Athanasius Schneider, durante la presentación de su libro en Barcelona
No ha defraudado a sus ‘followers’ tradicionalistas y nostálgicos. En la gira española que le ha llevado por Madrid, Barcelona y Murcia para presentar uno de sus libros y presidir la misa tridentina, el obispo auxiliar de la archidiócesis de Astana, el kazajo Athanasius Schneider ha ejercido de negacionista del Concilio Vaticano II, ha cuestionado el magisterio papal desde Juan XXIII, ha vaticinado que el fundador cismático Marcel Lefebvre subirá a los altares y ha legitimado la consagración de nuevos obispos de la Fraternidad San Pío X al margen del Papa.
Invitado por la entidad ‘Luz de Trento’, un grupo tradicionalista que, entre otros postulados, reivindica la memoria del dictador Francisco Franco, Schneider ha protagonizado diversos actos que han servido para dar a conocer su nuevo libro ‘Huir de la herejía’.
Para el obispo, la Iglesia vive hoy atrapada por una “anarquía doctrinal, moral y litúrgica casi total”. “La Iglesia experimenta una de las mayores epidemias espirituales”, expuso el prelado en su alocución en Barcelona, donde remarcó que “una confusión y desorientación doctrinal casi universal constituye un grave peligro contagioso para la salud espiritual y la salvación eterna de muchas almas”.
En esta misma línea, se muestra convencido del “letargo generalizado en el ejercicio del magisterio de la Iglesia en los diferentes niveles de la jerarquía eclesiástica”. Así, aprecia una “reafirmación de aquellas verdades socavadas, ofuscadas y negadas por algunos de los errores más peligrosos de nuestro tiempo”.
“Cuando los obispos y los papas son negligentes e indiferentes en lucha contra las herejías se asemejan a un médico indiferente e inactivo ante una epidemia”, sentencia Schneider. “El edificio de la Iglesia está en llamas”, apunta en un tono apocalíptico.
Con esta premisa, Schneider plantea que “el Vaticano II no trajo una primavera a la Iglesia, nunca llegó”, puesto que acepta “herejías muy ambiguas”. “Llevamos 60 años con una situación de un cáncer de ambigüedad doctrinal y litúrgico”, advierte.
Desde ahí tira por tierra una de las frases clave del discurso de apertura del Concilio Vaticano II pronunciado por Juan XXIII: “En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más bien que la de la severidad; cree que es necesario ir al encuentro de las necesidades actuales, mostrando la validez de su doctrina más que renovando condenas”.
Con este texto como base, Schneider la califica de “increíble afirmación” la del Papa italiano, cargada de “optimismo” e “ingenuidad”. Incluso deja caer que el propio Roncalli pudo ser un hereje: “Vivió en un mundo irreal o bien se dejó llevar implícitamente por la teoría del pelagianismo”. Para el obispo kazajo, hay que acabar con la “irreal misericordia de la reconciliación” frente a la “caridad de la condena” que él defiende.
En su reflexión, no le basta con denostar a Juan XXIII, sino que también apunta con el dedo a Karol Wojtyla y Jorge Mario Bergoglio: “No podemos continuar con esta tendencia relativista que empezó con el Concilio respecto a otras religiones y al ecumenismo y que se materializa en expresiones de altos clérigos, incluso de Francisco y de Juan Pablo II”.
Retorciendo y descontextualizando citas lo mismo del Evangelio que de san Gregorio Magno que de san Agustín, santo Tomás de Aquino o de san John Henry Newman, alerta de la existencia de “un reservatorio de herejías, contradicciones, sofismas”. “Reina un relativismo despiadado”, advierte, añadiendo que “el modernismo filosófico y teológico que el papa Pío X condenó hace más de cien años ha materializado en devastadoras consecuencias en la vida de la Iglesia actual”.
El obispo no duda al afirmar que “altas autoridades eclesiásticas promueven este modernismo”, que se centra fundamentalmente en la “herejía fundamental del relativismo”.
Por eso, reclama “urgentemente una solución” con el fin de “proteger a los hombres del veneno de la herejía, ya que tiene un efecto devastador, como el de una epidemia”.
Preguntado por la amenaza de cisma de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, dispuestos a consagrar varios obispos sin la aprobación del Papa, Schneider critica a la Santa Sede por abordar esta crisis desde “una discusión muy superficial, emocional y lamentable, desde una visión puramente legalista”. “Es un papalismo no sano”, apunta sobre la gestión realizada por el equipo de León XIV.
Al hilo de esta cuestión, se detuvo en la figura del fundador del grupo tradicionalista, Marcel Lefebvre. Desde su experiencia como visitador, definió al obispo excomulgado como “un alma grande”. “Él será canonizado por la Iglesia, como un gran obispo misionero, un obispo en un tiempo muy confuso y difícil de la historia”, vaticinó.
A partir de ahí, ironiza con la sinodalidad y la inclusión promovida por Francisco para reclamar manga ancha para la Fraternidad San Pío X que se traduzca en “el permiso de las ordenaciones”. “Sería un primer paso, un gesto pastoral y sinodal”, anima a León XIV. Y justo después lanza otro dardo sarcástico: “El Vaticano es muy generoso con los obispos heréticos alemanes”.
“Gracias a Lefebvre, la misa tradicional se ha salvado”, elogia en otro momento el pastor que, a la par, criticó que la eucaristía actual contiene “deficiencias doctrinales, que debemos esclarecer”.