana es inquebrantable. Por ello, advierte que el paciente no puede convertirse en un experimento.
Por otro lado, la Pontificia Academia para la Vida recuerda que a los animales deben ser tratados con respeto, incluso cuando se utilizan para el “bien mayor” del ser humano. Finalmente, el Vaticano subraya que el riesgo debe ser controlable, tanto para el paciente como para el personal sanitario.