Cono Sur

Mujeres del Cono Sur reafirman su compromiso con la Iglesia sinodal

| 24/03/2026 - 14:30

Con la convicción de que no hay identidades superiores, afirman que aspiran a un espacio participativo, inclusivo, corresponsable y en salida





Con espíritu de comunión, escucha y discernimiento, tuvo lugar el I Encuentro de Mujeres en Sinodalidad del Cono Sur, organizado por el Centro de Programas y Redes de Acción Pastoral y el CELAM, y afirmaron: “Caminamos juntas, con voz propia, hacia una Iglesia donde todas y todos tenemos lugar”.



Bajo la inspiración de la mujer samaritana: “La mujer dejo allí el cántaro y corrió al pueblo” (Jn 4 28), se pronunciaron a través de un manifiesto en el que afirmaron su sed de justicia, participación, comunión y paz.

Durante estas jornadas vivenciaron un espacio de reconocimiento mutuo, de diálogo sincero y de construcción colectiva, para reafirmar el compromiso con una Iglesia verdaderamente sinodal: participativa, inclusiva, corresponsable y en salida, que reconozca plenamente la dignidad, los saberes y los liderazgos de las mujeres en toda su diversidad.

Valoraron el papel fundamental de las mujeres en la vida de la Iglesia, sosteniendo comunidades, animando procesos pastorales y encarnando el Evangelio en la vida cotidiana.

Denuncias

Sin embargo, manifestaron también múltiples formas de invisibilización, exclusión, discriminación, racismo y desigualdad que aún persisten en los espacios de decisión eclesial.

Denunciaron el feminicidio, la trata de personas, el secuestro de niñas y niños con fines de explotación, el tráfico de órganos y otros fines. “No callaremos ante realidades que continúan cobrando la vida de mujeres, especialmente de las más vulnerables”. Asimismo, alertaron sobre toda forma de violencia contra las mujeres dentro y fuera de la Iglesia (violencias físicas, psicológicas, estructurales y espirituales) y pidieron promover espacios seguros, de cuidado y acompañamiento e impulsar políticas eclesiales que garanticen la igualdad y la justicia de género.

Con respecto a la violencia contra la tierra, denunciaron el extractivismo, el uso de agrotóxicos y los modelos de monocultivo que contaminan los ríos, degradan los territorios y ponen en riesgo la salud de las comunidades. Afirmaron con claridad: “si la tierra es violada, la mujer es tratada de la misma manera”. Desde el Cono Sur, mencionaron su lealtad con las comunidades que padecen exclusión, pobreza y discriminación.

En el mensaje, especificaron su trabajo para visibilizar, reconocer y fortalecer el protagonismo de las mujeres indígenas, afrodescendientes, campesinas y urbanas, como sujetos claves en la defensa de la vida y los territorios. Reivindicaron la memoria de los ancestros y el aprendizaje de los pueblos originarios y de las comunidades afrodescendientes en los que la vida es un bien común. Rechazaron la invisibilidad y el racismo, el silencio impuesto a las hermanas afrodescendientes, campesinas e indígenas, la subestimación de sus saberes y la falta de oportunidades que las mantienen en la periferia de las decisiones eclesiales y sociales.

Protagonismo y presencia

En el pronunciamiento final, indicaron la dignidad plena y diversa de todas las personas: no existen identidades superiores.

Reivindicaron el liderazgo femenino que no compite, sino que armoniza; que no domina, sino que sirve con la fuerza de la ternura. Las mujeres asumen la sinodalidad como una práctica concreta que implica escucha activa, participación real y toma de decisiones compartidas, y exigieron que los procesos sinodales incluyan de manera efectiva y vinculante la voz de las mujeres.

A la luz del camino de Emaús (Lc 24, 13-35), asumen este proceso como envío misionero y hoja de ruta y se comprometen a caminar juntas, reconociendo las diversidades y fortaleciendo la unidad, para dar voz a quienes han sido silenciadas. Indicaron que, a través de la escucha y el compartir, promoverán una teología de las mujeres arraigada en sus propias culturas, inspirada en las mujeres de la Biblia y de la historia, y vivirán la corresponsabilidad impulsando una participación real, activa y equitativa, donde mujeres y varones compartan en reciprocidad e igualdad la mesa de las decisiones.

Para concluir, aseveraron que otro modo de ser Iglesia es posible: una Iglesia donde las mujeres estén presentes y sean protagonistas en igualdad de condiciones, y más concretamente, las mujeres del Cono Sur, nos comprometemos a seguir caminando juntas, tejiendo redes y construyendo una Iglesia sinodal, inclusiva, participativa y transformadora.

Noticias relacionadas