La oración cantada también se enseña

Francisco José Udaondo, director del Instituto Universitario de Música Sacra, de la Universidad

“El Instituto Universitario de Música Sacra nace de una convicción profunda: la música sacra no es un elemento accesorio u ornamental de la liturgia, sino oración cantada. Desde los primeros siglos del cristianismo, la música forma parte de la oración de la Iglesia y de la expresión solemne de la celebración. No es casual que las raíces de la música occidental se encuentren en los monasterios y en las catedrales, en tradiciones como el canto gregoriano o la polifonía”, expone Francisco José Udaondo, director del Instituto Universitario de Música Sacra, recién creado por la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA).



“Sin embargo, si miramos la situación actual, constatamos una paradoja –prosigue–. Poseemos un patrimonio musical extraordinario, pero durante décadas no ha existido en España, ni en la península ibérica, una institución universitaria dedicada específicamente a la formación superior en música sacra”. Y esto es lo que trata de corregir la Universidad Pontificia de Salamanca: crear una institución necesaria, referencial y atractiva.

“A esto se suma una realidad pastoral muy concreta: con frecuencia, encontramos músicos con buena formación técnica, pero escaso conocimiento litúrgico; o personas con sensibilidad litúrgica, pero sin una preparación musical suficiente –afirma–. El Instituto nace precisamente para responder a esa necesidad: ofrecer un marco académico estable que integre formación, investigación y práctica musical al servicio de la liturgia”.

Musica Sacra

Un proyecto, realmente, único. “Es singular porque, en este momento, no existe en la península ibérica un instituto universitario dedicado específicamente a la música sacra con una propuesta integral como la que estamos impulsando –añade–. No se trata simplemente de ofrecer algunos cursos o actividades puntuales, sino de crear una estructura académica estable que articule investigación, formación superior y práctica interpretativa. El Instituto quiere integrar tres dimensiones inseparables: la dimensión artística, la litúrgica y la académica”.

No nace solo para mirar hacia el esplendor del pasado, sino para acoger a los compositores de hoy. “La música sacra posee un patrimonio histórico inmenso, que incluye el canto gregoriano, la polifonía renacentista o las grandes tradiciones corales y organísticas de los siglos posteriores. Custodiar, estudiar e interpretar ese legado es una tarea fundamental –reivindica–. Pero sería un error concebir la música sacra únicamente como un patrimonio del pasado, como un fósil o un objeto de concierto. La tradición musical de la Iglesia siempre ha estado viva, y en cada época han surgido compositores capaces de expresar la fe con los lenguajes de su tiempo”.

Diálogo tradición-modernidad

Y, más aún, mira hacia el futuro: “Por eso, el Instituto quiere promover también la creación de nuevo repertorio de música sacra, favoreciendo el diálogo entre tradición y modernidad. En esa línea se inscribe, por ejemplo, el próximo Concurso Internacional de Composición Sacra Universidad Pontificia de Salamanca, que busca precisamente estimular la aparición de nuevo repertorio en continuidad con la tradición y en diálogo con la cultura y los lenguajes contemporáneos”.

Quiere, por tanto, romper tópicos como “los que sostienen que la música sacra pertenece al pasado o que la música de calidad es algo propio de otras épocas”, manifiesta. “La música no es un adorno añadido a la celebración: es parte constitutiva de la acción sagrada; es la liturgia misma que eleva su voz hacia Dios –insiste–. Al mismo tiempo, constituye uno de los patrimonios culturales más ricos de nuestra historia y sigue siendo una experiencia viva”.

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