El pasado 20 de marzo, en el Vaticano, se presentó la Plataforma de Desinversión en la Industria Minera, impulsada por la red Iglesias y Minería y respaldada por más de 40 instituciones eclesiales. A partir de ahora, todas ellas asumen un principio esencial: revisar dónde invierten sus recursos económicos y, si se detectan, eliminar los fondos destinados a un sector que, además de contaminación y erosión de los ecosistemas, perjudica gravemente a las comunidades autóctonas.
- ¿Todavía no sigues a Vida Nueva en INSTAGRAM?
- WHATSAPP: Sigue nuestro canal para recibir gratis la mejor información
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Tras dar su testimonio en Roma, los líderes sociales peruanos Yolanda Flores y Javier Jahncke están de paso por Madrid. Aprovechando su visita a la sede central de Manos Unidas, con la que comparten diversos compromisos a través de Enlázate por la Justicia (que también integra a Cáritas, CONFER, Justicia y Paz y REDES), Vida Nueva puede hablar con ellos. Y recaba un aldabonazo en la conciencia por parte de la lideresa aimara en Puno: “La minería está acabando con el lago Titicaca, en cuyas orillas vive mi pueblo, y asfixia nuestras formas de vida en el que para nosotros es un lugar sagrado. Nos están envenenando poco a poco”.
Con mercurio o cianuro
Concretamente, “de las 13 cuencas del río, ya hay contaminadas nueve, dañando nuestras tierras (lo que perjudica a la ganadería y a la agricultura) y nuestras aguas… Hablamos de mercurio o cianuro que utilizan para sacar el oro y que nos entran en el cuerpo, enfermando mortalmente. El otro día, una madre, que ya está muy mal, se dolía así: ‘¿Estoy yo misma envenenando a mi hijo?’. Por eso necesitamos agua limpia y de calidad para hoy, no para mañana”.
Ante tan terrible “violación de todos nuestros derechos humanos”, Flores está cansada de falsas promesas: “Las elecciones presidenciales en Perú son este 12 de abril. Vendrán los candidatos y nos dirán muchas cosas que no cumplirán, como hacen las empresas mineras cuando defienden su proyecto y nos tachan de ‘antidesarrollo’ por demostrarles las consecuencias de su acción: nos matan”. De ahí que pregunte: “Quién financia esos proyectos mineros? ¿Quién nos está envenenando? ¿Dónde está el oro de nuestra madre tierra y nuestra madre agua que se llevan sin nuestro consentimiento?”.
Por eso la urgencia de articularse en red junto a otras organizaciones: “Unidos a nivel local, nacional e internacional, somos más fuertes. Nuestra voz llega más lejos. Lo mismo que cuando buscamos aliarnos con universidades, que, con sus investigaciones, documentan que lo que denunciamos es cierto y dejan en evidencia los discursos negacionistas que se mueven solo por su propio interés”.
Información justa
En ese sentido, propone una iniciativa concreta: “Si sabemos que los móviles de todos se elaboran con litio o cobre extraído de nuestra región, ¿por qué no se detalla su composición en una etiqueta, como con los alimentos que compramos en cualquier tienda? Solo reclamamos lo que le pedimos a los empresarios y nos ignoran: una información justa y razonable, pues es nuestra vida la perjudicada”.
También es muy interpelante el testimonio de Jahncke, miembro de la Fundación Ecuménica para el Desarrollo y la Paz (FEDEPAZ), parte a su vez forma parte de la red Muqui, que integra a 20 organizaciones que promueven el uso sostenible de los recursos naturales y trabaja en la defensa de los derechos de las comunidades indígenas y campesinas en Perú. Con voz firme, deplora que “hay una violencia creciente contra estos pueblos en toda América Latina”. Frente a ello, consciente de que “la Iglesia está en todos los territorios”, reclama que las estructuras eclesiales ayuden a vertebrar “las alianzas con las víctimas, pues ellas suelen acudir en primer lugar a esos espacios de fe cuando sus derechos fundamentales se socavan”.
Así, las comunidades cristianas pueden y deben “acompañar los procesos y acoger los gritos de la tierra y de la gente, impulsando una acción concreta”. Lo que también pasa “por tener los argumentos para dejar en evidencia a los políticos o empresarios que nos venden un ‘desarrollo integral’ para los territorios y que, como constatamos a diario, solo rapiñan nuestro hábitat”.
