Arzobispo de Mónaco
El próximo 28 de marzo, León XIV se convertirá en el primer Papa que visite Mónaco. Como destaca a Vida Nueva el religioso español Jesús López de Lacalle, superior de los Carmelitas Descalzos en el Principado, será un día inolvidable para todos. Y es que “Mónaco es un caso único en Europa y en la Iglesia: un Estado, una ciudad y una diócesis”. De hecho, estamos ante “una historia política y religiosa que se han construido juntas, pues, durante siglos, la relación entre la dinastía Grimaldi y la Santa Sede ha reafirmado la soberanía local”.
Fue en 1887 cuando “León XIII erigió oficialmente la Diócesis de Mónaco, directamente vinculada a la Santa Sede”. Una “relación privilegiada con Roma” que tuvo una resonancia institucional, hasta el punto de que “el artículo 9 de la Constitución establece que ‘la religión católica, apostólica y romana es la religión del Estado’. De hecho, se colabora con la actividad de la Iglesia, se reconoce su lugar en las instituciones del país y se apoya económicamente su labor”.
Eso sí, López de Lacalle puntualiza que, junto a este confesionalismo estatal, impera “la plena libertad religiosa para todos los monegascos y residentes. Esta articulación entre la tradición católica y la libertad de conciencia constituye una de nuestras particularidades”.
Entre muchas otras, ya que “Mónaco es un país cosmopolita que cuenta con 39.000 habitantes, de los cuales un 75% son católicos. Pero, aparte de Israel, aquí, con un 5,2% de la población local, tenemos la proporción más alta de habitantes judíos a nivel mundial”. En ese sentido, “hasta 150 nacionalidades viven en el Principado”, estando muy presente en la vida cotidiana “la cultura italiana”.
El superior de los Carmelitas Descalzos también señala que “esta diversidad social se plasma en las parroquias, donde se reúnen monegascos, franceses, italianos, británicos, suizos, españoles, portugueses o filipinos. Frecuentemente, en el mismo banco de la iglesia pueden sentarse el multimillonario junto al empleado doméstico. La Iglesia debe tener en cuenta este importante aspecto en su labor apostólica cotidiana, pues integran la comunidad cristiana tanto los ricos como los modestos”.
A nivel pastoral, “hay un equilibrio lógico con relación a la población” y la archidiócesis (Juan Pablo II le concedió ese rango) “cuenta con 29 curas y seis parroquias”. Esta pequeña gran familia acomete, “como en toda Europa, los desafíos de la secularización”. Eso sí, “se ven señales alentadoras de renovación, especialmente a través del aumento de catecúmenos y de adultos que están descubriendo la fe cristiana. Este año son 70 personas, en su mayoría jóvenes, los que siguen el itinerario de formación establecido como preparación hacia los sacramentos del bautismo, la confesión, la primera comunión y la confirmación”.
López de Lacalle también nos explica que “los carmelitas españoles se instalaron aquí en 1968, sustituyendo a los hermanos franceses de nuestra congregación. Sus principales objetivos eran las funciones pastorales y litúrgicas en la parroquia, y la capellanía de los primeros emigrantes que llegaban de España a Mónaco y a las zonas limítrofes. Actualmente, sobre nuestra parroquia, situada en el centro neurálgico, gravitan diversas comunidades nacionales, principalmente italianos, latinoamericanos, españoles, libaneses y ciudadanos de los países del Este de Europa”.
En su día a día, el reto es apasionante: “‘Padre, enséñame a rezar’. Esta solicitud se nos presenta frecuentemente. Nuestra vocación en la Iglesia y en la diócesis es liderar el servicio de la oración y compartirlo con todos los que lo deseen. Siendo esta nuestra primera vocación, hacemos hincapié en la promoción y acompañamiento de grupos de oración”. De ese modo, “la iglesia de los carmelitas es un polo de oración; un lugar de celebraciones eucarísticas y del sacramento de la reconciliación; un espacio donde se ofrece a todos la búsqueda de Dios; un ámbito donde uno puede ser escuchado y acompañado espiritualmente…”.
Lo que se traduce, claro, “en la atención a los grupos más desfavorecidos”. Algo que a muchos les puede sorprender, pues, “cuando se habla de Mónaco, se acude al típico cliché que evoca lujo, grandes fortunas, yates y casinos. Es cierto que el Principado posee una imagen internacional asociada a un alto nivel de vida, pero no refleja toda la realidad social local. Aquí también hay personas y familias que atraviesan situaciones de fragilidad: mayores que viven en la soledad, trabajadores con ingresos modestos o familias no monegascas que tienen dificultades para afrontar el elevado coste de la vida en la región”.
Estas situaciones “no siempre son visibles, pero forman parte del tejido humano”. Sin olvidar que, “en las localidades francesas que rodean el Principado, como Beausoleil, Cap-d’Ail, Roquebrune-Cap-Martin o La Turbie, “viven muchas personas que trabajan aquí y que afrontan realidades sociales más complejas. En estos municipios existen también núcleos de población que necesitan acompañamiento, apoyo social y, en muchas ocasiones, ayuda material”.
Frente a ello, “los carmelitas, junto a un grupo de voluntarios de la parroquia con los que hemos constituido la Asociación San Vicente de Paúl, acompañamos de forma continuada a personas solas, desfavorecidas, enfermas, con discapacidad o emigrantes, mediante visitas periódicas a domicilio, ayudas económicas o de asesoría administrativa y laboral”.
También participan “en diversas ‘Kermesse’, celebraciones populares festivas que son toda una manifestación de diferentes folclores internacionales y degustaciones de platos típicos. Se organizan regularmente con el fin de recaudar fondos para obras benéficas y ahí siempre estamos presentes con nuestro stand, donde ofrecemos cosas tradicionales de la cocina española, como tortillas, sangría y repostería”.