El evento arrancaba este fin de semana con oración, testimonios y talleres para redescubrir lo que significa una vida de vocación
‘¿Vivo, para quién?’. Con esta pregunta comenzaba el pasado viernes, 13 de marzo, el Congreso Diocesano de Vocaciones de Salamanca, un encuentro que durante tres días ha reunido a más de medio millar de personas procedentes de parroquias, comunidades y movimientos de toda la diócesis.
Tal como señala la diócesis, ha sido el colegio Calasanz el punto de encuentro de jóvenes, matrimonios, religiosos, sacerdotes y laicos que han querido detenerse para reflexionar juntos sobre el sentido de la llamada de Dios en la vida cotidiana.
Durante la primera jornada, tras la llegada de los participantes, la inauguración del congreso combinó momentos de humor con intervenciones que ayudaron a situar el sentido profundo del encuentro. El humorista Martín Luna, conocido por su participación en El Club de la Comedia, fue el encargado de conducir el inicio del acto con un tono cercano que dio paso a los organizadores.
Fernando García Gutiérrez, responsable de la Mesa Vocacional que ha impulsado la iniciativa, explicó que el congreso es fruto de un trabajo conjunto que comenzó antes del Congreso Nacional de Vocaciones celebrado en Madrid el año pasado.
“Esa mesa es la que ha hecho posible este congreso”, afirmó. En ella participan delegaciones diocesanas muy diversas: Familia y Vida, Enseñanza, Pastoral Juvenil, Pastoral Universitaria, Misiones, Vida Religiosa o el Seminario, entre otras.
Más allá de la organización de un evento concreto, el objetivo ha sido generar un estilo nuevo de trabajo dentro de la diócesis. “Estamos empeñados en trabajar en comunión, dialogar mucho y aprender a caminar juntos, y eso nos está ayudando a crecer como Iglesia diocesana”, subrayó.
María Ramírez, miembro también del equipo organizador, destacó la importancia de contar con la participación de los jóvenes en este proceso. “Quisieron contar conmigo para aportar también una mirada más juvenil y llegar a esa franja de edad”, explicó.
Asimismo, desde el Servicio de Pastoral de la Vocación de la Conferencia Episcopal Española se envió un mensaje agradeciendo el trabajo realizado en Salamanca y destacando que esta canción servirá para animar esa jornada en toda la Iglesia en España.
“Esto es una fiesta diocesana”, afirmó el obispo de Salamanca, José Luis Retana, durante la inauguración del congreso, recordando que en él estaban representadas todas las vocaciones de la Iglesia: sacerdotes, religiosos, laicos, matrimonios, jóvenes y miembros de distintas comunidades.
Para el obispo, el punto de partida es claro: la vida no es fruto del azar. “Cada uno de nosotros es fruto de un designio bueno del Señor, hemos sido pensados con amor y se nos han dado cualidades para algo, para una entrega”. “La misma llamada que hizo Jesús a sus amigos hoy puede volver a escucharse si realmente lo deseamos”, recordó el obispo. “Nuestra vida es vocación”, insistió. “Aquí puede ocurrir un nuevo Pentecostés”.
El sábado, el congreso comenzó con la eucaristía presidida también por Retana, quien recordó en su homilía recordó que la vocación no es simplemente un proyecto personal, sino la respuesta a una llamada que nace en lo más profundo del corazón.
“La vocación comienza cuando el corazón vuelve a Dios”, afirmó, subrayando que esta puede adoptar múltiples formas: matrimonio, sacerdocio, vida consagrada o el compromiso cristiano vivido en el trabajo y en la sociedad. “Nadie sobra en la Iglesia”, aseveró, subrayando que cada vocación es un don. “Cuando alguien no descubre su vocación, toda la Iglesia se hace más pequeña”, apuntó Retana.
La escritora y periodista Ana Iris Simón, que intervino de forma online en la primera ponencia del día, señaló que la vocación “no se reduce a elegir una profesión”. Es descubrir para qué y para quién vive cada persona. En este sentido, explicó que a menudo surge en el punto donde se cruzan tres realidades: “lo que uno ama, aquello que sabe hacer y lo que el mundo necesita”.
Por la tarde tomó la palabra el sacerdote zamorano Tino Pérez, miembro del equipo nacional de Pastoral Vocacional, que lanzó una pregunta directa a los participantes: “¿Cuándo fue la última vez que te dejaste sorprender por tu vocación?”. Y es que, para él, la vocación no es un episodio del pasado, sino una llamada que se renueva cada día. “La vocación no es algo que descubrimos una vez y ya está”, explicó, “sino la forma concreta en que Dios sigue llamándonos hoy”.
Por la mañana se celebraron 18 talleres testimoniales, bajo el título ‘Rostros’, en los que sacerdotes, religiosas, matrimonios, médicos, profesores o comunicadores compartieron cómo viven su vocación en la vida cotidiana. Por la tarde llegaron los talleres formativos, llamados ‘Huellas’, que abordaron la vocación desde perspectivas culturales y espirituales: la Biblia, el cine, la literatura, el arte o la vida cotidiana. La jornada concluyó con el concierto del cantautor Migueli y del grupo Shemá.