Desde que el 28 de febrero, tras el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a Irán, se extendiera a todo Oriente Medio el mayor conflicto en años, este ha causado ya unos 2.000 muertos. Una catástrofe que se está cebando también de un modo especial con Líbano, por los enfrentamientos entre el grupo terrorista Hezbolá y el Gobierno israelí de Benjamin Netanyahu, dejando un saldo, por ahora, de más de 900 víctimas, más de 2.000 heridos y un millón de desplazados internos (uno de cada cinco ciudadanos del país).
Un escenario trágico y deshumanizante contra el que clama la Iglesia católica a nivel mundial, empezando por el Papa. Así, se da el caso de que el primer pontífice estadounidense de la Historia está respondiendo, uno a uno, a los intentos del Gobierno republicano de Donald Trump de insuflar a la guerra un supuesto fin espiritual. Y lo hace bajando a lo concreto.
Un caso claro se vivió el pasado 11 de marzo cuando, en una declaración en el Pentágono para informar sobre el estado de la intervención militar en Irán, el secretario del Departamento de Guerra, Pete Hegseth, no dudó en concluir su alocución citando el salmo 114 del Antiguo Testamento: “Bendito sea el Señor, mi roca, que entrena mis manos para la guerra y mis dedos para la batalla. Él es mi Dios amoroso y mi fortaleza, mi bastión y mi libertador, mi escudo en quien me refugio”.
Solo dos días después, el viernes 13, Prevost recibió a los participantes del 37º Curso sobre el Fuero Interno de la Penitenciaría Apostólica. Hablando con ellos sobre el sacramento de la confesión, lanzó al aire una pregunta que retumbó en la Sala Clementina del Palacio Apostólico: “¿Los cristianos que tienen una grave responsabilidad en conflictos armados tienen la humildad y el valor de realizar un examen de conciencia serio y confesarse?”.
Una frase, por cierto, que también podría haber ido dirigida al propio Trump, quien, unos días antes, dejó una imagen que dio la vuelta al mundo: sentado en el Despacho Oval de la Casa Blanca, permanecía rodeado por decenas de pastores evangélicos que extendían sus manos sobre él y le bendecían. Entonces, uno de ellos proclamó solemne su súplica a Dios: “Levantando los brazos de nuestro presidente, oramos para que tu favor y tu bendición sigan descansando sobre él. (…) Te pedimos que lo guíes en estos tiempos difíciles que estamos enfrentando hoy. Ruego por tu gracia y tu protección sobre él. Ruego por tu gracia y tu protección sobre nuestras tropas y todos nuestros hombres y mujeres que sirven en nuestras fuerzas armadas”. Todo un apoyo a su guerra santa en Irán, ni más ni menos, que “en el nombre de Jesús”.
El siguiente episodio que no ha dejado pasar León XIV es un mensaje en X compartido desde la cuenta oficial de la Casa Blanca el día 12. Si ya antes había publicado un vídeo en el que mezclaba imágenes de históricas películas estadounidenses con bombardeos en Irán, repitió la misma fórmula con los famosos videojuegos de Wii Sports, en los que los personajes aparecen jugando al béisbol, al golf o al tenis… y sus bolas se traducen en impactos reales sobre suelo iraní que, en numerosos casos, han dejado víctimas civiles inocentes.
Ante tal banalización del sufrimiento humano, ayer, lunes 16, al recibir hoy en audiencia a un grupo de periodistas de la RAI italiana, les recordó que “la información debe guardarse del riesgo de transformarse en propaganda” y evitar así “convertirse en megáfono del poder”. Por si quedaba alguna duda, reivindicó que “hay que mostrar el rostro de la guerra y contarla con los ojos de las víctimas para no transformarla en un videojuego”.
En ese sentido, en distintos ámbitos se están destacando las portadas de estos días de L’Osservatore Romano, donde han aparecido sábanas blancas teñidas de sangre o la impactante imagen de las 180 tumbas de los niños que murieron tras ser lanzada una bomba a su escuela el primer día de los ataques. Y es que, en un salto adelante en el que es evidente el apoyo papal, está siendo una de las cabeceras que más están mostrando el rostro real de la guerra: con toda su crueldad, sin ambages.