La vida, sí, pero no toda. El filme que dirige Óscar Parra de Carrizosa parte de la curación de una mujer terminal en la habitación 412 del hospital madrileño Gregorio Marañón. Está a punto de morir; sin embargo, se salva. Sus familiares saben que ha sido gracias a la intercesión de santa Gemma Galgani (“Dios lo puede todo”, repiten). Los médicos asisten incrédulos y uno de ellos decide investigar quién es esa mujer capaz de obrar el milagro.
Y es a partir de ese momento cuando entra en acción la vida de una joven plena de juventud, de ganas y de alegría, a pesar de su delicada salud (falleció con apenas 25 años un Sábado Santo de 1903), una casi adolescente que decide consagrar su vida a Dios. Se llama Gemma, su madre ha muerto, su hermano preferido también y, al poco tiempo, fallecerá su padre. Sola, víctima de la rapiña de los usureros, decide ingresar en un convento, pero las puertas se le cierran una tras otra. A esa joven, la primera santa del siglo XX, canonizada en 1940 por Pío XII, da vida Laura Lebó.
Estamos en el año 1896, en la ciudad italiana de Lucca, y ambas –santa y actriz– deben andar por la misma edad. Lebó confiesa que la interpretación ha sido “lo más natural. He tratado de meterme en ese sentimiento que ella tenía y transmitir sus vivencias, el dolor que padecía. Es una mujer que lo ha perdido todo y cuya meta es estar con Jesús. No quiere pertenecer a esta tierra. La tranquilidad de saber que será Él quien estará a su lado le da paz y desea morir porque se reunirá con Jesús”. La cámara la recoge en primeros planos y se detiene en sus padecimientos, sus éxtasis frecuentes, en los estigmas, en sus manos que brotan sangre. Para meterse en los zapatos de Gemma, ha leído biografías y consultado sus cartas. Se sabe su vida y, durante el rodaje, pudo comprobar cómo en su pueblo natal es veneración lo que sienten por Gemita.
Ahora ella, porque no la conocía, es una más de la legión de devotos: “De ella he aprendido su forma de ser, esa humildad, bondad y resignación que destila y con la que se mueve en la vida. Y que el sufrimiento nos enseña también a amar. Nos enseña a saber hacer frente a la frustración, algo que hoy está muy presente, pues a la mínima ocasión que tenemos, nos venimos abajo. Me ha enseñado que la vida es aprendizaje y que la cruz es nuestra propia vida. Era una mujer muy pasional, sensible y extremadamente humilde. Si puedo conseguir que alguien se conmueva por su fortaleza ante la adversidad, por su mirada mística, ya me habré dado por satisfecha”, cuenta. Junto a Lebó, figuran actores como Valentín Paredes o Pablo Pinedo en el reparto.