Desnudar los flujos financieros
En ello es clave “desnudar los flujos financieros y preguntarnos quiénes están detrás de ellos y quiénes, desde la Administración, les apoyan con incentivos fiscales y otros beneficios. Luego, cuando se demuestra que perjudican a las comunidades, rompiendo sus falsas promesas de ‘desarrollo para todos’, hay que exigir que asuman sus responsabilidades”.
Desde esa mirada amplia hay que ser conscientes de que, “como ocurre en Perú, faltan Estados que sean garantes de los derechos de los ciudadanos más desprotegidos ante estos grandes intereses globales”. Algo que sucede “en América Latina, Asia y África, en todo el Sur global, que es el que sufre la demanda excesiva del Norte global”.
De ahí que Jahncke deplore que “estén decayendo en la Unión Europea los avances legales para exigir la debida diligencia a las empresas de ese continente que operan en el nuestro y que no respetan los derechos humanos”. Algo en lo que también señala a la ciudadanía: “En Suiza, hace un tiempo, se convocó un referéndum en ese sentido… y se rechazó”. Lo que muestra a las claras que el “egoísmo” impera en buena parte del planeta, donde “no se fiscalizan las cadenas de producción que nutren nuestro consumo”.
Modos de vida distintos
Y es que un cambio profundo también pasa “por todos nosotros, ciudadanos de a pie, estando a nuestro alcance tener modos de vida distintos, más sencillos y ajenos al consumo que proponen las grandes corporaciones. Es lo que Francisco nos proponía en Laudato si’: una sobriedad feliz, sin necesidad de caer en el exceso”.
Un guante que recoge Flores, que apela a ese “buen vivir” en “armonía con la Casa común, de la que somos sus custodios, siendo esta una lucha por nuestra generación y por la de nuestros hijos”. Un compromiso, por cierto, en el que desea tener a “una Iglesia cercana, de nuestro lado. En Puno hay congregaciones comprometidas en este sentido, y también algunos sacerdotes y obispos. Pero, en general, echamos de menos tener a pastores que vayan de la mano de la gente y no lo centren todo en la liturgia. Les necesitamos cerca y que nos escuchen, nos orienten y nos levanten cuando caemos”.
En ese reto, Jahncke confía en el papa León XIV: “Estuvo muchos años en Perú y nos conoce bien. Yo he podido trabajar con él y valoro mucho cómo denuncia la guerra y clama por ‘una paz desarmada y desarmante’. Porque no podemos olvidar que, en el fondo del todo, hablamos de la guerra como un gran negocio, con la pujante industria de las armas (se emplean 17 tipos de minerales para crear armamento de todo tipo) y con la lucha por las materias primas por parte de muchos poderosos. No está solo el petróleo, sino los minerales raros, que explican lo que ocurre en Ucrania o en Groenlandia, por ejemplo”.
Denunciar la guerra
De ahí su llamada final: “La plataforma, en la que llevamos trabajando tres años, también surgió para denunciar la guerra y para poner la mirada en soluciones como las llamadas energías renovables, que benefician al Norte, pero perjudican al Sur, pues necesitan nuestros minerales (litio, cobre, oro…) y estos nos son rapiñados sin consultarnos y perjudicándonos. Lo que pedimos es que busquemos soluciones entre todos y que no nos depredemos, pues será nuestro fin”.
Hasta el punto de que, “en este tiempo de Apocalipsis, de fin de la civilización, por la fe sabemos que de las crisis puede emerger la esperanza. Jesús también lo sufrió y dejó claro que Dios no quiere un imperio, y menos uno que supuestamente hable en su nombre. Esto ocurre hoy, cuando hay ciertos líderes cristianos que bendicen determinadas guerras… Jesús cuestionó las estructuras y encarnó un sentido de la misericordia y el cuidado. Estamos a tiempo de recuperar la profecía con nuestra propuesta de vivir el reino en este mundo, rompiendo un círculo vicioso que nos aboca a la desaparición”.
…………
Fotos: Marta Isabel González (Enlázate por la Justicia).